Lunes, 23 Octubre, 2017

            

La miopía, el ojo vago o la hipermetropía en niños son problemas visuales que afectan al rendimiento escolar

El fracaso escolar es el resultado de la incapacidad de los niños de conseguir un rendimiento escolar establecido por los centros educacionales autorizados

Imagen ilustrativa | Pixabay
E.P.


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Uno de cada cuatro niños con edad escolar padece defectos visuales como miopía, ojo vago o hipermetropía, que pueden afectar a su rendimiento académico si no se detectan a tiempo. Por tanto, la visión resulta clave para el aprendizaje, la actividad física y las relaciones sociales, según datos del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO).

“Cuando un defecto visual no se detecta ni se trata a tiempo, el cerebro de los más pequeños se va adaptando a esa deficiencia, lo que contribuye a que pase desapercibida. Por ello, un control periódico de su visión resulta fundamental”, ha señalado el presidente del CGCOO, Juan Carlos Martínez Moral.

EXÁMENES OCULARES

El fracaso escolar es el resultado de la incapacidad de los niños de conseguir un rendimiento escolar establecido por los centros educacionales autorizados. Cerca del 30 por ciento del fracaso no está relacionado con la inteligencia de los alumnos, sino con defectos visuales.

Por eso, “en estas fechas en las que los estudiantes regresan a las aulas después de las vacaciones, resulta esencial que su visión sea perfecta, para lo cual es imprescindible que a todos los niños se les realice un examen visual completo por parte de profesionales ópticos-optometristas, especialistas sanitarios de atención primaria”, ha destacado.

Uno de los problemas más comunes, que afecta sobre todo a niños menores de siete años, es el ojo vago o ambliope. Los niños con esta patología presentan una agudeza visual menor a la normal, incluso a través de gafas, y necesitan de un tratamiento específico.

Estos tratamientos resultan más eficaces cuanto más joven es la persona, pero tienen una fase crítica tras la cual la recuperación es menos probable y en cualquier caso más lenta, de ahí la importancia de su detección a tiempo.

DETECCIÓN TEMPRANA

Tanto los familiares como los profesores tienen un rol fundamental para detectar problemas visuales en los niños. En primer lugar, es esencial prestar atención a si el menor se acerca mucho a los libros o a la televisión.

Si presenta distracción continuada y baja comprensión, o se fatiga ante los estímulos visuales, también se trata de un defecto visual. La mala escritura, la visión borrosa o la tortículis al leer o hacer los deberes, también son indicadores de estos trastornos.

Además de los descritos anteriormente, la astenopía, hiperactividad durante la clase o el bajo rendimiento escolar son factores claves para detectar un defecto visual. En definitiva, muchos de los síntomas de deficiencias visuales pueden confundirse con síntomas que también aparecen en algunos trastornos del aprendizaje.

“Algunos trastornos del aprendizaje llevan asociados problemas de visión, por lo que siempre que un niño tenga dificultades con sus tareas escolares la primera estrategia es buscar las causas que las producen a través de la participación de maestros, psicólogos y ópticos-optometristas”, ha concluido.

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