Miércoles, 13 Diciembre, 2017

            

Investigan las conexiones cerebrales para trata el Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, con unos cinco millones de estadounidenses afectados y una estimación de un total de 14 millones para 2050



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Los cambios en las conexiones cerebrales que se ven en las imágenes por resonancia magnética (IRM) podrían ser un biomarcador de la enfermedad de Alzheimer, según concluye un nuevo estudio cuyos resultados se presentan este lunes en la reunión anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA, por sus siglas en inglés).

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, con unos cinco millones de estadounidenses afectados y una estimación de un total de 14 millones para 2050, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Los tratamientos preventivos pueden ser más efectivos antes del diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, por ejemplo, cuando una persona sufre de deterioro cognitivo leve (DCL), una disminución de las habilidades cognitivas que se nota pero que no es lo suficientemente grave como para afectar al funcionamiento independiente.

Los esfuerzos previos para la detección temprana se han centrado en la proteína beta amiloide, que se encuentra en cantidades anormalmente altas en los cerebros de las personas con enfermedad de Alzheimer. Para el nuevo estudio, los científicos analizaron el conectoma, un mapa de los tramos de la sustancia blanca que llevan señales entre las diferentes áreas del cerebro.

“El conectoma nos proporciona una forma de identificar y medir estas conexiones y cómo cambian a través de la enfermedad o con la edad”, explica el coautor del estudio, Jeffrey W. Prescott, residente de Radiología en el Centro Médico de la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos.

El doctor Prescott y sus colegas analizaron los resultados de 102 pacientes que participaron en un estudio nacional llamado Iniciativa de Neuroimagen de la Enfermedad de Alzheimer (ADNI, por sus siglas en inglés). Los participantes habían sido sometidos a imágenes con tensor de difusión (DTI, por sus siglas en inglés), un método de resonancia magnética que evalúa la integridad de las partes de la sustancia blanca cerebral al medir lo fácil que es para el agua moverse por ellas.

“Se sabe que el agua tiende a moverse a lo largo de las conexiones físicas delimitadas entre regiones en el cerebro, lo que hace a las DTI una gran herramienta para evaluar el conectoma”, dice Prescott. Los investigadores correlacionaron los cambios en el conectoma con los resultados de imágenes con florbetapir de tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés), una técnica que mide la cantidad de placa beta amiloide en el cerebro.

El aumento de absorción de florbetapir se corresponde con mayores cantidades de la proteína. Los resultados mostraron una fuerte asociación entre el consumo de florbetapir y disminuciones en la fuerza del conectoma en cada una de las cinco áreas del cerebro estudiadas.

“Este estudio enlaza dos de los principales cambios en el cerebro provocados por el Alzheimer, cambios en los tejidos estructurales y deposición de placa beta amiloide, y sugiere un papel prometedor de DTI como posible complemento de diagnóstico”, resalta el doctor Prescott. A su juicio, DTI puede jugar un papel en la evaluación de daño cerebral en la enfermedad de Alzheimer precoz y en el seguimiento de los efectos de las nuevas terapias.

“Tradicionalmente, se creía que la enfermedad de Alzheimer tenía efectos en el pensamiento al dañar la materia gris del cerebro, donde se concentran la mayoría de las células nerviosas”, recuerda Jeffrey R. Petrella, profesor de Radiología en la Universidad de Duke y autor principal del estudio.

“Este estudio sugiere que la deposición de amiloide en la sustancia gris afecta a las conexiones de la sustancia blanca asociadas, que son esenciales para llevar mensajes a través de los miles de millones de células nerviosas en el cerebro, posibilitando todos los aspectos de la función mental”, destaca.

“Tenemos la sospecha de que a medida que aumenta la carga de placa amiloide en la materia gris, la materia blanca del cerebro comienza a descomponerse, funcionar mal o perder su capacidad para mover el agua y neuroquímicos de manera eficiente”, agrega Prescott.

Los investigadores planean continuar estudiando esta cohorte de pacientes para entender mejor cómo se desarrolla la enfermedad en las personas individualmente. Además, pretenden incorporar imágenes funcionales en sus estudios para aprender acerca de cómo se ve afectada la relación entre la función y la estructura con el aumento de la carga de amiloide.

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