Gente buena, buena gente casi siempre

Dice un famoso verso de Antonio Machado: “soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”.
La cita de Machado viene al caso porque creo que necesitamos un encuentro con la palabra bondad. Y es que la palabra bondad, como dice el poeta granadino Luis García Montero, tiene un buen uso, con el sentido más humano de la vida.
Por tanto, en este mundo conviene buscar palabras que permitan nuestro propio reciclaje, desde el H-alma, sin virus ni bacterias, sin palabras trágicas y con palabras mágicas que curan y cuidan. Por ello, el nivel de transparencia y el nivel de integridad son básicos para la mejora y el cambio, como dice el poeta granadino. Y la realidad nos dice que una organización comienza a morir cuando vive de los mediocres leales y prescinde de los brillantes críticos. Cuantas organizaciones viven de la mediocridad y la chapuza!
 
Y es que nuestras creencias se convierten en nuestros pensamientos, éstos se convierten en nuestras palabras, nuestras palabras se convierten en nuestras acciones, nuestras acciones se convierten en nuestros hábitos, éstos se convierten en nuestros valores. Y nuestros valores se convierten en nuestro destino. Y por ello, decimos una y otra vez que podemos decidir lo que pensamos. Y que los pensamientos moldean las emociones. Yo decido y yo elijo. Por eso, en ello está uno de los aspectos a reforzar.
Y en ese entorno, la ética, el compromiso o la confianza son valores que se generan en el día a día, en lo ordinario, en el quehacer laboral, en la vida y éste es el entorno que genera brillantes críticos. La ejemplaridad resulta hoy más que nunca un imperativo de las organizaciones. El ejemplo es básico y fundamental. Y por tanto la bondad discreta y cotidiana lucha contra la chapuza y la mediocridad, tan presente en nuestros días.
Ser un ejemplo de coherencia entre lo que se propone y la manera de conseguirlo es clave en la honestidad de quien lo hace. Ser ejemplo para poder marcar el camino, es porque el ejemplo no es lo principal para influenciar a otros: es la única cosa. Y todo ello nos permite hablar de confianza. Todos nos equivocamos, no hay nadie infalible, pero si alguien quiere crecer, debe aceptar que comete errores. Es una cuestión de humildad, una de las grandes dimensiones faltantes entre nuestros directivos/as.
La crítica constructiva siempre enriquece y genera empatía. Nos hace humanos y nos acerca a los demás. La relación entre la crítica constructiva y la humildad es evidente. Y es que la humildad es la clave. Si la ejercemos, somos más atentos, escuchamos, tomamos decisiones con templanza, cuidamos las palabras (tan importante y tan poco valorado entre los jefes) y aprendemos. Con ello, somos más capaces de servir a los demás (aspecto imprescindible de un buen liderazgo) y reaccionamos menos a nuestro ego: servir más, mandar menos.
A ello, hay que añadirle que saber convencer a los otros es una de las habilidades más deseadas en el ámbito profesional y personal. Es deseable un espíritu de servicio. Y todo ello implica humildad. La humildad pasa por escuchar y aprender de los demás, rasgo fundamental para crear y tener un papel creíble en un equipo.
El conocimiento de las propias limitaciones y debilidades abre las puertas a una humildad sincera. Implica dar ejemplo. Y en la búsqueda de las mejores personas, de los mejores profesionales, es importante buscar tres cualidades: integridad (la básica y fundamental), inteligencia y energía. La honestidad debe ser la base fundamental, en la que supone también la coherencia como referencia que vertebre nuestra acción. Cuando alguien del equipo ha hecho un buen trabajo, debemos asegurarnos de que lo sepa. No hay cosa más estimulante que un reconocimiento sincero por un trabajo bien hecho para hacerle crecer, retarle y emocionarle, desde el respeto y el plus que supone el ‘salario emocional’.
 
La importancia de mucha comunicación con el equipo, basado en valores como la ética, la transparencia y la cercanía, la austeridad, y siempre priorizando el bien común son fundamentales. Esto es algo que uno puede aprender cuando juega a fútbol, un deporte basado en el trabajo en equipo, el esfuerzo y la motivación; y donde el compromiso, la pasión y el talento son necesarios. Otra clave es el sacrificio. Es importante aprender a caerte y volverte a levantar.
Además de la honestidad, la comunicación, la humildad, el ejemplo, la coherencia, la ética, el compromiso, el respeto y la integridad, el espíritu de sacrificio y la capacidad de superación también son dos activos muy importantes.
Se trata, pues, de fomentar esos valores. Ir más allá en las cualidades personales es básico. La reputación de una marca personal hoy en día puede incluso observarse hasta en las redes sociales, porque tener una presencia digital de acuerdo a unos parámetros morales correctos no es algo menor en nuestros días. Trabajémoslo con autocrítica constructiva. Es necesario, casi imprescindible. Siendo siempre buena persona para ser cada día mejor profesional. Gente buena es buena gente casi siempre.