Jueves, 27 Julio, 2017

            

La inexplicable cobardía de José González

Rubén Cañizares


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Fútbol y cobardía son como agua y aceite. No casan. No mezclan. No combinan. La centenaria historia del deporte rey ha demostrado en muchísimas ocasiones que la valentía tiene bastantes más probabilidades de sacar algo positivo que el miedo. Y el domingo, en el Betis-Granada jugado en el Villamarín, no iba a ser una excepción. ¿Qué pretendía José González sacando a Peñaranda del campo con un jugador más? ¿Evitar la segunda amarilla de un delantero para mantener la ventaja numérica? No me digan que es ridículo.

El Granada perdió este fin de semana una ocasión de oro para alejarse de la permanencia y dar un golpe de autoridad. Frente a un rival directo que jugaba con diez durante casi toda la segunda mitad, prefirió mantener el empate a cero en lugar de buscar el gol y, en el fútbol, cuando pecas de rácano y temeroso, lo acabas pagando, aunque el técnico nazarí se justificara con un argumento ridículo de su nefasta lectura del partido: “Hoy ha jugado y ganado la presión del público”.

José González tiene por delante diez partidos para lograr, al menos, 12 puntos. Todo indica que este año la salvación estará en los 38, como mínimo, y para llegar a esa puntuación, o se enfunda el traje de valiente o ya sabe dónde mandará al Granada la próxima temporada. Ahora le toca Espanyol y Rayo antes del parón, ambos partidos en casa y ambos jugándose las habichuelas, como los rojiblancos. El seis de seis sería un golpe en la mesa y el mejor modo de hacer olvidar su inexplicable cobardía del Villamarín que tan duro e innecesario castigo le ha supuesto al Granada. Esperemos que sea así.

 

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