Miércoles, 18 enero, 2017

Jazz en Granada de mano de Javier Colina

El Festival internacional de Jazz de Granada se llega se acerca al tramo final

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Foto: Jazz en el Teatro Isabel La Católica / David Rodríguez Frías


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La noche del viernes catorce de noviembre, el Teatro Isabel La Católica de Granada encaró el tramo final del Festival Internacional de Jazz con una brillante actuación a cargo de Javier Colina y su cuarteto, que dejaron al público extasiado ante el último fin de semana de la fiesta del jazz en la ciudad.

Pasados unos minutos de las nueve de la noche, los asistentes esperaban impacientes el inicio de la velada hasta que Javier Colina, acompañado de Ariel Bringuez al saxo, Daniel García Bruno a la batería y Pablo Gutierrez al piano ocuparon sus puestos en medio de una sonora ovación y la atenta mirada de todos los presentes.

Javier Colina y su grupo comenzaron su repertorio con una reinterpretación de Epistrophy, el clásico compuesto por Thelonious Monk y Kenny Clarke. La formación del pamplonica acababa de abrir el tarro de las esencias de una jornada mágica en la que tocaron standards, música latina, africana e incluso hubo un recuerdo para el recientemente fallecido Charlie Haden.

Posteriormente, el autor de En la imaginación (con Silvia Pérez Cruz, ContraBaix 2011) inició su versión de You don’t know what love is con un maravilloso solo, que sería uno de los muchos que brindaría a lo largo de noventa minutos. Colina, junto con sus compañeros, ofrecieron una nueva visión de esta vieja conocida del género, marcada en esta ocasión por los ritmos caribeños.

A continuación interpretaron Verdad Amarga y Belén, dos piezas habituales en el repertorio del cuarteto e incluidas en el trabajo del contrabajista con la cantante Silvia Pérez Cruz. Con Colina al contrabajo parecía que de su instrumento salían punteadas las palabras de la conmovedora nana, mientras sus colegas, y en especial en esta melodía Pablo Gutiérrez en el piano, se exhibían sobre el colchón rítmico que el instrumento de cuerda les brindaba. Si no había quedado claro que a éste intérprete le gusta trabajar con influencias más allá de las habituales, lo haría con la siguiente pieza, proveniente del norte del Magreb y que mantuvo a todos los espectadores en tensión gracias a la soberbia interpretación de los instrumentistas, especialmente de Daniel García Bruno que, dejando las baquetas a un lado, se encargó de la percusión con sus propias manos iniciando una suerte de persecución seguido de sus compañeros en la sección rítmica y sobre la que Ariel Brínguez voló durante unos minutos, brindándonos así uno de los momentos más espectaculares de la noche.

Pasado el ecuador del show, hubo espacio para recordar a Charlie Haden mediante La Pasionaria, su composición inspirada en Dolores Ibárruri Gómez aportando así la nota dramática al espectáculo.

Llegados al final de la actuación, la banda interpretó Soy Califa, incluida en el álbum de 1962 A Swingin’ Affair de Dexter Gordon, tras la cual los protagonistas saludaron al público, agradecieron su presencia y se despidieron, cediendo después a la presión de los allí congregados para tocar una última canción, The wedding, original del pianista sudafricano Abdullah Ibrahim.

Concluyó así esta jornada del Festival Internacional de Jazz, dejando un gran sabor de boca a todos gracias al buen hacer de Javier Colina y todos los miembros del cuarteto.

 

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