Domingo, 19 febrero, 2017

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Granada, un ‘oasis’ para niños saharauis

Más de 100 familias granadinas abren las puertas de su casa y de su corazón a 126 menores saharauis durante el verano | Les ofrecen una vida más cómoda, alejada del calor extremo y del conflicto en el que vive inmerso el pueblo saharaui

Saleh, un niño saharaui que está pasando el verano con una familia de acogida de Gójar | Autor: Román Callejón
Ángela Gómez | @_Angela_ GA | Imagen: Román Callejón


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Granada a 40º grados… Calor, ¿verdad? Pues imagínense cómo se debe sentir uno a 55ºC rodeado de piedra y arena. Peor, ¿verdad? De esa ‘ola de calor’ se están librando 1.300 niños y niñas saharauis que, un año más, vuelven a Andalucía para pasar un verano mejor, gracias al proyecto ‘Vacaciones en Paz’, promovido desde hace más de 20 años por la Federación Andaluza de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (Fandas).

Granada también se ha sumado otro año más a esta iniciativa que hace que la ciudad y la provincia se conviertan en un “oasis” temporal para 126 criaturas que viven en los campamentos de refugiados del área de Tindouf. Una forma de desatarse, por unos meses, de las cuerdas que les amarran a la cruda realidad que soporta su pueblo, el saharaui; de vivir la vida que debe vivir un niño que no ha llegado a cumplir siquiera las 12 primaveras (o, más bien, inviernos o veranos, porque allí, en el desierto, no hay estaciones livianas). Cerca de 60 días para reponerse, para ganar kilos, algo necesario para pasar el duro invierno en su hogar, un campamento de refugiados en mitad del desierto.

“Tenemos que recordar que allí, desde hace más 40 años, viven alrededor de 180.000 almas que se encuentran un desierto inhóspito, de piedra y arena. En algún momento este pueblo debe tener una salida digna”, explica a Granada Digital, Gonzalo Herrera, el presidente de la Asociación Granadina de Amistad con la República Árabe Saharaui Democrática, la que se encarga de la organización de este proyecto de acogida temporal en Granada.

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La provincia mantiene el mismo nivel de familias que colaboran en esta acogida que años anteriores. En concreto, este año participan en el proyecto 115 familias. No obstante, ‘Vacaciones en Paz’ ha vivido años mejores. Gonzalo recuerda cómo en 2005 llegaban a Granada cerca de 300 niños de los 4.000 que pisaban tierras andaluzas. La crisis, obviamente, ha “echado para atrás a muchas familias” porque, al fin y al cabo, esta acogida supone algo más que la responsabilidad de cuidar de un menor.

“Este programa está diseñado para que vengan menores de entre 8 y 12 años, pero con la disminución de familias, hemos centrado las acogidas en los que tienen 9 y 10 años”, nos explica el presidente, quien lamenta que muchos de estos niños y niñas se hayan tenido que quedar en tierra por no haber familias suficientes.

Los chicos se quedan con sus familias ‘adoptivas’ durante dos meses, julio y agosto. Por lo general, las familias organizan planes divertidos y escapadas para amenizar, al máximo posible, la estancia de estos pequeños del desierto. Además de lo que supone esta convivencia, esta estancia en el “primer mundo” permite a los menores nutrirse, con una dieta variada y equilibrada. “Cuando uno visita los campamentos se puede hacer una idea de qué niños han estado en España durante el verano porque llevan ropa más digna”, explica el presidente, ya que se les permite que los niños, cuando vuelven a sus campamentos, lleven consigo una maleta, de no más de 30 kg, con ropa para pasar el largo, frio y duro invierno en esa zona de Argelia. “También hay familias que les dan dinero. Con 50 euros puede vivir allí una familia entera durante un mes”, añade Gonzalo. Otro aspecto fundamental de este programa reside en la atención médica que reciben aquí. Además de reconocimientos médicos, algunos de estos niños son intervenidos quirúrgicamente. Allí no tienen los medios suficientes, por lo que se aprovecha su estancia en la provincia para acudir al médico.

EL TRASLADO A ESPAÑA DE CADA NIÑO SAHARAUI CUESTA ALREDEDOR DE 700 EUROS

Otro de los objetivos de este programa, del que Granada es partícipe desde mediados de los noventa, y quizás el que estructura todo, es la visibilización del pueblo saharaui, de su historia, un exilio forzado que los llevó a asentarse en campamentos en mitad del desierto, los mismos en los que hoy viven. Este gran pueblo depende, casi por completo, de la ayuda internacional que les llega.

La Diputación de Granada colabora activamente en este programa, “y sin ella sería imposible”, nos asegura el presidente de la Asociación quien nos da un dato para hacernos una idea: “El traslado a España de cada niño cuesta alrededor de 700 euros”.

La Asociación trabaja todo el año preparando ‘Vacaciones en Paz’. Cualquier familia que se plantee participar tiene el formulario de inscripción a un clic en la página web. Pero hay un proceso. Por lo general, la Junta de Andalucía ha estipulado como requisitos fundamentales que la persona que decida acoger temporalmente a uno de estos niños no sea mayor de 65 años, no estar inmerso en un proceso de adopción y, este año, “por primera vez, se ha solicitado un certificado penal para los padres y convivientes, que acredite que no hay cosas de pederastia, fundamentalmente”, nos explica Gonzalo.

Por otro lado, los trabajadores sociales de la Asociación hacen un seguimiento a las familias solicitantes, y declaran la idoneidad de dicha familia para acoger.

“NADIE ME HA ABRAZADO COMO ELLA LO HACE”

En los Ogíjares, Ana nos abre la puerta de su casa. Nos invita a conocer a su familia, que este verano, físicamente, vuelve a tener un miembro más. Tenyah guarda en sus ojos el color marrón de la arena del desierto. No nos conoce de nada, y no duda en abrazarnos, aunque no sabe exactamente qué es un periódico y por qué hemos ido a verla. A su lado está Laura, una joven granadina de 14 años. Tenyah y Laura no tienen la misma sangre, pero la han creado a raíz de ‘Vacaciones en paz’. Este es su segundo año juntas.

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Ana, junto con sus hija biológica, Laura, y Tenyah |Autor: Román Callejón

“Mi hija quería que viniese una chica de su misma edad”, nos comenta Ana, la madre, en el porche de su casa. “Pero como nosotros somos sanitarios, la Asociación nos comentó si no nos importaba que viniese otro perfil de niño, que podría precisar de cuidados más especiales que nosotros, como profesionales, podríamos darle”. Ana le trasladó a su hija Laura el mensaje de la Asociación, y Laura ganó madurez por segundos: “Mama, que venga quien tenga que venir”, contestó a su madre.

Esta familia tardó un par de años en madurar la idea de acoger a uno de estos niños. “La decisión es parecida a la de tener un hijo. Supone un antes y un después en tu vida por el vínculo que se crea con esa persona”, explica Ana, quien se emociona al recordar el reencuentro con la pequeña Tenyah. “Nadie me ha abrazado como ella”,  afirma.

Tenyah tiene once años, y este es el tercer año que pisa Granada. Quiere ser profesora porque le gustan mucho los niños, pero ella misma matiza, con el español que ha aprendido en el colegio, que le gustan más los niños pequeños. Por eso, para Tenyah, ir al colegio es algo divertido, pese a que todos los días esta pequeña a las seis de mañana emprende su camino hacia la escuela, que se encuentra a una hora andando.

Tiene cinco hermanos. Su padre tiene camellos y su madre “trabaja” en su casa, una jaima, que han tenido que reconstruir dado el pasado octubre una lluvia torrencial provocó una inundación en el campamento. “Se quedaron sin nada. Ella, su familia y todos los que allí viven”, relata Ana, con cierta impotencia reflejada en sus ojos, que desaparece cuando mira a Tenyah.

“Cuando nos despidamos definitivamente de ella va a ser duro. Pero todos sabemos que es necesario. Ella tiene su familia allí, que la quiere con locura, y no se le puede meter otra idea en la cabeza. Nosotros estamos sembrando en ella unos conocimientos de la vida que hay aquí y, ella, cuando crezca, puede elegir su destino, como cualquier persona”, nos explica esta madre de acogida. “Cuando se va hay algo de amargura pero también de alegría porque ella no se va triste, se va contenta porque regresa con su familia”.

Esta familia granadina mantiene el contacto con los padres de Tenyah durante el resto del año. “Son muy agradecidos pero no nos piden nada más, aunque ellos saben que aquí estamos para cualquier cosa que necesiten y podamos ayudarle”, nos comenta Ana, mientras toca “el anillo más bonito “ que le han regalado. Fue un presente de su familia del Sáhara.

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El anillo que le regaló la familia de Tenyah |Autor: Román Callejón

“Me gusta mi familia. Son muy buenos conmigo”, nos dice la pequeña cuando le preguntamos qué es lo que más le gusta de Granada. Lo que no le gusta, y eso sí lo tiene muy claro, son las sopas y las lentejas. Sin embargo, el pollo con patatas le encantan.

“Me sorprende que personas con un buen nivel adquisitivo sean las familias menos receptivas en estos programas… Imagino que no lo hacen porque significa salir de la zona de confort, y eso da miedo”, nos argumenta Ana, quien recomienda esta experiencia vital. “Es abrirte al mundo, salir de cierta ignorancia. La parte material no es un impedimento porque donde comen cuatro, comen cinco”.

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Saleh y Jueira posan en familia con Loli, Aroa y Jairo | Autor: Román Callejón

A pocos kilómetros de la casa de Ana, nos recibe Loli, otra madre de acogida. Nos sorprende ver en el patio a cuatro gallinas. “Las tenemos porque uno de nuestros niños de acogida nos dijo un día que desperdiciábamos mucha comida”, me explica Loli, quien no entendía a que se refería el pequeño, ya que es una familia numerosa, concienciada con este asunto, y no compartió su opinión. “Sí… La piel de las verduras las tiráis. Eso hay que dárselo a las gallinas”, le respondió el niño. Loli le hizo caso, y ahí están las aves.

Saleh, un niño saharaui sube a recibirnos. Es tímido, pero si le pides un beso sales ganando porque te planta el beso y te regala un abrazo. Allí, al fresquito, están sentados Jairo y Aroa, los dos hijos de Loli; y Jueira, otra niña saharaui que también pasará el verano con esta familia. Falta el padre, que al igual que el marido de Ana, no ha podido acudir a esta entrevista por motivos laborales.

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Loli tiene ya experiencia en esto de la acogida temporal. Este es el décimo año que participa en ‘Vacaciones en paz’ y lo seguirá haciendo hasta que pueda porque es una de las experiencias más gratificantes que está viviendo ella y su familia. “Siempre he tenido un espíritu solidario”, nos comenta Loli cuando le preguntamos el motivo que la llevó a ella y a su familia a acoger a niños saharauis. “Esto ayuda también a enseñarles a mis hijos que hay que mirar alrededor y no estar tan apegados al consumo. Siempre me he dicho que había que hacer algo para que mi paso por este mundo sirva y deje algo bueno en él. Y esta es una buena manera de hacerlo. Con mi propia experiencia, con mi ejemplo, educo a mi familia, a mi barrio y a mi pueblo”, nos explica esta madre de acogida.

Saleh tiene problemas de corazón y además es celiaco, por lo que su estancia en Granada ayuda a su sistema digestivo. Allí, en Tindouf, se alimenta a base de arroz y legumbres. Aquí, en su otra casa, tiene una dieta más variada. “Le encantan los yogures’, nos comenta Jairo, su hermano de acogida, quien considera que tenerlos en casa ayuda mucho. “Estás con ellos, con la familia, y te olvidas un poco del ordenador y esas cosas”, nos confiesa este joven que parece que esta experiencia le ha hecho madurar y valorar más las cosas intangibles de la vida. Aroa, la otra hermana, ha hecho muy buenas migas con Juera. “Juera tiene una hermana gemela por lo que está muy acostumbrada a compartir, y eso se nota”, explica Loli. Ella estuvo el año pasado también en casa de esta familia. Es más, prolongó su estancia hasta noviembre para curar una quemadura en su brazo que le dificultaba el movimiento de éste. “Este es el último año que puede venir a España, y es algo que entristece, pero bueno”, asume Loli. A Jueira le esperan en casa ocho miembros de su familia y cuatro cabras.

Ambas familias coinciden en la palabra “generosidad” a la hora de describir a estos pequeños. “Son muy agradecidos. Siempre están dando las gracias por todo”, reflexiona Loli. “Estos niños aportan justicia social, ternura y, mucha, mucha felicidad”. Lo que le da impotencia a Loli es que estos niños tengan que venir a España para tener, por unos meses, una vida normal, lejos de la tensión que vive su pueblo. “En ese aspecto, veo cómo mis hijos son felices, inocentes, ajenos a los problemas. En cambio, estos niños conocen muy bien su historia, y es una pena que no se les olvide nada”, afirma.

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Jueira |Autor: Román Callejón

“EMERGENCIA CRÓNICA”

Además del programa ‘Vacaciones en paz’, la Asociación Granadina de Amistad con la República Árabe Saharaui Democrática tiene en marcha otras iniciativas. Con ‘Caravanas por la paz’ ayudan a familias, en situaciones de emergencia, con alimentos no pedecederos y ropa.

Otro gran proyecto de la Asociación, y único en España, es el de la comisiones médico-quirúrgicas. Profesionales sanitarios de Granada o de otras provincias, pero siempre organizados desde Granada, van a los campamentos de refugiados para ayudar. El 8 de septiembre parte una de ellas, que ofrecerá atención primaria al pueblo saharaui. Por otro lado están las comisiones quirúgicas que se desplazan a los campamentos una vez al año. El pasado año, allá por noviembre, operaron, en quince días, a 64 pacientes. “Fueron cirugías mayores como tumores, hernias y vesículas”, nos matiza el presidente de la Asociación.

Gonzalo destaca que la Asociación rehabilitó uno de los dos hospitales que hay en los campamentos. “Ahora es un hospital con buenas instalaciones, como los que hay en el primer mundo”, nos asegura.

Todas estas iniciativas ayudan a salvar o mejorar la calidad de vida del pueblo saharaui que, en palabras de Gonzalo, vive en un estado de “emergencia crónica”. “Esperemos que la comunidad internacional se de cuenta y reaccione con más contundencia para darle una salida digna a este pueblo”, desea Gonzalo.

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