Viernes, 28 Julio, 2017

            

La satisfacción moderada de Alcaraz

El entrenador se mantuvo fiel a su estilo comedido tras la goleada de su equipo ante el Valladolid

Manuel Herrera @manuelherrerapr


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Hace más de cinco años, en la sala de prensa del estadio de Riazor, en A Coruña, Manolo Preciado hizo una de sus declaraciones más llamativas y recordadas, tras el triunfo de su Sporting ante el Deportivo: “¿Euforia?, ¿qué euforia? Estamos como para euforias, si estamos a un partido del descenso. Ni antes, cuando perdimos 6-1 y 7-1 con Barça y Madrid éramos la última mierda que cagó Pilatos, ni ahora somos el Bayer Leverkusen. No. Somos el Sporting. Pero nos viene muy bien ganar partidos”.

Más allá del chascarrillo y de la brusquedad a la hora de expresarlo, la frase resume el pensamiento de muchos entrenadores, que lejos de las euforias tras los triunfos y de los dramatismos después de las derrotas, buscan la serenidad en el entorno bajo cualquier circunstancia. Lucas Alcaraz es uno de esos técnicos que aboga por el comedimiento y que, de no ser porque se aleja bastante de ser una persona histriónica, podría haber soltado una perla similar a la de Preciado tras el triunfo de su equipo ante el Valladolid.

En el fondo, el mensaje fue el mismo: La Liga es muy larga y hay partidos y partidos; unos se ganan y otros se pierden; en unos, el equipo entra con más intensidad y en otros es incapaz de alcanzar el ritmo, pero los altibajos no responden a crisis excesivamente pronunciadas ni a momentos de inspiración brillantes. “Hay partidos que se te dan y partidos que no se te dan”. Eso piensa o, al menos, eso dice Alcaraz.

El caso es que, en el duelo ante el Real Valladolid, parecía necesario que ‘se diera’. Primero, porque la diferencia entre ganar y perder suponía irse a siete puntos del descenso al final de la primera vuelta o tener la posibilidad de quedarse a uno. Segundo, porque la afición estaba de uñas y necesitaba una noche así para recuperar la comunión con el equipo. Y tercero para que los propios jugadores recuperaran la confianza perdida después de una racha de malos partidos.

Por suerte para los intereses granadinistas, el guion del partido fue escrito por alguien con el corazón rojiblanco horizontal: El equipo jugó un muy buen partido de fútbol; hizo un esfuerzo enorme en la presión, ahogó al Valladolid, estuvo acertado en el remate, no dio opciones en defensa y, además, se pudo aprovechar de las facilidades que le dio el rival: muy pobre en su propuesta y desafortunado en las acciones decisivas.

El duelo fue una copia del Almería – Granada del sábado anterior, pero con el relevante matiz de que, en esta ocasión, eran los rojiblancos quienes avasallaban al rival, quienes lograban que su público hiciera la ola, quienes levantaban el puño con rabia después de cada gol. En esta ocasión, fue el Valladolid quien se marchó del estadio entre cuchicheos acerca de que se trataba del peor equipo que había visitado el lugar. Será que, como dice Alcaraz, hay días para todo.

Por ello, ya con el Osasuna en lontananza, el entrenador del Granada lanzó un aviso a navegantes: “No cabe mirar más allá de que se ha sacado un buen resultado. El sábado va a ser otra final y otro partido muy muy difícil”. Con ello terminó su comparecencia, no sin antes retractarse de haber utilizado el término final. Eso sí, entre risas, con la satisfacción reflejada en el rostro y con la moderación implícita en sus palabras.

 

 

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