Viernes, 20 Octubre, 2017

            

La respuesta a la ansiedad, vinculada también a áreas cerebrales de control del movimiento

Los expertos evaluaron a 150 niños en las edades de 8/9 años para detectar signos de inhibición social, con algunos de ellos demostrando tener los primeros signos de ansiedad social

Imagen ilustrativa | PIXABAY
E.P.


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Investigadores han descubierto que la respuesta a la ansiedad en los adolescentes puede incluir no sólo las partes del cerebro que se ocupan de las emociones (el sistema límbico), como se ha creído desde hace tiempo, sino también centros de control de movimiento en el cerebro, que pueden estar asociados con la inhibición del movimiento cuando se está estresado ( “congelación”).

Se trata de una de las principales conclusiones de un pequeño estudio longitudinal, presentado en la Conferencia del colegio Europeo de Neuropsicofarmacología (ECNP, por sus siglas en inglés), que se celebra en Viena, Austria.

Un grupo de investigadores italianos y canadienses han seguido a un grupo de niños con ansiedad social y un grupo de control desde la niñez a la adolescencia. Los expertos evaluaron a 150 niños en las edades de 8/9 años para detectar signos de inhibición social, con algunos de ellos demostrando tener los primeros signos de ansiedad social y una mayor tendencia a apartarse de situaciones sociales. También tenían más dificultad para reconocer las emociones y, en particular, las caras enojadas.

Se siguió a los niños con ansiedad, además de los controles, hasta la adolescencia. En las edades de 14-15 años, se les evaluó de nuevo para ver si habían desarrollado síntomas de ansiedad social. Los investigadores también emplearon escáneres cerebrales de resonancia magnética funcional para probar cómo los cerebros adolescentes respondieron a las expresiones faciales de ira.

MAYOR ACTIVIDAD EN LA AMÍGDALA CEREBRAL

La investigadora principal, Laura Muzzareli, de la Università Vita-Salute San Raffaele, en Milán, Italia, explica: “Hemos encontrado que cuando se presenta una cara enojada, el cerebro de los adolescentes con ansiedad social mostró una mayor actividad en la amígdala, que es el área del cerebro que se encarga de las emociones, la memoria y la forma de responder a las amenazas”.

“Sorprendentemente, también vimos que esto produjo la inhibición de algunas áreas motoras del cerebro, la corteza premotora. Esta es un área que ‘prepara el cuerpo para la acción’ y para los movimientos específicos. Ésta es la primera prueba sólida de que las emociones fuertes producen una respuesta en áreas del cerebro relacionadas con el movimiento”, subraya.

“Los adolescentes que no muestran ansiedad social tienden a no experimentar la inhibición de los centros de movimiento. Todavía no se sabe cómo esta inhibición afecta al movimiento; puede ser que tenga algo que ver con la razón por la que a veces nos quedamos ‘congelados’ cuando estamos asustados o bajo una fuerte tensión emocional. Esto todavía tiene que probarse. Lo que sí obtenemos es una posible explicación para alguna inhibición motora asociada con el estrés emocional”, agrega.

Los autores reconocen algunas limitaciones en este trabajo, como que empezaron el estudio con 150 niños de 6 años pero que la cifra se redujo al llegar a la adolescencia a sólo 5 niños con ansiedad social y 5 con ansiedad social menos grave (por debajo del umbral), por lo que se trata de una muestra pequeña.

La ansiedad social es un trastorno de salud mental que se caracteriza por el miedo excesivo y la evitación del juicio de los demás. Es el trastorno de ansiedad más común, afectando a alrededor de entre el 6 y el 8 por ciento de las personas durante su vida, es decir, unos 50 millones de europeos están afectados por la enfermedad. Puede ocurrir a cualquier edad, pero más comúnmente aparece en la adolescencia, con los primeros signos visibles ya durante la infancia. En las primeras etapas, la ansiedad social puede confundirse con la timidez.

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