Sábado, 15 de Diciembre de 2018

            

La vida en cien minutos

Imagen ilustrativa | Fuente: PixaBay
Juan Pablo Luque Martín


image_print

Dani debe aprender muchas cosas aún. Le falta tiempo por vivir. No sólo las del cole, que también:  sobre todo, las que ofrece el diario de la vida. Sentados en el sofá, llegó a nuestras manos la foto de los cuatro.

  • ¿Quiénes son, papá? ¿Por qué están tan felices?

Le di la mejor explicación que supe y quise. No está el horno para bollos. La mejor que me dejó mi estado de ánimo, aún convaleciente por la pérdida de un amigo, un buen amigo. Era la fotografía de una habitación de hospital, y un matrimonio con su hijo mayor de apenas dos o tres años de edad en brazos de su padre, mientras la madre sostiene en brazos a un bebé, Eva de nombre, que acaba de nacer.

  • Es la historia de Eva – le dije a Dani.

Una historia en cien minutos. Toda una vida en cien minutos. Un extraordinario proceso de la naturaleza. Un milagro para creer en la vida, en las personas, un milagro para entender que todavía hay quien vive para los demás, un milagro para cuestionar a quienes dicen que los milagros, ni las buenas personas, existen. Bueno, no fue un milagro. Eva vivió, y como dice su padre, en el tiempo que vivió hizo mucho más de lo que cualquiera de nosotros estaremos dispuestos a hacer en nuestra larga vida.

Habrá, por supuesto, quien lo critique. En su derecho está. Incluso habrá quien diga que atenta contra la condición humana.  Para bien o para mal, les guste o no, ha sido la historia de Eva. Un bebé, a quien apenas a las diecinueve semanas de gestación le diagnosticaron un proceso de anencefalia, una enfermedad terminal que le condenaba a formarse desprovista de partes esenciales de su cerebro o del cráneo y cuya afección hace que mueran a las pocas horas de nacer.

  • Y si no pueden curarse, ¿por qué llegan a nacer, papá?

Encontrar razones y argumentos para todo es la tarea más importante del proceso de educar. Nunca es fácil. Más si tus palabras no logran transmitir lo que pretendes, o no poseen el convencimiento suficiente para que Dani asimile mi explicación. Honradamente, no me encontraba preparado para contestarle. ¿Por qué aumentar el sufrimiento? ¿Por qué un Dios que envía mensajes de vida equivocados? ¿Por qué un Dios que retira de la circulación personas que aún necesitamos? ¿Qué hicieron seres indefensos para no permitir que crezcan? Para la pequeña historia de Eva, debiera haber sido igual. La inocencia de quien viene al mundo, el indefenso que claudica antes de nacer… y como resultado de ello, interrumpir el embarazo, detener la gestación antes de tener que sufrir y lamentar la pérdida de un niño…

Pero no ha sido así. Con Eva no lo ha sido. Con Eva renacen motivos para la esperanza, para creer en la vida, en la generosidad de la condición humana, en la entrega a los demás hasta el límite, sin saber a quién, ni cómo, ni cuándo, ni dónde. No habrá nunca respuestas para todo, pero hoy se me antoja  la obra de un Dios que al final da sentido a nuestra existencia; aunque en ocasiones no termine de entenderlo y me rebele.

Los padres de Eva pensaron que cien minutos de existencia bastarían para salvar otros muchos niños que podrían necesitar sus órganos, y decidieron continuar el embarazo. Nacer para morir. Nacer para ser Eva. Vivir para dar vida. Tanto por hacer, tanto por ofrecer, tanto por demostrar en cien minutos… Eva vivió. Hace apenas tres o cuatro días. Saludaron a la pequeña, disfrutaron con ella, la tuvieron entre sus manos… “Ella fue perfecta a su manera”, dijeron sus papás. “Mucho más perfecta que hasta hoy hemos sido nosotros”, dije a Dani.

Dani y yo continuamos observando la foto. Tratamos de descubrir la lección tremenda de vida que nos da Eva y su familia. Estoy seguro que cuando transcurrieron los cien minutos, sintieron el dolor de su pérdida. Pero también, el tremendo orgullo de lo que Eva, en cien minutos, ofrece en nuestras vidas. Gracias, familia. Gracias, Eva. Por tus cien minutos.

 


Comments

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.