Lunes, 24 Julio, 2017

            

Huerta del Rasillo, historias detrás de un posible desahucio

Pese a la buena voluntad y predisposición de la delegación de Igualdad, manifestada por el delegado Higinio Almagro, el futuro de los trabajadores y usuarios de la residencia pende de un hilo judicial.

El delegado territorial de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, Higinio Almagro, atiende junto a los representantes sindicales a los medios, ante la mirada de los trabajadores afectados. | Foto: Carlos Gil


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Dependencia, administrador concursal. Higiene diaria, ERE. Acompañamiento, liquidación. Cariño, desahucio.
Las palabras que nos acompañan a diario, las que sirven para nombrar lo cercano y querido, delimitan un mundo dentro del cual nos sentimos seguros, dueños de nuestras vidas. Pero, ¿qué pasa cuando algo o alguien ajeno a ese mundo irrumpe imponiéndonos palabras intrusas que nos son ajenas, obligándonos a entenderlas y a aceptarlas?
Los trabajadores de la residencia de grandes discapacitados la Huerta del Rasillo llevan usando, dignificando y dando pleno sentido a palabras incluidas en la frase que abre esta información. Adivinen cuáles.

Hoy martes se abre una ventana de posibilidad para extirpar de su vocabulario esas otras palabras impostadas que chirrían. Tal y como informaba ayer Granada Digital, representantes de CCOO de los trabajadores se reúnen en Sevilla con el administrador concursal de la CANF -entidad gestora de la residencia en concurso de acreedores- para solicitar la subrrogación del contrato de gestión de la residencia a Fegradi. Un trámite que está condicionado a la aceptación por parte del funcionario judicial de que Fegradi se haga cargo únicamente del lastre económico cosechado por la CANF a cuenta de la residencia granadina, cifrada en algo más de 300.000 euros.

EL REPARTO DE RESPONSABILIDADES

Pero más allá de vericuetos legales, de la gestión maquinalmente eficaz del administrador concursal que conoce, comprueba y en consecuencia ejecuta, el mundo que habitan cuarenta personas absolutamente dependientes, acompañadas de sus cuarenta sombras de carne y hueso, corre un grave peligro.

“Nosotros somos sus pies y sus manos”. Así de sencillo lo expresaba ayer Alejandro Ruiz, uno de los representantes sindicales de los trabajadores del centro. Y también una voz, que unida a muchas otras, no ha dudado en señalar a la que a su juicio es la responsable última de la situación a que puedan verse abocados usuarios -léase habitantes- y trabajadores de la residencia: La Junta de Andalucía. Para ellos, el ejecutivo andaluz, a través de la delegación territorial de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, no ha ejercido un control suficiente de la gestión de la empresa concesionaria, una fiscalización eficaz que evitara la situación actual de deuda acumulada con la Seguridad Social de 1,5 millones de euros, inasumibles en su totalidad por Fegradi. Un statu quo que deja a la Junta inerme frente a la hegemonía decisoria del administrador concursal, nombrado por el Juez.

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Martín Ortega, presidente de Fegradi. | Foto: Carlos Gil

 

LA IMPORTANCIA DE UN VÍNCULO

Vicky Hernández es la otra representante sindical, por UGT, de la residencia. Trabaja desde hace catorce años como supervisora de turno y enfermera y vive junto a sus compañeros una “situación bastante desesperante porque llevamos tres meses sin cobrar, pero la duración de la agonía de esta situación es de dos años”, ya que “nos debían a lo mejor tres meses y nos ingresaban uno, para no poder denunciar. […] algo que te afecta en el sueño, te afecta en la alimentación, en el carácter con tus familiares, en todo”.

Preguntada por qué significa esta residencia para los discapacitados, Vicky afirma con una rotundidad dignificada que este centro “es su hogar. Es que no hay otra palabra que lo defina”. Continúa argumentando que “es su casa desde hace un montón de años, se les trata con muchísimo cariño, con la mejor atención que podemos y yo pienso que se sienten como si estuviesen en su casa, que de hecho es su casa. Y lo que quieren hacer es un desahucio, no tiene otro nombre.”

Como bien informaba ayer el delegado territorial Higinio Almagro, en caso de cierre de la residencia, los usuarios tienen garantizada su plaza en otro centro. No así los trabajadores despedidos mediante ERE. Y es esta separación forzosa la que aporta el otro nombre a “lo que quieren hacer”: desarraigo.

La atención a grandes dependientes es una vida compartida con ellos por turnos, un acompañamiento incesante que funda a lo largo de los años una relación afectiva fundamental en el bienestar de estas personas. “Las patologías de ellos son múltiples, se llaman enfermedades raras. Cada uno de ellos tiene una serie de detalles a la hora de su atención, tanto sanitaria, como personal, como de higiene, de alimentación…que las conocemos los que estamos aquí. Entonces si ellos se ven ahora en manos de otros profesionales, llevaría un período de adaptación hacia ellos. Ya estamos hechos a ellos, y ellos a nosotros.”

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