Miércoles, 13 Diciembre, 2017

            

Física para el año 2070

Estación de Tren de Granada | Autor: Archivo GD
Ramón Ramos


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En clase de Física el profesor planteaba un problema de difícil resolución para los que vocacionalmente apuntábamos a Letras: “El tren A sale de la estación B con destino a la ciudad X a una velocidad de 100 kilómetros por hora al mismo tiempo en que el tren C sale de la ciudad X a una velocidad de 150 kilómetros por hora. Averiguar en qué punto kilométrico se cruzarán ambos trenes”.
He evocado este problema de mi juventud en Cuarto del Bachillerato antiguo, finales de los años 60, cuando el lunes me eché a la cara el ‘Ideal’ del día, que informaba del propósito de la Junta que recupera el proyecto de tren entre Granada y Motril. Al parecer, el proyecto está incluido en el Plan de Infraestructuras que el Gobierno andaluz -que tanto vela por nosotros- elabora para el horizonte 2017-2020. Y, en cualquier caso, se trata de retomar una idea esbozada en 2006 por el entonces consejero Gaspar Zarrías, que así lo habló con ocasión de la celebración de Fitur, ese invento de la hostelería madrileña que concita en la capital a concejales llegados de los municipios más recónditos en el milagro de llenar los hoteles de Madrid en lo más bajo de la temporada turística.
El lector avisado ya habrá advertido que desde aquella Fitur de Zarrías en 2006 a este lunes de ‘Ideal’ han pasado diez años que en enero serán once. Es decir, la Junta ha dejado que transcurran diez años -once, para ajustarnos más a la realidad- para trasladar al papel un proyecto esbozado como inminente por el consejero de entonces. Recuerdo que un candidato de aquellos tiempos me habló entusiasmado de las posibilidades que abriría la entrada en servicio del ferrocarril de la Costa: “Habrá gente que vivirá en Motril, vendrá a trabajar por la mañana a Granada y se volverá por la tarde” en busca de la calidad de vida que prometían las brisas a la orilla del mar. Es que en la ensoñación de Zarrías hasta se hablaba del tiempo a emplear en el trayecto: entre 35 y 40 minutos.
Ignoro si el candidato, embriagado en la promesa del inminente tren, adquirió pisito en Motril, porque al poco tiempo se fue de Granada. Mientras encuentro el tiempo para preguntárselo, se me ha ocurrido -ahora que el Informe PISA deja en mal lugar al sistema educativo andaluz- una actualización de aquel viejo problema de Física que martirizaba a los vocacionales de Letras como yo. Una adaptación al siglo XXI diría más o menos así: “La Junta proyecta poner en servicio un tren que unirá Granada y Motril y para trasladar la idea a un documento de trabajo tarda diez años. Durante ese tiempo, la Junta ha empleado más de diez años en poner en servicio -parece que ahora sí- los dieciséis kilómetros de vía entre Armilla y Albolote que constituyen el trazado del metro de Granada. Considerando que este proyecto de ahora tenga su ‘minuto uno’ en el anunciado año 2020 -que ya es un acto de fe y teniendo en cuenta que entre Granada y Motril hay una distancia de 68 kilómetros, averiguar en qué año estará en funcionamiento el tren de la Costa”.
A mí -que me suspendían en Matemáticas- me sale más allá del año 2070 el feliz día en que los nietos y biznietos de usted que me lee asistirán al advenimiento del tren inaugural, cargado de consejeros, alcaldes, concejales y demás parafernalia. Para esa luminosa mañana de 2070 y si el cambio climático permite que lleguemos a ese día, ya se habrán disipado las polémicas más que probables que acompañarán al proyecto: ¿tren soterrado por los cañaverales de Motril?, ¿anfibio al atravesar la presa de Rules?, ¿se queda Órgiva sin parada?, ¿la estación va aquí o cien metros más allá?… Y así, sucesivamente… Que no toda la culpa es de la Junta, oiga…

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