Jueves, 30 Marzo, 2017

La alimentación de los más pequeños influye en su rendimiento escolar

Los estudios demuestran que entre el 20 al 40 % de los escolares no desayuna, siendo el desayuno una de las comidas principales del día | Este comportamiento alimentario tiene impacto sobre el rendimiento escolar y favorece la obesidad infantil



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“Cada día son más los estudios epidemiológicos que reconocen el papel protector de algunos alimentos también en nuestro desarrollo cerebral ‘men sana in corpore sano’. Una dieta rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva y pescado azul  se ha relacionado con efectos positivos sobre la concentración, la memoria y el rendimiento intelectual”, explica la doctora Julia Álvarez, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición de cara a la inminente vuelta al colegio de los más pequeños. “Los estudios demuestran que entre el 20 y el 40 % de los escolares no desayuna, siendo el desayuno una de las comidas principales del día. Este comportamiento alimentario tiene impacto sobre el rendimiento escolar y favorece la obesidad infantil”, afirma. Por su parte, ladoctora Assumpta Caixás, coordinadora del Grupo de Trabajo de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, asegura que “en torno al 26% de los niños entre 6 y 18 años sufre exceso de peso, (13% obesidad y 13% sobrepeso)”.

En opinión del a doctora Álvarez, “los escolares precisan de alimentos energéticos para su desarrollo pero no más de la que consumen en su actividad metabólica y su actividad física (voluntaria e involuntaria). En caso de tomar más energía de la necesaria ésta se almacenará en forma de grasa y el niño comenzará a tener sobrepeso o desarrollará obesidad”. Añade la doctora a modo de ejemplo que “un alimento que podríamos considerar modelo en esta época de desarrollo es la leche por su contenido en energía,  proteínas y micronutientes específicos (vitaminas A, D, E, B2, B6, B12, B9 y C calcio y fósforo fundamentalmente), pero siempre hay que tener en cuenta no tomar más energía de la necesaria y en ese caso se puede valorar la toma de lácteos semi o desnatados”.

“Los patrones alimentarios de los niños tienden a reflejar los patrones alimentarios de sus familias, en numerosas ocasiones la falta de tiempo, el deseo de evitar discusiones, la comodidad o la pereza, hacen que se ofrezca a los niños solo aquello que comen rápido y sin protestar y que, como norma general, son alimentos ricos en grasa o productos procesados: patatas fritas, sancks, bollería industrial, galletas, embutidos, chuches y refrescos, etcétera, en lugar de verdura, ensalada, pescado o fruta”, indica la doctora Caixàs.

En este sentido, asegura la doctora Álvarez, “es importante cuidar la alimentación de los escolares porque es el momento ideal para adquirir hábitos saludables”. En este periodo, exponen las doctoras, “no pueden faltar los lácteos, cereales (pan, pastas, arroz), legumbres, frutas, verduras, aceite de oliva, frutos secos, carnes, pescado y huevos”.  La mayoría de los estudios epidemiológicos demuestran que la alimentación de los escolares españoles no es buena: el consumo de legumbres, verduras, frutas y pescados es insuficiente, por el contrario, el consumo de productos procesados o elaborados es muy elevado siendo desaconsejada su ingesta rutinaria o frecuente. “En definitiva es una dieta más rica en grasa y azúcares solubles y mucho más pobre en fibra de lo que se considera saludable, matiza la doctora Alvarez.

¿Qué comer y en qué cantidad?

El patrón alimentario equilibrado es esencial y debe compartirse por todos los miembros de la familia, pero es fundamental recordar que en cada etapa vital las necesidades nutricionales son distintas. Así “un niño, un adolescente, un adulto o un anciano, una mujer embarazada o una que esté lactando,  no tienen las mismas necesidades  de energía y proteínas, sin embargo  con una base común alimentaria se pueden adaptar en el día a día la alimentación para cada uno de los miembros de la familia”, asegura la doctora Álvarez.

“Los padres deben comer lo mismo que los niños. Cambiarán las raciones o en ocasiones la elaboración de un alimento en un determinado menú cuando los niños son muy pequeños, pero en líneas generales deberán comer lo mismo”, explica esta experta.

Las necesidades energéticas dependen de la edad, el sexo, el peso y la talla de cada individuo.  En esta gráfica se recogen las recomendaciones de energía y algunos nutrientes en el periodo de infancia y adolescencia

Según la OMS el adulto varón activo entre 18 y 60 años necesita unas 2800 kcal y si es mayor de 60 años en torno a las 2000 kcal, por su parte, las mujeres activas necesitan unas 2000 kcal; aumentando las necesidades  a 2400 kcal durante el embarazo, 2700 kcal durante la lactancia y si son mayores de 60 años las necesidades disminuyen. “Conviene recordar que si bien estas son las recomendaciones generales hay que adaptarlas a cada individuo y situación clínica, por ejemplo, las personas con sobrepeso y obesidad deberán reducir estas propuestas para poder perder peso y recordar que a medida que aumenta la edad las necesidades de energía se reducen”, explica la doctora Álvarez.

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Cada vez se come más fuera de casa

En opinión de la coordinadora del Área de Nutrición de la SEEN, los padres, educadores y personal sanitario tienen una gran responsabilidad en la educación de los niños. “Debemos conseguir convencer con el ejemplo, para que los hábitos alimentarios que se adquieren en la infancia sean permanentes a lo largo de la vida del individuo, no podemos olvidar que los niños desde pequeños son grandes imitadores y por eso es esencial comer en familia con patrones saludables compartidos por todos los miembros de la familia. Si acostumbramos los niños a apreciar las virtudes de tomar por ejemplo un desayuno con leche, pan con aceite y tomate y fruta o zumo natural, cuando esos niños sean mayores habrán aprendido a valorarlo y no les costará tanto trabajo hacerse un zumo natural en vez de comprar uno envasado”.

“Nuestro famoso patrón de Dieta Mediterránea no sólo reivindica la toma equilibrada de determinados alimentos como cereales, frutas, verduras, pescados especialmente azul, legumbres, frutos secos, aceite de oliva y pequeñas cantidades de vino  tinto, sino que establece la necesidad de compartir la comida respetando un tiempo para ello. En mi opinión este aspecto sociológico de la alimentación también es terapéutico y clave junto con la calidad de los alimentos en los efectos saludables de la dieta mediterránea que no debemos dejar de observar,” matiza esta experta. Un concepto que choca frontalmente con el hábito, cada vez más extendido, del uso de comida precocinada o preelaborada, en vez de dedicar tiempo a la cocina y a elaborar un plato de manera tradicional. Diversos estudios, ya clásicos, muestran, además, que el hábito de comer fuera de casa ha crecido de forma llamativa siendo especialmente elevada la visita a locales de comida rápida.

“No se trata de demonizar la comida rápida, pero tampoco conviene relajarse de modo que esta forme parte de nuestros hábitos rutinarios, es ahí donde reside el peligro de la adopción de malos hábitos alimentarios para nuestros escolares y adolescentes. Cada vez son más los centros de comida rápida que introducen menús, que podríamos llamar más saludables, y es ahí donde deberemos incidir,  en enseñar y entrenar a los menores para aprender a elegir”, concluye la doctora Álvarez.

Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) es una sociedad científica compuesta por Endocrinólogos, Bioquímicos, Biólogos y otros especialistas que trabajan en el campo de la Endocrinología, Nutrición y Metabolismo, para profundizar en su conocimiento y difundirlo.

En la actualidad, la SEEN está formada por 1.500 miembros, todos ellos implicados en el estudio de las hormonas, el metabolismo y la nutrición. Está reconocida como una Sociedad Científica de referencia en estas áreas temáticas entre cuyos objetivos se encuentra la generación de nuevos conocimientos y su traslado a la  atención clínica que conlleve mejoras en el diagnóstico y el tratamiento de todos aquellos pacientes con enfermedades endocrinológicas y/o nutricionales

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