Lunes, 23 enero, 2017

La medicina biorreguladora permite activar las defensas contra los resfriados

Advierten sobre el uso indebido de antibióticos, que sólo sirven para tratar una mínima parte de los catarros, ya que actúan contra las infecciones causadas por bacterias

Gabinete


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La Asociación para el Estudio de la Medicina Biorreguladora (Asembior), con motivo del Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos, recuerda que los medicamentos de acción biorreguladora suponen una opción terapéutica natural para activar las defensas y prevenir procesos catarrales o gripales. Además, advierte sobre el uso indebido de antibióticos para tratar los catarros comunes, ya que éstos son causados por virus y no por bacterias.

Los medicamentos de acción biorreguladora incluyen diferentes principios activos de origen vegetal y mineral que producen modificaciones en los mediadores implicados en la respuesta inmune de una forma autorregulada y no inhibitoria, “de ahí su eficacia y seguridad para potenciar las defensas”, explica el doctor Francisco Javier Hernández Calvín, Jefe asociado del Servicio de ORL del Hospital Quirón de Madrid y vocal de Asembior. Pueden encontrarse en la farmacia en forma de comprimidos, pomadas y gotas y “su principal ventaja es que no han presentado, tras años de uso en miles de pacientes, efectos secundarios”, añade. Además, “al actuar tanto de manera directa sobre el origen de la infección, así como de manera indirecta mediante la activación de las defensas propias del organismo pueden utilizarse incluso para prevenir”, indica este especialista.

La demanda de opciones eficaces y seguras para prevenir la aparición de los catarros o gripes, frecuentes en esta época, ha provocado un aumento del uso de la medicina biorreguladora, incluso en las consultas de pediatría, según comenta el doctor Pedro Vasallo, pediatra del Centro de Salud Foilletes en Benidorm. “Cada vez más padres nos piden tratamientos más seguros que no tengan efectos secundarios y los pediatras hemos comprobado los beneficios que aporta esta opción terapéutica, sobre todo en aquellos niños que no responden a los tratamientos estándar como los antibióticos”, asegura.

NOVIEMBRE, ÉPOCA DE CATARROS

La época de mayor uso de antibióticos es entre noviembre y febrero, coincidiendo con el período de mayor prevalencia de los resfriados, de hecho, el 85% de su consumo se destina a tratar las infecciones respiratorias, según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. El Ministerio también advierte de que España, junto con otros países del Sur de Europa, es uno de los países europeos con mayor consumo de antibióticos por habitante, y además se encuentra entre aquellos con mayor automedicación de este tipo. “El uso de antibióticos para tratar una infección vírica respiratoria puede ser contraproducente para la salud del paciente, ya que puede causar complicaciones no derivadas de su problemática inicial tales como la alteración de la flora saprófita intestinal fundamentalmente en la edad pediátrica. Por otro lado, el consumo indiscriminado de antibióticos dentro de una población va a conducir irremediablemente a la aparición de un incremento alarmante de las resistencias en determinados nichos bacterianos con consecuencias todavía no del todo conocidas. Así, cuando se quiera tratar una infección bacteriana, surgirán problemas para abordarlas con estos medicamentos”, advierte el doctor Hernández Calvín. Los antibióticos sirven para tratar infecciones causadas por bacterias, siempre con preinscripción de un médico, añade.

Una de las patologías respiratorias más frecuentes es la rinosinusitis aguda vírica, que afecta a los adultos entre 2 y 5 veces al año y a los niños entre 7 y 10 veces, y para la que es común “el empleo de antibióticos, corticoides y vasoconstrictores en muchas consultas, a pesar de los efectos secundarios derivados de su uso”, expone el doctor Hernández Calvín. Algunos estudios han puesto de manifiesto cómo “la utilización de antibióticos en el tratamiento de la rinosinusitis aguda no vírica o bacteriana no aporta ningún beneficio frente a placebo como demuestran varias revisiones efectuadas por entidades tan prestigiosas como la Cochrane Board, por tanto no se recomienda su uso, salvo en casos especiales de mayor gravedad, ante la presencia de enfermedades concomitantes (inmunodeficiencias) o bien tras empeoramiento después de 5-7 días de observación”, señala.

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