Domingo, 24 Septiembre, 2017

            

¿Hay futuro para la izquierda?

Pedro Vaquero


image_print

Modestamente, y por no callar, vayan por delante algunas reflexiones sobre las elecciones del 26-J, y en especial sobre los inesperados –por escasos- resultados obtenidos por Unidos Podemos (UP).

  1. Impedir que gobierne el PP puede ser imposible por ahora. Pero sí es posible resistirse a que sigan destruyendo los logros sociales: la prioridad debe ser incrementar el nivel de lucha social. La izquierda o la alternativa no debe olvidar nunca que las elecciones son un momento puntual de la lucha, no el único ni el definitivo. La herramienta ya está inventada: confluencia en la calle.
  2. Mantener 71 Diputados ¿sabe a poco? El PCE en su momento estelar logró 19 Diputados (1977). La izquierda desunida logró 21 en su mejor momento (IU 1996), hoy partimos de 71. A los que hemos vivido –por edad- todo eso, los 71 nos saben a gloria. Si alguien se creía que este era el momento histórico de alcanzar el cielo se equivocaba cual paloma.
  3. Hay que hacer una reflexión en UP, sí. ¿Y en el PSOE? ¿A que debe aspirar? ¿A rehacer el bipartidismo con él como única fuerza en la Izquierda? Además de sectario, puede resultar en vano. Sin el mutuo reconocimiento de las fuerzas de la izquierda, sin marcar las reglas de juego y los límites de una sana competencia en la izquierda, se llega siempre a la misma conclusión: la derecha se engrandece y la izquierda nunca llega a nada. De ahí que los medios de comunicación hayan inoculado en esta campaña electoral el virus de “que viene el sorpasso”.
  4. UP debe resolver el prejuicio del miedo al cambio. Lejos de creernos que el cambio es el deseo más compartido de la gente, debemos tener en cuenta el carácter conservador de la mayoría. ¿Cómo luchar contra el miedo de un importante segmento del pueblo? ¿Disputando el espacio de la socialdemocracia? No parece ser la solución. Porque una cosa es admitir que las políticas económicas que se pueden hacer en el contexto actual son los típicos parches socialdemócratas  y neokeynesianos, y otra reconocerse como tal, abjurando del “comunismo” como si este fuerza un pecado de juventud. Y no me gusta señalar… UP tiene muchos comunistas en su seno, y no solo entre sus militantes, sino entre aquellos votantes que se han mantenido fieles al PCE y a IU desde las filas de la lucha social y sindical, y a los que el gesto de descafeinar ideológicamente la confluencia les habrá parecido una falta de respeto o como poco una auténtica frivolidad.
  5. Seguimos dando miedo, aunque ya seamos cinco millones. Y no es por la ideología, sino porque los medios de comunicación son los que crean la problemática coyuntural a la que deben responder los examinandos en el momento electoral. Durante estos seis meses se han creado tres mitos que han estancado las expectativas de crecimiento de UP: la “inaplazable” necesidad de pactar un gobierno, las “nefastas” consecuencias de que ganara el Brexit y el ineludible sorpasso. Ese marco anulaba el rigor con que los electores juzgan habitualmente a los partidos que incumplen su programa (y Podemos se negó a pactar la chapuza que el contexto mediático le exigía); los resultados del Brexit agudizaron el miedo al cambio en general, y al “cambio radical” de UP en particular. El ascenso del PP pese a Rajoy y la corrupción se debe en parte al Brexit, y en parte a la nefastas consecuencias de la general creencia que predicaban las encuestas de que UP iba a sobrepasar en votos y diputados al PSOE, con la incertidumbre que ello creaba, unido a la del Brexit. ¿Alguien se extraña de que en este contexto el conservadurismo irracional subiese unos cuantos grados? La fuga de votos de UP también se explica por el contexto social creado, más allá de los fallos que se han producido en la elaboración de las candidaturas y en el desarrollo de la estrategia electoral.
  6. Ni un paso atrás en la estrategia de la confluencia que hoy se llama Unidos Podemos. Pero habrá que confluir mejor, sin paracas ni dirigismos. Debemos aprender todos que la confluencia no se hace en un día ni desde arriba. Todos (y todas): Podemos también. Uno creía ingenuamente que la experiencia de transplantar cabezas de lista desde el laboratorio de la dirección estatal se había descartado en la izquierda desde la nefasta experiencia de Carrillo en 1977. Pero parece que la nueva política también tenía caspa. Y las listas no pueden hacerse desde arriba, sin contar con la opinión de los niveles locales.

Habrá que seguir discurriendo sobre el tema.

Comments

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  1. Si de verdad se intenta dar el poder al pueblo no se puede tener miedo a que este se equivoque, son el pueblo, las bases de los partidos los que tienen que decidir el futuro no las cúpulas.