Sábado, 27 Mayo, 2017

Granada celebra el Día Mundial Sin Juegos de Azar

La Asociación Granadina de Jugadores de Azar en Rehabilitación pone en este día el ojo avizor sobre todo en menores y jóvenes puesto que la media de edad de personas afectadas por el juego patológico está ya por debajo de los 25

Máquina tragaperras


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Pasar tres días en un calabozo fue motivo más que suficiente para que Francisco Manuel pidiese ayuda de una vez por todas. Robar para conseguir dinero con el que apostar había traspasado ya la línea en su adicción al juego. Cuando le preguntamos cuánto ha perdido por jugar, en su caso a las máquinas tragaperras, póker y a la ruleta, Francisco es incapaz de dar una cifra exacta de lo descomunal que sería si atendemos a que empezó a jugar con 18 años con su grupo de compañeros de la mili. “Mi última etapa de jugador creo que llegué a perder más de 12.000 euros pero está claro que en toda mi vida ha sido mucho más”, hace balance Francisco, quien nos admite que en cuestión de minutos se ha podido gastar unos 3000 euros.

El juego le ha traído malas consecuencias no solo a nivel económico. A nivel personal y social también. “Me divorcié, perdí mi trabajo y aún debo dinero a Hacienda”, nos resume este granadino que decidió acudir hace dos años a AGRAJER para ponerle fin a esta enfermedad. Francisco se está rehabilitando y es optimista pero las tentaciones siguen estando presentes en su día a día aunque intente apartarse del juego y controlarse: “Ves un partido de fútbol y tienes el anuncio de las apuestas parpadeando en la pantalla”.

En AGRAJER le están ayudando a salir de ahí. “El tiempo que antes le dedicaba a las máquinas ahora puedo dedicárselo a mi hija”, confiesa este exjugador que dice haber “recuperado la sonrisa y las riendas de su vida”.

Como Francisco, AGRAJER atiende a 127 personas. Esta asociación sin ánimo de lucro lleva trabajando contra las adicciones no tóxicas desde 1991 y desde 2015 funciona también como Centro Sanitario Autorizado por la Consejería de Salud y Bienestar Social

DÍA MUNDIAL SIN JUEGOS DE AZAR

Para esta asociación, ubicada en Cenes de la Vega, lo primario en este día es informar y sensibilizar a la población “porque las adicciones al juego están más cerca de nosotros de lo que pensamos”, comentaba ayer la secretaria de AGRAJER, Inma Cuesta, cuando informaba a los medios sobre la importancia de este día.
Y es que en Granada se estima que más de 11.000 personas tienen problemas de juego patológico y 22.000 personas se encuentran en alto riesgo adictivo.

El juego patológico es una enfermedad y no un vicio como parte de la población a veces califica. Y es una enfermedad que afecta al paciente, sí, pero se convierte en un “huracán” que arrasa el núcleo familiar. Bien lo sabe Inma Cuesta, la secretaria, porque su marido, el actual presidente de AGRAJER, fue jugador en el pasado. Por eso, cada vez que Inma traslada a los periodistas la importancia de este día, la importancia de ser sensibles y de dar visibilidad a estas “personas que hay detrás de las cifras”, se emociona al recordar lo duro que ha sido ser testigo directo, junto a su hijo, de esta enfermedad.

EL JUEGO ALCANZA A MENORES

Según las estadísticas y los datos facilitados por la propia asociación y los de la Delegación de Igualdad, Salud y Políticas Sociales de la Junta, este problema ya no es solo asunto de personas adultas. El rango de edad de las personas con adicciones al juego ha bajado notablemente en 6 años. Si en 2009 la media se situaba por encima de los 30 años, ahora lo hace por debajo de los 25.
Estos datos se vuelven más preocupantes cuando se está demostrando, a través de encuestas y formularios a menores, que niños y niñas granadinos menores de 16 años ya juegan a lotería, rascas y quinielas.

Estos datos pertenecen a un programa apodado “Cubilete”, que AGRAJER se ha encargado de llevar, desde hace diez años, a centros educativos de la provincia al entender que en los pueblos el ocio juvenil estaba más limitado y los chicos podían tener más posibilidades de desarrollar adicción por las tragaperras al acudir a los bares.

Ese programa se ha trasladado este año a la capital, y la semana pasada presentaban los resultados. Las encuestas en los dos centros educativos de enseñanza secundaria se han realizado entre 244 niños de 12 a 16 años. De dicho estudio se desprende que el 58% de los encuestados aseguran que juegan a loterías, rascas o quiniela (algo que está prohibido a menores de edad). El 45% de esos 244 alumnos dice haber apostado dinero y el 8,3% presenta predisposición a padecer una adicción a los videojuegos por pasar más de dos horas dedicados a esta ocupación. Además, el 16% dice que sus padres desconocen en qué páginas consultan.

Este último porcentaje entra dentro del lote de recomendaciones que AGRAJER hace. El control de los padres o de algún adulto sobre un menor que tenga móvil o acceso a Internet. “Un móvil en la mano de un niño es una bomba de relojería”, explicaba Inma Cuesta, quien valoraba como “innecesario” que los menores tuvieran móviles de última generación sin ser mayores de edad. En esta era tecnológica en la que vivimos ya no nos sorprende ver a un menor con un móvil pero, en ese caso, la asociación advierte del peligro de dejar a un niño solo ante todo el abanico de juegos y apuestas que hay en la red.

“Yo es que no entiendo a esos padres que dejan a los niños con la tablet por tal de que no molesten”, comentaba Julia, una ciudadana que acababa de recoger un folleto informativo de AGRAJER en el stand instalado en la Fuente de las Batallas. Ella es consciente de esta enfermedad porque dice haber vivido un caso cercano, y siente empatía con los miembros de esta asociación porque sabe que es “complicado y duro”, expresa mientras hojea el folleto.

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