Jueves, 25 Mayo, 2017

Juicio contra acusados de matar a un hombre y herir a su familia, visto para sentencia este lunes

El juicio que se celebra en la Audiencia de Granada contra los tres acusados de asesinar a un hombre y herir de gravedad a su esposa y sus dos hijos, de 9 y 7 años, en su domicilio familiar tras una disputa por una herencia familiar

E.P


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En la primera sesión del juicio, el pasado 28 de abril, los procesados afirmaron ante el tribunal que los está enjuiciando que no tenían “intención de matar”, aunque han alegado no recordar los detalles porque iban “muy borrachos”.

Se sentaron en el banquillo de los acusados de la Sección Segunda de la Audiencia de Granada, José L.G.M., de 40 años, hermanastro de la hoy viuda de la víctima; su compañera sentimental, Carmen H.F., de 43; y su amigo Juan R.D., de 33 años. Cada uno de los tres procesados, que son sordomudos y que necesitaron la ayuda de un intérprete de lengua de signos para declarar, se enfrentan a una pena de 59 años de prisión, por la posible comisión de un delito de asesinado consumado, y de tres de asesinato en grado de tentativa.

Tanto José L.G.M. como Juan R.D. exculparon con su testimonio a la tercera inculpada, de quien dijeron que no intervino en ningún momento en los sucesos que llevaron a la muerte del hombre, aunque afirmaron que sí los condujo en coche hasta la casa de sus víctimas, pasadas las doce de la noche.

El primero explicó que conoció a su amigo Juan R.D. en una fiesta hacía pocos meses y que él, que sabía leer, le estaba ayudando con el papeleo por la herencia. Con ese motivo se dirigió el día de los hechos, el 15 de octubre de 2012, a la casa de su hermanastra, junto con su amigo, al que le dio un cuchillo “por si acaso” y a su pareja, que conducía el coche con el que se trasladaron a Armilla.

Así, según explicó, él entró primero en la vivienda, no con el ánimo de “pelear” por la herencia, sino para que le aclararan un asunto relacionado con un papel que él creía que le iba a afectar a la hora de heredar, pero, en un momento dado, le “molestó” que el marido de su hermanastra, Iván L.R., de 31 años, se dirigiera a ella sin que él entendiera que le había dicho, y la emprendió a puñetazos con él. “Me dolió, me faltaron al respeto. Era el tema de mi papel, él se puso muy encima de mí y yo le pegué. Iba muy borracho, que me perdonen”, indicó.

Con esa situación, su amigo Juan R.D. entró en la vivienda y comenzó a golpear a la hermanastra, aunque no recuerda cómo se produjo la agresión con el cuchillo que acabó con la vida del marido de su hermanastra, y que causó heridas de gravedad tanto a su familiar como a sus sobrinos, que aparecieron en la escena al escuchar los gritos. “Yo estaba blanco, no quería hacer daño, sobre todo a los niños. Estaba roto, nunca había visto algo así, tuve que salir a tomar aire”, mantuvo el acusado.

UN CUCHILLO “POR SI ACASO”

Por su parte, su amigo Juan R.D. relató que él sólo quería ayudar a José L.G.M. para que tuviera un buen sitio donde vivir, y admitió que aquel día llevaba un cuchillo “por si acaso” y que, una vez en la casa de la hermanastra, golpeó a la mujer en la cara varias ocasiones después de taparle la boca. El arma, según indicó, se le cayó en el transcurso de la riña, en la que su amigo golpeaba mientras al marido, así que desconoce cómo las víctimas sufrieron cortes. De hecho, al igual que el otro inculpado, insistió en que iban “muy borrachos”.

“Me quedé en blanco, yo estaba muy nervioso y todo fue muy rápido. No me acuerdo de todo lo que pasó”, sostuvo el procesado, quien tampoco recordó cómo fueron agredidos los niños. Sí explicó sin embargo que después de lo ocurrido él mismo hizo un fuego donde quemó las ropas de su amigo, en un descampado al que acudieron en el mismo vehículo, conducido de nuevo por la tercera acusada.

Esta última, que sólo quiso contestar a las preguntas de su abogado, dijo que aquel 15 de octubre pasó la tarde celebrando el cumpleaños de su sobrino, adonde acudieron los otros dos acusados, que ya estaban muy bebidos, y que después ella se fue a dormir a su casa. Ya acostada, llegó su pareja, que le dijo que les tenía que llevar a Armilla, a él y a su amigo. Ella les dijo que entonces era ya muy tarde, pero finalmente accedió.

Durante el trayecto, los otros dos iban hablando, en lengua de signos, pero ella iba conduciendo y no podía prestar atención. Una vez en la vivienda, ella se quedó dentro del coche, mientras los otros dos entraron en la casa de la hermanastra de su pareja.

Al cabo de un tiempo, José L.G.M. volvió al coche con “muy mala cara” y a continuación su amigo Juan, que le dijo que tenían que irse de allí rápidamente. Estaba oscuro y ella asegura que no se percató de que estaban manchados de sangre, pero después, cuando ellos dos se ducharon en su vivienda, sí vio esos restos, y preguntó entonces qué había pasado, quejándose de que la habían “utilizado”. Al día siguiente, la Guardia Civil y una familiar de la hermanastra de su pareja se personaron en su domicilio, y se enteró entonces que había una persona fallecida, ante lo que ella reaccionó “sorprendida”.

ACUSACIÓN DE LA FISCALÍA

Según la Fiscalía, los tres se dirigieron a Armilla con el “firme y común propósito de poner fin a la vida de todos los integrantes de la familia”, tal y como habían acordado esa noche, mientras estaban reunidos en la casa de la acusada Carmen H.F, por las disputas por una herencia familiar.

Cuando José L.G.M. accedió a la vivienda, dejó la puerta abierta, para facilitar la entrada a su amigo, y, una vez dentro, inició una conversación con su hermanastra, mientras el marido de ésta dormía en el sofá, y, aproximadamente media hora después, le hizo una señal a Juan R.D. para que entrase. Así, “siguiendo el plan trazado”, Juan se dirigió hacia la mujer, le cogió por la boca y comenzó a darle golpes “de forma indiscriminada” en la cara.

La mujer se defendió y consiguió morder a su agresor y quitarle la braga con que se ocultaba el rostro. Mientras, el hermanastro golpeaba violentamente a su marido, dándole patadas y tirándolo al suelo. Los ruidos alertaron a los dos hijos menores del matrimonio, que también fueron agredidos después por Juan R.D.

José L.G.M. vapuleó a su hermanastra hasta que ella simuló estar muerta para que cesara la paliza, y la acuchilló en el cuello, “con el claro propósito de degollarla y acabar con su vida”. Afuera esperaba la tercera inculpada, a bordo de la furgoneta, con la que después los tres huyeron, para después quemar sus ropas.

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