Martes, 24 Octubre, 2017

            

Guantánamo: un performer no debe fingir que es sangre

El dolor es un modo de expresión tan lícito como la fragilidad, sólo desde él, uno puede hablar con total y absoluta libertad.

@FresasenBagdad


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No somos adictos al dolor, hacemos culto del dolor como método de denuncia.

No somos actores dirigidos por una copia y pega detrás de una lente, somos performers  celulares hasta la médula.

Un actor, cuando interpreta y, por ejemplo, es herido se le hace una caracterización con sangre artificial y maquillaje para parecer que lo que hace es real, para darle un sentido interpretativo  comunicando al espectador que está viendo.

Un performer no debe fingir que es sangre, directamente, se  amputa el miembro sin efectos especiales.

Hablar de Guantánamo  y analizar las torturas que padecieron los prisioneros por medio de un artículo, es cómo hablar de lo que siente un actor al recibir un Oscar a la mejor interpretación.

Yo sí puedo hablar posiblemente de ese 1 por ciento, a nivel sensitivo y psicológico que me da la suficiente legitimidad para saber que es la tortura y la simulación por asfixia de agua que padecieron los prisioneros, bajo el amparo internacional de “países amigos” del ejército de los Estados Unidos de América, en ese parque temático llamado Guantánamo.

Busqué una localización intensamente que me ofreciera para el acto performativo  una casa abandonada en condiciones invernales, para que el agua estuviera helada.

Contraté a un portero de discoteca Iraní de manera remunerada para que  me sometiera lo más cercano posible a esa simulación por asfixia de agua.

Le costó entrar unas dos horas y le dije ¡Tío esto no es una interpretación o ejerces de performer o lo dejamos!

Al final el entendió perfectamente cuál era su función y al cabo de unas horas me dijo algo que me resultó espeluznante ¡Me ha resultado placentero torturarte Omar Jerez!

El arte no se explica, la obra tiene que hablar por si sola pero cómo Fresas en Bagdad va dirigida a todo tipo de espectador vamos a tomarnos una pequeña licencia en el vídeo de está performance para matizar un pequeño detalle al lector al que respetamos  y trabajamos semana tras semana para mantener artículos con rigor y calidad.

Observaréis que el torturador es Bart Simpson que me somete durante varias horas a la simulación por asfixia que les practicaban a los prisioneros en Guantánamo.

Alguien afirmará y con toda razón de peso ¡Pero si Bart Simpson es un personaje enrollado y encantador!

¡Exacto! Es el típico chaval de 20 años que vive en Estados Unidos, resulta ser encantador con el vecindario, tiene una novia a la que adora y a la vuelta de Afganistán tiene intención de casarse. Él pasea por las mañanas a su perro Golden retriever, siendo en su etapa universitaria el capitán del equipo de Fútbol  americano.

Todo esto le convierte en un potencial asesino cómo se pudo observar en esa hornada de chicos/as  jóvenes destinados a Irak o Afganistán que metamorfosearon en una conducta dentro de los cánones normal en psicopática.

El dolor es un modo de expresión tan lícito como la fragilidad, sólo  desde él, uno puede hablar con total y absoluta libertad.

El dolor te muta, te condiciona, te engrandece, o como en multitud de casos, transforma a un tipo encantador en un verdadero psicópata sin posibilidad de vuelta atrás.

 

 

Una performance de Omar Jérez y Julia Martínez ( Fresas en Bagdad) 

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