Miércoles, 18 Octubre, 2017

            

Escuchando el transistor

Foto: Archivo GD
Martín Domingo


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El primero de la mañana. Martín Ferrand y el muelle de Hora 25. La abuela Concha, escuchando a Encarna, de madrugada, mientras cosía en la mesacamilla del comedor. La expresión jonda de Velázquez Gaztelu, solemne como una siguiriya. El estado siempre inestable de la nación. Los chismes de Mariñas y el tacón de Norma Duval. Supergarcía dándole la noche al presidente chupóptero de la Federación de Vela, maestro del buen comer y catedrático del mejor beber. El festival de la canción demente de Jesús Marchamalo y aquel locutor con frenillo. El loco, desde el Guadalquivir de las estrellas: Pink Floyd y el Beni de Cádiz. Mundo Babel. Juan Carlos Ortega, el Orson Welles de Calella. José Ramón Pardo y la canción del verano: “Antonio, ¿cómo se llama tu madre? Mari Carmen. Pásamela. Hola, Mari Carmen, ¿a quién vas a votar? A los Milli Vanilli”. Gomaespuma, que me invitaron al programa la semana que se despedían y, mientras esperaba mi turno, garabateé una letrilla que Juan Luis cantó por alegrías: “Hay en el aire silencio, en el horizonte, brumas, y en las trenzas de tu pelo, girones de gomaespuma”. Los puritos de Pepe Domingo. La radio en batín de Carlos Herrera. Joaquín Luqui y El Gran Musical. Radio 80. Carlos Finaly, que nos contó porqué Sting quiso llamarse Sting. Gemma Nierga, asomada a la ventana. Morirse de risa con Nieves Concostrina. Echarse un trago en El Ambigú de Diego Manrique. El duermevela tras el almuerzo, con el viejo peluca y otros clásicos populares. La cátedra de Jorge Valdano. Poner el sábado los 40 para ver si Rick Astley ha subido hasta el 1. La Barraca de Manolo Ferreras.

La ironía y el ingenio de los monólogos de Alsina. Radio Minuto. Santiago Amón, que sabía de todo y se mató en un helicóptero. El verbo arrollador y barroco de Tito B.Diagonal. Cándida y su señorita. El abuelo Porretas y el señor Casamajó. El Pulpo y el Monaguillo. Federico, antes de los incendios. Los dardos de Ignacio Camacho. El consultorio sentimental de Elena Francis, que en realidad era un tío. Mi madre desayunando en la cocina con Luis del Olmo. Pararse a un lado de la carretera para no perder la señal de Carrusel Deportivo. La voz total de Iñaki Gabilondo. El polvo de estrellas de Carlos Pumares. Radio Exterior, que me informó en Gotemburgo de que habían liberado a Quini. COPE, donde nos gusta estar. La noche que cené en Granada con Abellán y el ciego que imita a García. José Luis Pérez de Arteaga, el hombre que susurraba a Gustav Mahler. Llevar el compás con los nudillos, mientras atardece el sábado entre flamencos y pelícanos. Los mates imposibles de Andrés Montes. Pepa Fernández, la palabra exacta y el entretenimiento inteligente. Subir a hombros a Ana para que viera entre el gentío a Joserra en la explanada de la Facultad de Ciencias. Las tertulias políticas nocturnas de la Transición. La lengua viperina de Carlos Ferrando. Fernando Onega, el hombre moderado. Garci y sus asignaturas pendientes en las tardes adolescentes de gripe y bisolvón. La voz intemporal de Modesta Cruz. El 23 F y la noche de los transistores. Esto no es Hawai, qué guay. Minuto y resultado. Fernandisco y Juanma Ortega. La radiofórmula. La atlética adrenalina de la sintonía de Radio Gaceta. Area Reservada, música con esmoquin. La madre del Marqués de Sotoancho. Chico Pérez y Javier Ares, dando la vuelta a España. La crónica negra de Manuel Marlasca. Gaspar Rosety, que cantaba los goles con el corazón, cuando la Champions era la Copa de Europa. Las sobremesas new age de Ramón Trecet. Radio 6. La tertulia de amigos de Miguel Angel García Juez, que me mandó una felicitación navideña firmada por todos. El gabinete de Julia Otero. La vida moderna de mi hermana Espe. Tris, tras, tres. Sonideros, tirado con Mar en el sofá. Mi padre en verano al volante, de costa a costa.

                 Esta es la radio de mi vida. Cada uno tendrá la suya, pero esta es la mía.  

                 El 13 de febrero no es un día cualquiera, es el día de la radio. La mañana se vestirá de fiesta y lo celebraré, como siempre, escuchando el transistor.

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