Domingo, 17 Diciembre, 2017

            

Evocando el ‘Camping-Mótel’

Camping-Motel Sierra Nevada
Ramón Ramos


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Asistimos en estos últimos días del verano a la desaparición de un elemento clave e imprescindible en la Granada estival de los años 60, que ha proyectado la sombra de su recuerdo hasta entrar por derecho propio en la memoria sentimental y colectiva de los granadinos: el Camping-Motel Sierra Nevada, o ‘Camping’, como se le conocía en modo reduccionista que designaba el todo por la parte, en lo que entonces era la lejanísima carretera de Jaén, tan lejana que la empresa disponía de un servicio-lanzadera de furgonetas que partían del Triunfo cada media hora para acercar a los clientes hasta su piscina.
Sí, se trataba de un motel de carretera, de esos que tantas veces hemos visto en las ‘road movie’ pero en su tiempo de inauguración, a mediados de los 50, era tan novedoso que los usuarios colocaron una tilde en la pronunciación de su nombre, el ‘Camping Mótel’ que perviviría durante generaciones. Para su apertura, sus promotores tuvieron que pedir permiso al Arzobispado, que autorizó el baño conjunto de mujeres y hombres. Hasta entonces, en la piscina del Estadio de la Juventud, gestionada por la Falange, lunes, miércoles y viernes se bañaban los hombres y martes, jueves y sábados, las mujeres; los domingos, todos a misa.
La piscina del Camping ocupa un sitial destacado en el centro del despertar sexual de la generación que en los sesenta pasó de la infancia a la adolescencia y primera madurez. En su piscina convivía la represión impuesta por el nacional-catolicismo de la época con el aluvión de turistas, franceses en su mayoría en los primeros años del desarrollismo español. Y la visita al Camping garantizaba unas buenas ‘raciones de vista’ sobre los pioneros biquinis, cuyo uso era objeto de prohibición en las piscinas que pronto abrieron en Granada, en la estela del éxito comercial de esta del ‘Camping Mótel’ donde no se podía vetar la vaporosa ‘biprenda’ porque sus extranjeras usuarias eran, a su vez, clientes del motel o del camping.
Al Camping le siguieron las piscinas Miami -un cartel anunciador asoma todavía en un mural abandonado al otro lado de la Circunvalación, en el camino de Purchil, donde se abrió-, la Paraíso, la Nevada, la Neptuno, donde está ahora el centro comercial, que la voz popular rebautizó: ‘Neptupno’. ¡Hay que ver lo difícil que es pronunciar ‘Neptupno’! Pues en aquella Granada no se llevaba la regla de la ‘economía del lenguaje’: Neptupno.
La desaparición del Camping toca de lleno en el paisaje sentimental de la memoria de varias generaciones de granadinos. Sus promotores supieron durante años adaptarse a la evolución del negocio y sus instalaciones fueron ampliándose sucesivamente con pistas de tenis y ‘paddle’ y hasta un pequeño coso taurino donde algún valiente espontáneo vivió revolcones de intensidad variable. Punto de encuentro en celebraciones y convivencias para grupos variados que inevitablemente en sus visitas evocaban aquellos baños de verano, cuando el ‘seiscientos’ todavía no había llegado a todos y las playas de Granada eran cosa de ricos y quedaban muy lejos.
Por el umbral del corazón ha regresado esa piscina y aquel tiempo que hoy solamente puede ser un buen recuerdo que asomó por el umbral del corazón. Vino del fondo del pasado y a su lugar ha regresado desde el umbral del corazón. Como dice la canción.

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