Jueves, 25 Mayo, 2017

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Fundación Agua de Coco: “Tenemos la oportunidad de ayudar a casi 30.000 personas”

La ONG granadina lleva más de 20 años desarrollando proyectos humanitarios en Camboya y Madagascar | Lo que empezó como el proyecto personal de un veterinario granadino ha terminado por suponer "una gran mejora" en las condiciones de vida de miles de personas que se encuentran al otro lado del mundo

Eva Rodríguez, gerente de la Fundación Agua de coco


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Entre las pocas, poquísimas conclusiones positivas que se pueden extraer de esta crisis que sigue pegada a la sociedad granadina, se encuentra la fuerte red social y colaborativa que ha permitido a muchas familias seguir adelante. Es una solidaridad que no se queda atascada en lo local, en lo nacional, más bien al contrario: “viendo necesidades dentro de tu casa te haces mucho más sensible a que esas problemáticas están en otras partes del mundo y a colaborar”. Lo explica Eva Rodríguez, gerente de la Fundación Agua de Coco, una ONG granadina con dos décadas de proyectos a sus espaldas. 

Para Rodríguez, es en estos tiempos cuando más aflora la empatía de la gente, la voluntad por ayudar; esa fue la inquietud del fundador de la ONG, un veterinario granadino que un buen día fue a Camboya para intentar cambiar las cosas. Y a fe que lo ha hecho, por lo menos para un buen puñado de miles de personas. De esas personas, de los proyectos de la Fundación y de la importancia de participar, trata esta entrevista… 

Voy a ser poco original. ¿Por qué Agua de Coco?

Nosotros empezamos a trabajar en Camboya en el año 1994. En aquel momento la situación en aquel país era de posguerra, después de que los Jemeres Rojos asolaran el país estábamos en un momento bastante grave en el que el agua de coco se utilizaba porque no había ningún tipo de recursos médicos ni nutricionales; es un agua muy rica que está llena de nutrientes y se utilizaba para la alimentación y en sustitución del suero. Nos quedamos con esa idea: agua de vida, agua que te ayuda a renacer.

¿Cómo surge la idea de empezar a trabajar en Camboya, un país tan lejano?

Es una historia personal, la aventura de Jose Luis Guirao, nuestro presidente, que tenía el gusanillo de la cooperación. Hace 20 años todavía no se hablaba tanto de cooperación como ahora y él, que era veterinario, buscó la posibilidad de irse a otro país a ayudar y encontró esa posibilidad a través de una asociación de Veterinarios sin Fronteras, que tenía un proyecto sanitario para animales.

A partir de ahí empezó construyendo un proyecto social y familiar en el barrio donde vivía.

Que no debió de ser fácil…

La situación de Camboya era dramática, hubo un genocidio… la sociedad no tenía ningún tipo de recursos. Él empezó como veterinario pero vio que la necesidad social de los niños de la calle le sobrepasaba. Poco a poco fue dedicando más tiempo a eso que a su labor profesional.

Nos quedamos con esa idea: agua de vida, agua que te ayuda a renacer

Por cierto, ¿cómo ha cambiado en el mundo de las ONG en estas más de dos décadas?

Muchísimo. Radicalmente. Como organización, para nosotros ha cambiado muchísimo porque hemos pasado de una asociación familiar, centrada en la figura de una persona, de sus amigos y familia, que con el tiempo se ha ido profesionalizando, se ha ido haciendo más seria y ha ido haciendo un esfuerzo de transparencia y coherencia. En aquel momento éramos unos 200 ó 300 socios y ahora estamos en unos 1.600 personas apoyándonos todos los meses, que es una cantidad importante. Ahora tenemos la oportunidad de ayudar a casi 30.000 personas en varias partes del mundo.

También ha aumentado el equipo técnico, la contabilidad, las auditorías… todo el proceso de trabajo para garantizar lo que hacemos.

Todo se ha profesionalizado.  

Se ha hecho más riguroso porque también se ha hecho más grande. En los primeros tiempos era una estructura pequeñita y familiar y la gente confía porque es tu primo, tu… Ahora que somos una estructura un poco más grande que nos permite ayudar a más gente, también nos obliga a rendir cuentas de una manera mucho más rigurosa.

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Rodríguez, en la sede de Agua de Coco

 

¿Existe espacio para la solidaridad allende nuestras fronteras en este contexto de crisis?

Nosotros no tenemos queja. La ‘gente del coco’ es muy solidaria y se motiva muchísimo, tal vez más en un contexto de crisis. Mi experiencia personal ha sido siempre positiva, no he sentido para nada esa necesidad de la gente de: “ahora quiero ayudar a los de dentro”, más bien al contrario. Viendo necesidades dentro de tu casa te haces mucho más sensible a que esas problemáticas están en otras partes del mundo y a colaborar.

En este caso los granadinos son sensibles a lo que pasa fuera.

Nuestra experiencia es muy positiva y como llevamos 20 años aquí, los granadinos son muy cercanos a Madagascar y la gente conoce la labor.

Tenemos siete delegaciones en toda España: Madrid, Tarragona, Barcelona, Asturias, Ciudad Real y Valencia, es un voluntariado que ha ido conociendo el proyecto, que quiere apoyarnos y que se reúne en su barrio, en su casa para hacer actividades apoyando a Agua de Coco.

¿Cómo ha cambiado la difusión y gestión de la solidaridad en la era de las redes sociales? Supongo que ha sido una pequeña revolución para vosotros.

¡Sí, muchísimo! Las primeras cartas al terreno eran a mano, las facturas tardaban tres meses de correo… otros tres meses de vuelta para esperar la respuesta. Ha cambiado radicalmente la relación con Madagascar y con Camboya, con el terreno, más que la comunicación en España, que también, pero sobre todo la fluidez de la relación con la gente a la que cuidamos y ayudamos. En un minuto tienes noticias de ellos; si pasa algo malo lo sabes ya y si pasa algo bueno lo sabes también. Tienes una capacidad de reacción muchísimo mayor a cualquier necesidad.

¿Cómo le explican a la gente que el proyecto es importante y que es necesario implicarse?

Eso no ha cambiado tanto porque seguimos siendo una entidad familiar. Nuestros socios siguen siendo gente, la mayoría, que nos conoce y que son socios sus primos, sus hermanos… hay un compromiso real.

Otra de las vías fundamentales es el programa de voluntariado internacional, con toda la gente que visita el terreno y conoce el proyecto y la cantidad de cosa que se hacen allí, lo normal es que se vinculen al proyecto ellos y sus familias. Es un efecto multiplicador.

La ‘gente del coco’ es muy solidaria y se motiva muchísimo

Más que nunca, una red social de verdad.

¡Sí, de las de toda la vida!

Madagascar agua de coco

Uno de los proyectos que la Fundación lleva a cabo en Madagascar

 

A todo esto, ¿qué tipo de persona es la que se anima a colaborar? ¿Tienen algún perfil específico?

Simplificando muchísimo, la última estadística dice que el perfil es el de una chica de entre 30 y 40 años con una profesión en el ámbito de lo social viviendo en una ciudad media-grande. Ese es el perfil estándar, dentro de eso hay mil cosas.

¿Cómo se forma un voluntario?

Para mí tiene dos pasos. La primera es la formación institucional, de conocer a la entidad en la que te involucras y estar de acuerdo con ella, porque parece una cosa muy obvia pero cada entidad tiene su manera de hacer.

Por otro lado, el tener la formación específica en la tarea que realices. En nuestro caso, como son tareas muy genéricas, creo que ahí lo más importante que hay que aprender es el contexto en el que te mueves. Si hablamos de trabajar con menores en exclusión social o con niños que han sido trabajadores de las minas, lo importante es ir atendiendo esa realidad para poder ayudarles con respeto y dignidad.

Me comentaba antes que es importante estar en sintonía con la filosofía de la asociación. ¿Cuál es la suya?

Nos gustan las cosas positivas, sencillas, alegres y rápidas. Somos una ONG que intentamos caracterizarnos por la creatividad y la flexibilidad: hacer ideas innovadoras, abrirnos a las ideas de los demás y hacerlo hoy, no tardar un mes en reflexionar, otro mes en escribir el proyecto…

Nos gustan las cosas positivas, sencillas, alegres y rápidas

Me decía que comenzaron en Camboya y que también trabajan en Madagascar, ¿por qué este país africano?

Fue un salto de casualidades. Después de 4 ó 5 años en Camboya, cuando el proyecto social ya estaba bastante estabilizado con el tema de la reinserción de familias en la calle, pues José Luis empezó a buscar nuevos retos y manera de apoyar. Se fue a Ruanda, de donde tuvo que salir, saltó a Comoras y de ahí a Madagascar.

En la zona de Madagascar en la que estamos ahora encontró un clima bastante similar al de Camboya, una población con unos problemas que eran equiparables donde el proyecto que habíamos puesto en marcha de reinserción de familias tenía sentido volverlo a poner en marcha allí.

¿Cómo funciona ese programa de reinserción de familias?

Ese fue el primero que iniciamos y hoy ya está un poquito más evolucionado; pero en ese caso pues era ayudar a familias en la calle, sobre todo mujeres con varios hijos a cargo. Durante unos meses se las registraba en un centro de formación, se les daba capacitación profesional y se les daba enseñanza primaria a los niños. Al final del periodo se les ofrecía un terreno, una casa y un pequeño kit de material en función de la formación que hubieran recibido (costura, albañilería)

Durante unos años se hace un seguimiento social de esas familias para confirmar que siguen viviendo allí, que han conseguido sacar adelante a la familia…

En Madagascar seguimos teniendo contacto con estas familias y ha habido un salto radical de calidad de vida y desarrollo, dentro del contexto que tienen de pobreza. Pero son familias que tienen su casa, su trabajo… hablamos de la nieta y biznieta de las mujeres que fueron atendidas en su momento.

¿Y ahora qué proyectos desarrollan?

Tenemos tres líneas de trabajo: educación, la inclusión social y el medio ambiente.

En el tema de la educación trabajamos luchando contra el trabajo infantil porque hay zonas en las que estamos en las que había muchos niños trabajando en minas. Allí hemos creado escuelas en las zonas en las que no había y cuando sí hay escuela, apoyando al sistema público educativo, porque entendemos que es el gobierno el que tiene la responsabilidad.

En la parte de inclusión social ahora estamos muy centrados en la lucha contra la malnutrición. En Madagascar, al igual que en Camboya, la situación de malnutrición es bastante grave y estamos haciendo un programa que tiene una alimentación básica a través de comedores escolares o sociales que se están reforzando con complementos nutricionales naturales. Además tiene un seguimiento socio familiar y un apoyo médico en los casos que sea más necesario.

En Camboya, además, tenemos un programa de reinserción de mujeres a través de la artesanía.

Y la parte medio ambiental porque en Madagascar trabajamos en un entorno particularmente rico, es espectacular. Es una zona Reserva de la Biosfera que está viviendo una deforestación bastante grande por la presión de la población. Allí estamos haciendo un programa de recuperación ambiental de la costa, de los manglares y del bosque espinoso y por otro lado, una sensibilización muy fuerte para ir transmitiendo cuál es el impacto en el medio ambiente de nuestras acciones diarias.

Hay zonas en las que estamos en las que había muchos niños trabajando en minas

¿Y quién quiera colaborar? ¿Cuáles son los mecanismos?

Aquí todo el mundo es bienvenido así que lo primero es visitarnos. Por un lado hay un programa de voluntariado tanto nacional como internacional. Todos nuestros proyectos están abiertos a cualquiera que quiera conocerlos, participar y colaborar y de esa manera empaparse un poquito de la realidad de eso lugares.

Pero lo que de verdad nos es útil son las personas que se hacen socias, personas que tienen una cuota mensual, por pequeña que sea, es lo que verdaderamente nos ayuda a seguir adelante. Aunque también tenemos algunas subvenciones públicas y privadas, los socios son los que nos dan estabilidad y nos permite invertir en proyectos que creemos buenos, independientemente de cómo esté la política y de lo que se lleve de moda financiar; nosotros invertimos en lo que de verdad hace falta porque tenemos 1.600 personas detrás que, con su cantidad chiquitita, todas las semanas, nos apoyan.

¡Además! Tenemos varias campañas a lo largo del año y la que ahora queremos saca adelante es una iniciativa para poder financiar la escolarización de los niños ahora en septiembre. Queremos que vuelvan al cole 1.600 niños, entonces el cálculo que hemos hecho es que por 10 euros al año, un niño se escolariza completamente: material escolar, matrícula, actividades… Entonces, estamos rifando un viaje para dos personas a Madagascar con todos los gastos pagados. Si conseguimos vender todas las papeletas, podremos mandar al cole a todos los niños.

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Concierto ofrecido por jóvenes de Madagascar

 

¿Cómo es la transparencia en una ONG como la suya? Porque entiendo que es fundamental que la gente sepa que lo que aporta llega a su destino.

Para nosotros la herramienta fundamental es el voluntariado internacional. Las puertas están abiertas siempre tanto en Madagascar como en Camboya, cualquier puede ir y hablar con el profesorado y cualquier duda que tenga, se resuelve sobre la marcha. Eso es nuestra bandera.

Pero aparte, nos basamos a nivel de Ministerio; estamos auditados todos los años por una empresa externa y eso se presenta al Ministerio de Asuntos Exteriores.

 Todos nuestros proyectos están abiertos a cualquiera

¿Cuáles son los retos, proyectos a los que se enfrentan en los próximos años?

De aquí a unos meses lo que tenemos en marcha es una gira deportiva. En Agua de Coco se nos conoce mucho por una coral de niñas que vienen de Madagascar y son beneficiarias de nuestros proyectos; hacen una gira de conciertos todos los años para dar a conocer la situación con la que trabajamos. Después de muchos años de giras artísticas con el grupo de góspel, este año tenemos la oportunidad de traer una gira deportiva. Tenemos a las cadetes de la escuela sociodeportiva del Real Madrid. Hemos decidido traerlas a España en una gira deportiva y van a tener la oportunidad de compartir convivencia y torneos con otros equipos de fútbol. Será en la Navidad de este año.

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