Viernes, 28 Julio, 2017

            

La tasa turística por pernoctar en Granada

Foto: Archivo GD
Domingo Funes Arjona


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El pobre Curro Ledesma no para de taponar boquetes por donde se le va el presupuesto una y otra vez. Él no es directamente responsable de la deuda cercana a los 300 millones que tiene el Ayuntamiento, pero sí de gestionar un presupuesto que año si , año no,  se le queda corto. Trata de vendernos que ha alcanzado el equilibrio presupuestario porque no le queda otra, pero todos sabemos, y él más que nadie, que lo más equilibrado que hay en la casa consistorial es el caballo tan hermoso de Guillermo Pérez Villalta que galopa por su cornisa y por el que se armó un belén en Granada semejante al que se montó con el aguador de La Romanilla, dos fundamentales asuntos a los que Granada dedicó el tiempo que por su importancia merecían. Luego la culpa es de Sevilla.

Sigo con Ledesma. Decía que él mejor que nadie sabe como están las cuentas y qué cosas sobran en un Ayuntamiento absolutamente sobredimensionado y dónde el gasto en lo superfluo impide hacer lo necesario. Él mejor que nadie sabe que en el Ayuntamiento, como por aluvión, entraron en aquellos años de vino y rosas enchufados a mansalva y hay servicios que sinceramente no superan el más elemental examen de racionalidad, como TG7, que quizás tendría una oportunidad como televisión metropolitana sufragada por todos los municipios de la comarca de la vega. Con idéntica precisión sabe que sobran dos tercios de los asesores del Ayuntamiento, ¡que parece el ala oeste de la Casa Blanca! En definitiva, Curro Ledesma sabe que hay cosas que sobran y que mientras no adelgace el Ayuntamiento la situación no va a mejorar, pero eso excede sus competencias… Por eso ahora, se saca de la chistera una tasa turística con la que pretende animar el cotarro a sabiendas de que no va a prosperar, y menos en este escenario político.

Una tasa turística por pernoctaciones para la que no tiene competencias y que si bien podría tener sentido en un sistema impositivo coherente y serio, no puede ser tomada en consideración en una ciudad con una presión fiscal muy elevada -la segunda de Andalucía, si mal no recuerdo- y que lo que busca con la misma no es ese sistema fiscal equilibrado, serio, ordenado y justo, sino taponar otro boquete por donde el barco municipal se puede ir a pique. Naturalmente no lo considero culpable del desbarajuste económico del Ayuntamiento y me atrevería a decir que si no fuera por él la cosa estaría aún peor, pero la propuesta de tasa turística que ha hecho no hay por donde cogerla. A las dudas legales que presenta su posible puesta en marcha, hay que hacer un análisis serio sobre los efectos en Granada como destino turístico, no sea que por incrementar el precio de nuestra planta hotelera (no nos engañemos, eso es en última instancia lo que pasaría) vayamos a beneficiar a los arrendamientos privados de alquileres turísticos, al intercambio de pisos estudiantiles en periodos turísticos y a fomentar, en definitiva, un turismo low cost que no ayuda a la viabilidad de nuestras empresas ni a la estabilidad del empleo que proporciona nuestra primera industria. No, una tasa turística no es una ocurrencia, es algo serio que precisa una análisis igualmente serio.

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