Domingo, 23 Julio, 2017

            

La Camorra napolitana en España trata de infiltrarse en la política municipal

España es el único país del mundo con presencia de las cuatro familias mafiosas: Cosa Nostra, Camorra, Ndrangheta y Sacra Corona Unita



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Clanes de la camorra napolitana establecidos en España tratan de adentrarse en la política municipal para potenciar sus ramificaciones e impulsar sus actividades ilícitas, según sospechan los expertos de la Guardia Civil dedicados a la lucha contra este tipo de delincuencia consultados por Europa Press. Además, han detectado que miembros de estos grupos ya han comenzado a controlar personalmente puntos de venta de droga.

La primera alerta de infiltración en la política se encendió en el año 2011, en el marco de la ‘Operación Pozzaro’ desplegada en Canarias. Se saldó con catorce detenidos del clan Nuvoletta. Entre ellos se encontraba Domenico Di Giorgo un ciudadano italiano, abogado de profesión, que llevaba años viviendo en el municipio tinerfeño de Adeje y llegó a figurar en la lista del PP para las elecciones, pero se retiró de la carrera electoral antes de ser detenido.

mafia2Las fuentes consultadas creen que este podría no ser un hecho aislado. Sospechan que los distintos grupos dedicados al crimen organizado de origen italiano que se han establecido en España mantendrían su intención de hacerse con puestos claves en ayuntamientos para influir en decisiones que beneficien a sus negocios.

El Instituto Armado ha aumentado en los últimos años su colaboración con las autoridades de Italia en la persecución de estas organizaciones llegando a detener a casi un centenar de individuos desde 2007. Muchos de ellos son en el marco de operaciones conjuntas con Carabinieri, haciéndose detenciones a la misma hora en los dos países, siendo detenidos en Italia un total de 189 camorristas.

LAS SEGUNDAS GENERACIONES

Esta cooperación no ha hecho que se reduzca la presencia de estos delincuentes en España, “pero sí que actúen con mucha más cautela”. Pese a ello, la Guardia Civil ha detectado una novedad en sus actividades: recientemente son los propios italianos los que se hacen cargo de lo que se denomina “el control de plazas”, es decir, vigilar personalmente sus puntos de venta de droga, una tarea que hasta ahora recaía sobre otras personas a sueldo de estas organizaciones, generalmente marroquíes. La irrupción de las segundas generaciones de camorristas italianos en España habría contribuido a este fenómeno. Significa un paso más en su implantación en territorio español, especialmente en Canarias y Baleares.

Un total de 93 mafiosos detenidos desde 2007, numerosas operaciones como la ‘Laurel’, la ‘Calzone’, la ‘Paganini’… decenas de viviendas, coches de lujo, grandes cantidades de dinero incautadas… estos son los resultados del Grupo de Huidos de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. La placa del Instituto Armado se aprecia en una de las paredes de la sede del Comando Provincial de Carabinieri de Nápoles como señal de reconocimiento. No fue fácil llegar a ganarse ese respeto: “nadie en Italia compartía información, no se fiaban, saben que la mafia es absolutamente permeable al entorno social, político y policial”.

La Guardia Civil empezó a ganarse esa confianza con la primera detención. Fue en Toledo, Marco Assegnati. “Yo mando más que tu”, le dijo al guardia civil que le arrestó. Eso fue antes de recomendarle al agente que leyese el libro ‘Gomorra’, del italiano Roberto Saviano por las que el escritor lleva años viviendo con protección por las amenazas de muerte.

UN CLAN POR CADA BARRIO

Assegnati era el jefe del clan Nino, una de las decenas de familias que asolan la región napolitana de la Campania y cuyos nombres se han tenido que aprender a la fuerza los investigadores españoles: Di Lauro, Mazzarella, Guiliano, Malardo, Contini… “hay uno por cada barrio, hasta uno que les llaman los Españolistas porque tras una guerra interna se separaron de su matriz y vinieron a España”.

Seguramente la detención más relevante fue la de Giuseppe Polverino en 2012. Capo máximo del clan con su mismo nombre y originario de la región napolitana de Marano, donde “todo es suyo”. Le estuvieron buscando durante tres años, le siguieron los pasos primero en Tarragona. Allí se estaba levantando un chalet para vivir con su amante brasileña y había mandado construir un zulo entre la primera y la segunda planta.

Tras el arresto de uno de sus lugartenientes huyó a Alicante, donde la mala suerte le alertó de que le estaban pisando los talones. “Fuimos a tomar café con dos carabinieri al mismo café donde estaban dos de sus hombres. Ellos escucharon hablar italiano y se alertaron, llamaron a sus contactos en las fuerzas de seguridad italianas y les chivaron que les estaban buscando en España”. Su siguiente destino fue Málaga y finalmente este escurridizo capo cayó en Jerez de la Frontera.

200.000 EUROS EN EL AIRE ACONDICIONADO

Cuando fue detenido tenía 200.000 euros en metálico en el aparato del aire acondicionado. Ofreció un millón de euros a los agentes que le detuvieron para que le dejasen ir (Italia cifraba su fortuna en mil millones de euros), pero su oferta no fue aceptada. Contaba con 30 teléfonos móviles con un nombre escrito en cada uno de ellos. Eran los nombres de su gente y usaba un terminal para cada uno.

Tras enemistarse con uno de sus hombres de confianza, Fabio Allegro, Polverino le invitó a una reunión en Nápoles. “Pero Allegro ya sabía para qué era esa reunión y evitó su muerte enviando a su segundo”, relatan los investigadores. El detalle no es menor pues, según las fuentes consultadas, estos clanes nunca llevarían a cabo una ejecución en España para no echarse encima a las autoridades.

Investigar estas actividades también ha llevado a los expertos de la Guardia Civil a familiarizarse con la jerga de estos grupos: ‘pizzo’ (el ‘impuesto’ a cambio de seguridad), ‘paranzas’ (comandos en los que se divide un clan), ‘puntata’ (la parte que invierte cada uno en una negocio), ‘hacer la cresta’ (engañar al capo, como hizo Allegro).

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