Martes, 11 de Diciembre de 2018

            

La decadencia de la ilusión: puedo olvidar lo que me hiciste, no lo que me hiciste sentir

Imagen ilustrativa
Joan Carles March @joancmarch


image_print

Aunque durante toda la vida nos enseñaron lo contrario, las grandes decisiones en la organización (o en la vida) es importante no tomarlas con la cabeza, sino sentirlas con el corazón… En estas decisiones la emoción, la intuición, gana a la razón.

Porque si decidimos bajo lo racional, nos puede llevar al mundo de la decadencia. Decadencia es ir a menos. Decadencia en la vida y en las organizaciones. Porque decadencia es gestionar el ayer. Y si vemos lo que pasa en nuestro entorno, a veces vemos que, en realidad, vamos a menos. Hay demasiada gente pensando en el ayer y no en el hoy y el mañana.

Y uno a veces se pregunta, tal como se preguntaba Iñaki Gabilondo, ¿cuándo perdimos la confianza en nuestra capacidad de emprender grandes transformaciones en la vida y en las organizaciones? (Por ejemplo en Salud en Andalucía, hace más de una década que los grandes cambios han desaparecido)

La DECADENCIA de la ilusión en el éxito, en generar nuevos proyectos, en transformar un equipo, en liderar organizaciones, es como un perfume que poco a poco pierde su fragancia. No sabemos por qué, pero cada día en la vida y en el trabajo “las risas producen menos cosquillas” y “las miradas dejan de buscarse con anhelo”. Saber cuándo es hora de que algo termine no siempre es fácil, pero hacerlo a tiempo y de manera adecuada, evita costes emocionales tan innecesarios como dolorosos.

Nos da miedo quedarnos sin algo o sin alguien. Tenemos MIEDO a ser sinceros. El desengaño, el desencanto, descubrir algo o alguien ya sin la venda que llevábamos en los ojos nos acerca a la decepción…

Podríamos dar mil razones y formular mil teorías más del por qué surge ese vacío inesperado. Sin embargo, en gran parte de los casos esa DECADENCIA DE LA ILUSIÓN no deriva por lo que los demás hagan o dejan de hacer. A menudo, somos nosotros los que hemos cambiado, nosotros los que ya no vibramos en esa frecuencia, nosotros los que ya no hallamos motivantes en los motivos. Ahora bien, si esa decadencia de la ilusión es ya un ocaso lo mejor es actuar en consecuencia. Alargar lo inevitable genera sufrimiento. Vivir de falsas ilusiones es alimentarnos de un sucedáneo que causa indigestión, que sienta mal, y que como un virus contagioso llega al otro para enfermarlo también.

La ILUSIÓN a veces tiene la extraña propiedad de ir transformándose con el tiempo. No siempre podemos dominarla, lo sabemos, no siempre la podemos retener para siempre. Que se apague a veces es ley de vida. Sin embargo, lo importante es que esta siga apareciendo siempre en nuestros caminos, al lado de alguien o en soledad, pero siempre ahí, presente, constante, vivificante.

SENTIRSE ESTANCADO es una sensación muy desagradable. Imaginemos que nos encontramos en una encrucijada y que tenemos tres caminos delante de nosotros. A pesar de contar con más de una opción y de saber, más o menos, cuál es nuestra favorita, nos quedamos quietos. Así pasan días, semanas, meses e, incluso, años. Por algún motivo que desconocemos, no logramos combatir el estancamiento que tanto nos está limitando. Y entonces, la DECADENCIA se instala.

Es la SENSACIÓN de ESTAR NADANDO EN EL LODO. Antes teníamos certezas, hoy solo movemos el cuerpo en forma mecánica, porque el mundo se volvió del tamaño de nuestro alrededor. Así, podemos considerarlas como un proceso de homeostasis natural ente la persona y el medio ambiente. El equilibrio se consigue cambiando los pesos de nuestra balanza o reacoplando las estructuras. Por tanto, ofrece la posibilidad de producir cambios que ofrecen nuevas formas de adaptación.

Cuando el trabajo no nos llena o no hacemos lo que queremos en nuestro trabajo, son nuestros miedos e inseguridades los que nos pueden llevar a asumir que “ESTO ES LO QUE HAY”. Sin embargo, el tedio y el hastío de los días que pasan sin que los disfrutemos tal y como nos gustaría puede hacer que paguemos un alto peaje

Algunas formas de hacerle frente si este aparece en momento puntuales.

Tomarnos un respiro: puede que no nos hayamos detenido ni dado la licencia de reservar un tiempo para nosotros mismos y pensar, realmente, qué es lo que queremos. Si no hacemos esto, será muy difícil tomar una decisión, permaneciendo siempre en la duda mientras tenemos la sensación de que nos consumimos.

Recordar el empuje: hubo una razón para que hubiésemos tomado determinadas decisiones. Pero, la rutina, la falta de motivación y muchos de los hábitos que adquirimos nos hicieron olvidarnos de ello. Recordemos el porqué de nuestra elección. Si ya no nos llena lo que hacemos, si hemos cambiado, quizás sea el momento de escoger otro camino.

Buscar inspiración: podemos contactar con personas que nos inspiren, leer libros, ver documentales o implicarnos en actividades nuevas. La inspiración hay que salir a buscarla: es una de las claves para combatir el estancamiento.

“Cuando la inspiración no me encuentra, hago medio camino para encontrarla”. Sigmund Freud

Y ante ello:

1. Ver el mundo con objetividad y no dejarse hundir por las dificultades.
En la crisis falta objetividad en las posibilidades y un optimismo ilusorio. Ahora se trata de no quedarse con ver el vaso medio vacío, ni tampoco medio lleno, aunque esto último es preferible. Más bien ver lo que hay dentro del vaso y tomar conciencia de su valor. Valorar lo que se tiene es capital.

2. Aprender a vivir con austeridad y laboriosidad.
Se ha fomentado poco una cultura del esfuerzo y del trabajo o se ha visto únicamente como un medio para el consumo y no en su valor personal y social.

3. Compartir deberes y reivindicar derechos.
Muchos tiene plena conciencia de sus derechos subjetivos y quizá no tanto de sus deberes. El estado del bienestar, junto a grandes logros, puede haber contribuido a crearla. Derecho a recibir, sí, pero también deber de contribuir y controlar.

4. Actuar con magnanimidad y espíritu emprendedor.
Lo contrario a esperar pasivamente o resignarse a situaciones insostenibles es tener “grandeza de ánimo”, proporcionado por la virtud de la magnanimidad, y espíritu emprendedor. La magnanimidad no es soñadora sino realista, pero con sentido positivo, altura de miras y creatividad. No se queda en la queja sino que mira cómo afrontar la situación y, si puede, mejorar su entorno y el de otros.

5. Ser solidarios con los más necesitados.
Solidaridad con las personas pobres en afecto, en bienes culturales, en esperanza, en confianza y otros valores espirituales que llenen sus vidas.

6. Fomentar una cultura de cooperación.
Se trata de superar la visión del individualismo fomentando una cultura de cooperación, generadora de capital social. Estamos en el mismo barco y las acciones de uno repercuten en otros. Nadie es independiente de los demás; de algún modo, todos somos interdependientes. La voluntad de cooperación ha de ser también contagiosa; y todo es empezar.

7. Gobernar con sabiduría y coraje y contribuir a conseguirlo.
Se requiere sabiduría práctica para acertar en las medidas oportunas y coraje para aplicarlas. Y la ciudadanía debe participar y contribuir al buen gobierno. Con su voz, su voto y otras acciones pueden influir en gran manera sobre los que están al frente de las instituciones.

Ideas para no olvidar:

El entusiasmo y la pasión nos dan alas.

La humildad y el rigor nos conectan a la tierra, a lo humano.

La empatía y la buena comunicación nos vinculan a los demás.

Los anhelos, la vocación y la ambición nos hacen pensar en grande y mirar lejos.

Contagiemos valores que crean valor

 

Decadencia
Enrique Morente

To el mundo me da de lao
Porque me ve en decadencia.
Pero yo me he echao la cuenta
Que el mundo no se acaba hoy
Puede dar otra vuelta.

A una mujer con delirio yo quería
Cuando yo era casi un niño
Y como yo no me atrevía
No le declare el cariño
Que por ella yo sentía.

Ayer oí hablar de la decadencia.


Comments

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.