Viernes, 15 Diciembre, 2017

            

Hicieron Granada

Gran Vía de Granada | Archivo GD
Juan Pablo Luque Martín


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– ¿Quién hizo esta fuente, papá? Pasear un domingo por la mañana a cielo abierto es una auténtica gozada. Granada se ofrece, se abre a quien pasea, a quien deja de lado la visión de sus colinas para adentrarse en un centro envidia de otras muchas ciudades. Iba con Dani. Los dos solos. Subimos la Carrera, saludamos a la Patrona, los escaparates de El Corte Inglés… Los plataneros arrojan una sombra impropia de un mes como noviembre; la terraza de Chikito, y mi Chikito Luis ya no está allí, la Mariana…

– ¿Y quién hizo esta calle, papá? Ganivet. Los soportales. Los locales. Los que estaban muertos. Los que ahora viven, y viven bien. Por callejuelas de empedrado granadino llegamos a la calle Navas, la de más bares de España por metro cuadrado, Plaza del Carmen, Reyes, Isabel La Católica…

– Esta es la Gran Vía, ¿no? ¿Quién la hizo? Dani no entiende de reformas. Lo que ve y se aparece mientras pasea es nuevo. ¿Y el bulevar de Constitución? ¿Y las estatuas? ¿Y San Juan de Dios? Dani camina, sigue admirando su Granada, la de paso ligero, la de andar trotón, la que nos lleva de un tirón a sus adentros, la de bufanda, libro y maletín, la que no levanta mirada colina alguna no sea que deje de admirar lo que tiene delante: San Juan de Dios, Perpetuo Socorro, San Jerónimo, el Rectorado, el Triunfo, la Plaza de la Universidad…

– ¿Dónde vamos ahora, papá? ¿Y esto, también lo arreglaron los mismos de antes? Barrio de la Magdalena, Martínez Campos, Pedro Antonio… Al llegar a Recogidas, ya no pregunta, como tampoco preguntó por la Hípica, ni por Santa Adela, ni por los subterráneos de carretera de Armilla o Doctor Olóriz.

Hoy que el tiempo no vuelve, que todo se viste de negro; hoy que resulta más fácil mascullar  de lo malo entre café y café y pervertir lo bueno; hoy, hoy que tú y yo nos hicimos un lío, y con ese lío al final nos quedamos sin saber quién es quién en esta mediocre película de actores disfrazados de políticos; hoy que Granada se muestra para mi tristeza como es, como el pueblo que no crece porque nos empeñamos en que no crezca nunca más. Tan complicado es construir, tan fácil es derribar.

Hoy queda pasear con Dani. Pasear y recordar. Y reconocer. Y admirar. Por mucho que la historia luego nos hable de batallas, de enfrentamientos, de peleas, de sinsabores. Por mucho que el poder judicial pueda resquebrajarse una vez más, y ya no sé cuántas van, a través de una torticera utilización por las bajezas de una política nauseabunda. Recordar. Valorar lo bueno y lo útil, los que escribieron con trazo más grueso o más fino bonitas y brillantes páginas de nuestro desarrollo. Pepe Moratalla, Antonio Cruz, Aparicio, Paco Ruiz Dávila, Isabel Nieto, Pepe Torres, Nino, Sebastián, Mérida, Montero, Guadalupe, Granados, Chitín, Aguilera, Lorente, Emilio Martín y muchos otros tantos que estuvieron ahí, a pie de su ciudad, trabajando por construir, por hacer, por crecer. Sé que este discurso no es fácil, que será inevitablemente criticado. Total, es el deporte nacional. Pero es el que merecen mis hijos, el que necesita Dani, el que habla de dignidad, de la dignidad de la política, de la utilidad de su Ayuntamiento y las personas que en él han ocupado cargos de responsabilidad, el que les enseña a respetar, a apreciar, el que les acerca una dominguera ciudad que bajo un sol radiante destapa sus tripas y a pie de imponentes colinas, orgullosa, ofrece un precioso e inmejorable paseo. El que permite decir que fueron ellos, gracias a ellos y otros muchos, quienes lo hicieron posible.

Ahí estuvieron. Se lo debemos. Pelearán, discutirán, se denunciarán, no se volverán a ver, nunca más compartirán mesa y mantel. Pero no podrán evitar que la historia de esta ciudad les recuerde por su contribución a crecer. Dejemos para mañana las hordas políticas, las miserias, las desvergüenzas. Eso, otro día. Hoy no. Hoy toca agradecer. Y Dani tiene también que aprender a hacerlo.

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