Martes, 28 Marzo, 2017

Faltó suerte, sobró un error

El conjunto rojiblanco perdió en Mestalla su cuarto partido de la temporada al borde del descuento y tiró por tierra un enorme trabajo ante el Valencia

Manuel Herrera @manuelherrerapr


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El Granada mostró su mejor imagen como visitante en lo que va del año 2014. Después de varias salidas marcadas por la apatía futbolística, la ausencia de gol y el regreso a casa con la mochila vacía, los rojiblancos mudaron su piel y corrigieron los dos primeros puntos de la lista. Eso sí, en cuanto a lo que a puntos contantes y sonantes se refiere, el resultado volvió a ser el mismo que en Cornellá, el Bernabéu y Almería.

El fútbol castigó los errores del Granada después de un partido en el que Alcaraz y sus hombres estuvieron a la altura, no se amedrentaron, metieron la pierna y jugaron la pelota sin complejos. El Valencia, un equipo en franco crecimiento, se topó con un rival que le plantó cara, que no puso la alfombra para dejar paso a Pizzi y a sus hombres y que se creyó de verdad que era posible puntuar en Mestalla.

TRANQUILIDAD Y VUELTA DEL VISITANTE INCÓMODO

La victoria sobre el Betis y la renovada distancia con respecto a la zona de descenso parecieron calmar al Granada, que dejó los temblores en el vestuario y recuperó su personalidad. Los rojiblancos juntaron las líneas, apretaron los dientes y ahogaron el fútbol de un Valencia rabioso, pero incapaz de morder; anulado por la presión y por la organización defensiva de su rival.

El Granada volvió a ser el visitante que se llevó los puntos del Ciudad de Valencia, Vallecas o Elche, e incomodó hasta el límite de la desesperación al conjunto de Pizzi, impotente por no poder entrar en las profundidades de la parte rojiblanca del campo. Tan solo un par de acciones desgraciadas tumbaron el aparentemente sólido sistema defensivo de Alcaraz.

En la primera, los nazaríes tuvieron la mala fortuna de encajar un gol en fuera de juego. Alcácer remató ligeramente adelantado el centro de Feghouli. El tanto que espoleó al Valencia jamás debió subir al marcador. Eso sí, el error arbitral se compensa con el que cometió el colegiado a favor del Granada en la primera parte, cuando obvió señalar un claro penalti de Brayan Angulo por una mano dentro del área.

En la segunda acción, solo en parte se puede hablar de mala suerte. Es cierto que la jugada es una desgracia futbolística, pero, como se empeñó en recalcar Alcaraz en la rueda de prensa, la falta era evitable. También el toque hacia atrás en el primer palo. En ambos casos, Pereira falló e hizo añicos el valioso punto que, desde hacía media hora, los rojiblancos llevaban envuelto en un paño.

BUEN PARTIDO DE PITI Y DEBUT ACERTADO DE COEFF

Piti es el gran beneficiado del paso por La Manga. Al menos, así lo atestiguan sus dos últimas actuaciones y el agravio comparativo que se genera entre éstas y las cuatro o cinco anteriores. El atacante catalán no solo volvió a marcar, sino que dejó atrás al jugador ausente y en un aparente estado depresivo para participar mucho más en el juego, colaborar de forma intensa en defensa y liderar a sus compañeros como se espera de él.

Por su parte, Alexander Coeff demostró que puede jugar en Primera División. El francés cumplió con la máxima que se le debe exigir a un central: no cometió errores. Quizá, abusó del desplazamiento en largo cuando tuvo la pelota en los pies, pero esa circunstancia forma parte del entendimiento de un encuentro en el que no cabía la posibilidad de hacer regalos si el Granada quería puntuar.

Tanto Piti como Coeff destacaron, pero anoche todos los hombres del Granada se marcharon de Mestalla con la mirada alta, castigados por el fútbol por cuarta vez sobre la bocina en esta temporada, pero conscientes de que la idea y la puesta en práctica de la misma había sido la correcta. Faltó suerte, sobró un error.

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