Viernes, 20 Julio, 2018

            

La telefonía que nos esquilma

Ramón Ramos


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Me siento un hombre importante desde hace unos días. Se ha dirigido a mí en carta individualizada nada menos que el director general de Gran Público y Empresas de una de las grandes operadoras telefónicas de España. No diré su nombre porque como comprenderán esta es una comunicación privada entre él y yo. Tendría que pedirle autorización y como está muy ocupado. Contra lo que pudiera parecer, no se llama Alí Babá ni del abolengo de su apellido compuesto se deduce que sea uno de aquellos cuarenta amigos y la compañía para la que trabaja es una de esas que no tenemos más remedio que sufrir en España en el campo de la telefonía móvil.

El caso es que este director general de Gran Público, entre el que me incluyen y eso que en la talla de la ‘mili’ di 1,71 que no parece muy grande que digamos, me hace partícipe de la gran alegría que embarga a su empresa: a partir del día 18 de este mes de febrero pasaré a tener 15GB de franquicia de datos “a máxima velocidad”, con lo que podré “disfrutar mucho más de su conectividad”. Y todo esto, porque en esta operadora a la que estoy abonado trabajan -dice el director general de Gran Público y, por tanto, seguro que es verdad- para ofrecerme un mejor servicio “lo que nos exige estar , adaptándonos a los cambios tecnológicos y a la evolución del mercado”.

Como comprenderán, la misiva me ha conmovido, sobre todo al llegar al tercer párrafo, en el que, llevados de ese desvelo inversor de mejora que tiene la compañía, pasan a esquilmarme cinco euros de más cada mes. Y, claro, no he podido negarme: ¿qué son cinco euros comparados con esa preocupación que ha demostrado este director general de Gran Público al hacerme partícipe de los esfuerzos de la empresa? Es más, llamé inmediatamente para agradecerle de viva voz este detalle, pero no pude hablar con él. No porque estuviera ocupado -recuerden que es director de Gran Público- pero me salió una voz monocorde: si tal pulse uno, si tal pulse dos, si quiere agradecer al director de Gran Público marque tres… Y cuando fui a marcarlo la pantalla se había oscurecido y no di con la tecla. Ya se lo diré en nuestro próximo contacto.

De todas formas, no habría podido atenderme: a la hora en que yo llamé toda la operadora estaba muy ocupada porque una gran masa de público, del grande y del chico, se había concentrado espontáneamente ante la sede, precisamente en demanda de esos servicios que ellos, tan preocupados por los clientes, se han apresurado a atender. Concentraciones similares se producían a la misma hora en la sede de las otras dos operadoras demandando idéntica prestación, mientras las redes sociales estallaban: “Queremos 15GB de franquicia de datos /// a máxima velocidad, /// con la que podremos disfrutar /// mucho más de su conectividad”. La misma consigna que se coreaba en toda España, un clamor desde el Cabo de Gata al de Finisterre… Y como no son de piedra, han atendido solícitos a nuestras demandas.

Porque eso es lo curioso: que todas han actuado al unísono. Como el año pasado y como el otro y como el próximo. En España existe una Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, pero ante estos fenómenos paranormales no se siente impelida a actuar contra lo que a todas luces es una acción concertada. Y, en todos los casos, dibuja palmariamente un mercado cautivo en el que ninguna compañía gestiona la competitividad en el sentido de presentar mejor oferta que la de sus competidoras. Por poner un ejemplo a propósito de este aumento de tarifa simultáneo a ninguna se le ocurre lo contrario, es decir congelar o bajar tarifa y atraer así a los damnificados e indignados por este atraco unilateral.

Cinco euros por barba al mes. Multipliquen por los millones de abonados que tendrán estas tres operadoras y verán qué negocio tan redondo se puede conseguir en un segundo. De los tiempos de establecimiento de llamada, que en España se cobran pero no en ningún otro país de Europa, de eso no hablan. De las llamadas que te aparecen directamente como ‘perdidas’ para que tengas que llamar y así incrementan el negocio -un fenómeno paranormal que solo ocurre si no tienes tarifa plana-, de eso tampoco hablan.

Antes de la implantación de la telefonía móvil, Telefónica, que entonces operaba en régimen de monopolio, inventó unas centralitas que vendían humo y aún hoy funcionan. Llamabas y te salía una voz: “En este momento no podemos atenderle, manténgase a la espera…” Y pasaban los segundos, los minutos y solo atendía la voz enlatada y monocorde, pero -eso sí- el contador iba pasando… y cobrando. Otro día introdujeron en todos los teléfonos fijos un contestador automático del que la mayoría de los titulares desconocían su existencia. Hasta entonces si alguien llamaba y no había nadie en casa la llamada se perdía y si, en otros casos, la línea estaba ocupada saltaba un pitidito que informaba: comunicando. Otra llamada perdida y a intentarlo después. Con el invento -maligno para el usuario, benigno para las cuentas de la compañía- no se perdía ni una llamada: todas pagan. Salía la voz de la señorita, por cierto a un ritmo de voz que antes de invitarte a grabar tu mensaje al oír la señal, ya habías pagado cinco duros. Muchos ni se enteraron de que tenían acoplado un contestador automático y, así, muchos mensajes, muchísimos, aún reposan en el engranaje de aquellos aparatos porque nunca llegaron a su auricular oído y esperan la mano de nieve que sepa arrancarlos… Estaban tan ocupados ideando cómo sacarnos más dinero que no tuvieron tiempo para aclarar adónde iba la demasía de las monedas que se depositaban en las cabinas y cuyo precio de llamada siempre era inferior al dinero introducido.

Ahora las operadoras son más sutiles. Tuve un contrato con una de las ‘hermanas’ operadoras. Me pasé a otra y aquella anterior estuvo cobrándome seis euros al mes más de un año. Cuando me di cuenta y avisé al banco para que no volviesen a abonar el recibo me sometieron a un ‘bulling’ telefónico a todas las horas del día en el que me anunciaban el apocalipsis. Aquello duró tres meses y creo que les gané por aburrimiento. Pero aquellos tres meses para mí quedan. En este episodio de ahora, en la atenta misiva individualizada que me ha dirigido el director de Gran Público me informan que puedo solicitar más detalles en las tiendas de la compañía. Como si no supiera que como aparezca por allí no solo no me van a devolver los cinco euros, sino que es posible que salga pagando más. Y en cuanto a mi derecho -del que también me informan- a resolver el contrato, a darme de baja, cada vez que oigo esto me viene a la mente la época soviética y aquel Muro que construyeron en Berlín para evitar la fuga masiva a Occidente. Pienso que en esta época la Alemania Oriental no hubiera necesitado construir el Muro: apuntan a todos sus habitantes a una de estas operadoras… ¡y a ver quién se escapa!

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