Sábado, 21 enero, 2017

Granada tiene cinco meses para cumplir con los niveles de contaminación atmosférica

Una decisión de la Comisión Europea fija el 31 de diciembre como fecha límite para cumplir con los niveles de NO2 en atmósfera | El tráfico rodado junto al clima y topografía, principales causas del suspenso

'Boina' de polución sobre Granada.


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A Granada se le acaba el tiempo. Los niveles de contaminación que presenta la ciudad son objeto de evaluación más allá de Sevilla o Madrid. En materia de medio ambiente, y en este caso concreto de la calidad del aire atmosférico, es Bruselas quien dicta los objetivos europeos, los plazos para cumplirlos y las consecuencias caso de no hacerlo.

Granada “tiene dos asignaturas pendientes”. Así lo relataba a este medio Lucas Alados, Catedrático de Física de la Atmósfera de la UGR e investigador de la materia en el CEAMA. Esas dos asignaturas son las partículas PM10 y el NO2, contaminantes cuyo origen está en la mente de todos los granadinos, especialmente en el caso del NO2: el intenso tráfico rodado que, ayudado de la idiosincrasia climática y topográfica de la zona, dan como resultado que Granada figure en las primeras posiciones de ciudades más contaminadas de España.

Sin embargo hay uno de ellos, el NO2, para el que Granada y su área metropolitana -zona conocida a estos efectos como ES0118- tiene que cumplir con un plazo impuesto por Bruselas que expira el 31 de diciembre del presente año. Una prórroga concedida en la Decisión de la Comisión Europea de fecha 14/12/2012. A partir de aquí y en caso de incumplir, sirvan los ejemplos de Madrid y Barcelona como ciudades recientemente apercibidas de expediente sancionador.

EL PORQUÉ DE LA “BOINA” DE CONTAMINACIÓN

Que Granada presente una contaminación notoria sorprende al profano en la materia: una urbe de pequeño tamaño y sin industria en los primeros puestos de ciudades con mayor polución… ¿por qué? La explicación científica la aportan desde el Departamento de Calidad del Aire de la Delegación Territorial de Medio Ambiente: tenemos “menos capacidad de carga”.

La capacidad de carga vendría a ser la cantidad máxima de contaminación que un área geográfica puede albergar sin afectación al medio y a las personas. A la inversa, es la capacidad para dispersarla. Las emisiones no son anormalmente altas en Granada pero, por sus características especiales, las concentraciones de esos contaminantes en el aire ambiente -la llamada inmisión- sí lo es. Pero, ¿en qué consiste esa confluencia de factores que nos condena a concentrar la polución?.

La primera y fundamental es la topografía. Granada se encuentra rodeada de macizos montañosos que, sobre todo Sierra Nevada, la aísla de la circulación de vientos que arrastraría libremente la nube de polución. Por el contrario, la topografía ejerce de pantalla que ayuda a la recirculación de los contaminantes. Un fenómeno que ocurre dentro de la capa de la atmósfera más cercana a la superficie terrestre, llamada “capa de mezcla”. El espesor de esta capa no es constante y varía en función de la temperatura. Es mayor en verano, cuando hay mayor temperatura ambiental y menor en invierno, cuando baja la insolación. Es por ello que los episodios de mayor contaminación se dan en invierno. A las emisiones del tráfico rodado se suman las calefacciones y esta carga se concentra en una capa de aire comparativamente más delgada.

El otro factor decisivo es climático. Granada tiene un clima mediterráneo de inviernos secos y veranos calurosos que favorece un fenómeno conocido como inversión térmica. Esta inversión es la responsable de la persistencia de esa “boina” de contaminación, que en días soleados puede verse desde cualquiera de las colinas que rodean Granada. La capa de mezcla pegada al suelo se encuentra más fría que la inmediatamente superior, que ejerce de “tapón” y no permite la mezcla entre ambas y con ello la dispersión de la nube de contaminación.

FALTA POCO PARA CUMPLIR

Así las cosas, el panorama no es tan poco halagüeño como parece. Según fuentes de la Consejería, “no es mucho lo que tenemos que bajar”. La media anual granadina está en 42 microgramos/m3, frente al límite legal de 40. En el horizonte inmediato la ciudad está pendiente de la puesta en marcha del Metro, hay un plan municipal de uso de la bicicleta, hay sustitución en las calefacciones de calderas de gas por gasoil, desde el ayuntamiento se defendió la LAC como medida anti contaminación, proliferan los taxis híbridos,…la sanción económica parece evitable.

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