Domingo, 23 Septiembre, 2018

            

La actitud siempre gana

Imagen ilustrativa
Eva Tarancón


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Hoy quiero compartir con vosotros algo que me ha ocurrido esta semana, una de esas cosas que hacen que quieras seguir dedicándote a lo que haces, y hoy en día, poder sentir esto, hacer lo que amas y amar lo que haces es un privilegio que muy poca gente puede decir.

Os voy a contar la historia de una paciente, llamémosle María por ejemplo, por respetar la dichosa protección de datos que últimamente nos lleva locas a todas las empresas…

María es una señora de 56 años y tiene una pérdida auditiva en ambos oídos. Portadora de audífonos desde hace 20 años. Dicha pérdida ha ido creciendo progresivamente hasta perder un oído totalmente y ser portadora de un implante coclear, y en el otro tiene una pérdida del 80% .

La audición  es algo complicado, más de lo que podemos pensar. Ese diminuto órgano que tenemos dentro del oído y el procesamiento auditivo central, es decir, qué hacemos con lo que  escuchamos es lo que nos permite poder oír y entender aquello que nos dicen.

Cuando hay una pérdida auditiva, ese “entendimiento” se ve mermado y hay que hacer uso de ayudas técnicas como puedan ser un audífono o un implante coclear. Llevar un audífono o un implante no es garantía sine qua non de un buen procesamiento de la información o de entender todo lo que nos dicen. Influirán múltiples variables que hay que tener en cuenta y valorar.

En el caso de los niños, por ejemplo, muchos papas notan que su hijo escucha relativamente bien. Notan que sus hijos se giran cuando les llaman o que responden a ruidos más o menos fuerte. Sin embargo, ojala fuese tan sencillo. Cuando un logopeda los valora percibimos cómo algunas frecuencias (las frecuencias registran la tonalidad del sonido, del grave al agudo) no son detectadas por el niño y, por lo tanto, su desarrollo del lenguaje se verá mermado. Valorar el rendimiento auditivo y el procesamiento del sonido es esencial para que los niños puedan evolucionar. De hecho, la mayoría de los niños con un retraso del lenguaje son incapaces de repetir palabras largas de más de 3 sílabas y únicamente repiten el final. ¿Qué ocurre ahí entonces?

Las letras, los sonidos de las letras o los fonemas como los llamamos los especialistas abarcan un rango de frecuencias llamado “banana del habla” por su parecido en una audiometría  a una banana. Si el lenguaje conversacional está en torno a 60-70db de intensidad (de fuerte) y un paciente tiene 50db de pérdida significará que aparentemente nos escucha pero, ¿nos estará entendiendo? Dependerá de si el rango de frecuencias que oye le permite oír todos los fonemas del habla y, por lo tanto, procesar la información y comprender lo que oye.

Oír y entender son dos cosas totalmente diferentes. Yo puedo oír a un chino que me habla, pero no entiendo absolutamente nada. Eso es exactamente lo que les ocurre a las personas con un implante coclear. Y, ¿qué eso de un implante coclear? Pues no es más que un dispositivo electrónico que se coloca cuando la pérdida auditiva es tan alta que los audífonos ya no son funcionales. Es decir, es la ayuda técnica que existe hoy en día para personas con pérdidas muy muy altas de más de 90 db. Desde mi punto de vista es un milagro de la ciencia. Es como si a una persona ciega tuviera la oportunidad de tener un ojo biónico que le permitiese ver. Un implante coclear es un oído biónico que hará las funciones de nuestro oído ya perdido.

Ser candidato o no a un implante coclear es una decisión que han de tomar un equipo multidisciplinar de médicos otorrinos junto con audioprotesistas y logopedas. En el caso de ser candidato y poder beneficiarse de esta ayuda técnica es fundamental ser consciente de que va a requerir un entrenamiento auditivo y por lo tanto un esfuerzo importante por parte del paciente en caso de ser adulto, o de los padres en el caso de los niños. Por desgracia no es poner un implante y entender. Hay que “enseñar” a nuestro cerebro nuevamente a saber interpretar la nueva señal eléctrica que le llega y entenderla como un sonido, una palabra o una frase.

Ese es el proceso en el que me encuentro con mi paciente María. Después de muchos, muchos problemas clínicos, demasiados diría yo, María no sabe escuchar ni entender a través del implante.

María viene a la clínica desde Almería, dos veces por semana. Como muchos otros pacientes que nos vienen de Córdoba, Jaén y Almería para que les ayudemos a entender a través del implante coclear imaginaos el esfuerzo de tiempo, económico y personal que supone venir desde tan lejos…Es digno de valorar y admirar la actitud, el esfuerzo y la implicación del propio paciente o de la familia para conseguir avances .Es una responsabilidad como logopeda agradecer este esfuerzo y dar lo mejor de uno mismo para que mejoren.

María llegó llorando, hundida, sin expectativas de poder oír. Acompañada de su hija que me transmitió lo deprimida que estaba su madre y la preocupación que tenía.

En nuestra segunda sesión, María nuevamente lloró. Lloró mucho, pero esta vez no lloró por sufrimiento o  frustración, ¡lloró de felicidad! (bueno, lloramos de felicidad porque he de reconocer que a mi también se me escapó una lagrimilla).María consiguió oír a través del implante el llanto de un bebé, ¡lo reconoció! Consiguió  entender su nombre y el de su hija. Esos soplidos iniciales que los pacientes afirman escuchar con el implante coclear, empezaron a disgregarse, a romperse, empezaron a cobrar un sentido en su cerebro. Empezó a ver la luz.

¿Queda mucho trabajo? Sí, mucho. La rehabilitación auditiva con un implante coclear requiere de un entrenamiento, duro y constante. No hay milagros, sólo trabajo duro, como la vida misma. Pero quien trabaja duro siempre obtiene resultados. Nuevamente, la actitud gana siempre.

¡Feliz semana!

 


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