Jueves, 23 Noviembre, 2017

            

“Es muy duro ver cómo la gente te tiene miedo por tener una enfermedad mental”

Las personas que sufren algún tipo de trastorno no solo deben lidiar con su patología sino también con el estigma que impera en la sociedad sobre ellas

Los granadinos disfrutan de la comprensión y el cariño de sus compañeros en Agrafem | Foto: Sarai Bausán García
Sarai Bausán García | @Sarai_Bausan


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Suena el despertador. José Luis se prepara para el día que tiene por delante. Su jornada no diferirá mucho del de la mayoría de la sociedad salvo en un aspecto: tendrá que sobrellevar la carga del estigma que su enfermedad trae consigo. Lleva media vida conviviendo con el trastorno límite de la personalidad pero, como le ocurre al resto de personas que sufren alguna enfermedad mental, lo peor no es su trastorno, sino los prejuicios que la sociedad vierte sobre ellos.

Porque el desconocimiento reina en un mundo en el que la mínima incorrección de un mapa trazado por una sociedad que decide qué es lo común y qué no, ha hecho que en ocasiones sus vidas se vean recortadas de ilusiones y perspectivas por lo que el mundo cree que en realidad son.

“La gente debería de pararse a conocer a las personas que tienen una enfermedad mental porque el desconocimiento que hay sobre nosotros y los estigmas que se han creado hacen que en muchas ocasiones se confundan los términos de ‘psicópata’ y ‘psicótico’. Nosotros con la medicación adecuada podemos llevar una vida como cualquier otra persona”, dice secundado por el apoyo de sus compañeros de Agrafem durante una de las reuniones que realiza la asociación.

Sus vidas son realmente duras. Viéndolos por la calle, nadie imaginaría que en su persona se encuentra una lucha por seguir adelante, por superar sus miedos, sus incomprensiones, las negativas que les rodean día a día por haber recibido en la ruleta de la vida un acompañante que no eligieron pero con el que han conseguido subsistir: la enfermedad mental. Porque las circunstancias no han sido las adecuadas, pero ellos han conseguido que con un esfuerzo que solo ellos conocen, el tirar la toalla y sucumbir a lo oscuro de su mente ya no sea una opción.

En este reducido grupo de granadinos conviven personas con esquizofrenia paranoide, con trastorno de doble personalidad, con trastorno obsesivo compulsivo, con trastorno limite de la personalidad, con trastornos de ansiedad o con trastorno afectivo-emocional. Unos términos que se han cargado de connotaciones negativas a lo largo de los años pero que pocas personas se paran a descubrir qué esconden en realidad.

“Hay que tener en cuenta la historia que hay detrás de cada una de las personas que sufre una enfermedad mental”, recalca una más que luchadora Blanca. Pues bien, vayamos a conocer a algunos de los componentes de este grupo:

“TENGO ESQUIZOFRENIA, MI PADRE TAMBIÉN LO TENÍA Y SE SUICIDÓ”
A blanca le cuesta un poco mirar a los ojos. La vida no ha sido benevolente con ella y eso ha hecho mella en sus sentimientos.

Su historia comenzó desde muy pequeña, tendiendo que vivir con la esquizofrenia paranoide que sufría su padre–la que actualmente ella también padece- y con un suceso realmente traumático. “Además de esquizofrenia paranoide tengo depresión desde los 20 años y mi enfermedad es genética por parte de mi padre, que se suicidó y yo también he intentado hacerlo varias veces”, muestra sin miedos una mujer que ha tenido que pasar por mucho en la vida hasta poder decir satisfecha el tan ansiado mensaje de “ya me encuentro mejor”.

“Yo tuve una infancia muy dura porque mi padre se suicidó con 40 años y eso me marcó muchísimo. En la infancia nos ayudamos mi familia y yo trabajando mucho. Ahora soy huérfana porque se murió también mi madre”, explica Blanca a la vez que afirma que aunque todo esto le hizo sumirse en una profunda tristeza, la fuerza que le aporta compartir sus preocupaciones con sus compañeros en la asociación hace que su dolor mitigue.

A pesar de todas las dificultades que ha encontrado en el camino, que no ha sido pocas, Blanca consiguió cumplir uno de sus sueños: sacarse la carrera de Derecho. En la actualidad ha decidido no ejercer porque el estrés de una vida de abogacía no le ayudarían mucho con su estado de salud, pero ella continúa poniéndose metas, buscando convertirse algún día en lo que realmente quiere ser: una procuradora. Está decidida a ello y, como todo lo que se ha planteado en la vida, su tesón le ayudará a alcanzarlo hasta un día poder decir orgullosa “lo conseguí”.

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Algunos de los miembros de Agrafem cuentan la actividad que realiza la asociación | Foto: Sarai Bausán García

“TENGO TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Y HE CONSEGUIDO HACER LA CARRERA DE MEDICINA”
Jesús tiene 27 años y mil sueños que alcanzar. Hace 17 años, cuando tan solo era un recién estrenado veinteañero, una enfermedad se cruzó en su camino: el trastorno obsesivo compulsivo. Una patología que acabó desarrollándole un trastorno bipolar pero que no ha logrado frenar sus ganas de tener una vida como cualquier otra persona. “He conseguido hacer la carrera de Medicina y he hecho el MIR”, dice orgulloso Jesús.

Así, Jesús ha dejado a un lado su enfermedad –que gracias a los medicamentos no le impide llevar una vida corriente- para poder adentrarse en su residencia y poder trabajar como cualquier otro de sus compañeros de carrera, sin que el trastorno que padece le pueda diferenciar en ningún aspecto.

La satisfacción que se muestra en su semblante al contar su vivencia no es para menos, pues la ciudadanía no se lo ha puesto fácil a ninguno de ellos. “En la sociedad en la que vivimos existe demasiada desinformación sobre las enfermedades mentales. Es una especie de tabú. A veces, incluso, el estigma nos lo creamos nosotros mismos porque nos sentimos diferentes y eso no debe ser”, recalca mientras observa a los que se han convertido en sus compañeros de vida.

“HE SUFRIDO BULLYING EN EL COLEGIO, EL INSTITUTO Y LA FACULTAD Y AHORA TENGO UN TRASTORNO AFECTIVO-EMOCIONAL”
Pablo no es una persona muy habladora. Su historia ha hecho que no se sienta cómodo en público. Pero no le importa, hoy quiere estar en la reunión de la asociación junto a sus compañeros para contar su vivencia.”Tengo 36 años. He sufrido bullying en el colegio, en el instituto y en la facultad y ahora tengo un trastorno afectivo-emocional”, afirma sin tapujos Pablo.

Durante años, el miedo se ha instalado en su interior. Mientras los niños de su edad jugaban sin preocupaciones, él se sentía atemorizado por si otro grupo de niños decidía reunirse para pegarle y destrozarle aún más sus ilusiones. Porque es una realidad que día tras día se repite sin que la ciudadanía se conciencia de lo que realmente puede provocar en quien lo sufre.

Pero poco a poco, su medicación está haciendo que el trastorno se vaya mitigando. Su vida se ha encauzado y sus miedos empiezan a desaparecer. Solo pide que la gente conozca la situación de quienes padecen una enfermedad mental para que desaparezcan las falsas imágenes que sobre ellos se crean.

“TENGO UN TRASTORNO DE DOBLE PERSONALIDAD Y TRASTORNO PARANOIDE A RAÍZ DE LAS DROGAS”
La inexperiencia de la juventud hizo mella en la salud de Aaron y desea que eso no le ocurra a los que en el día de hoy juegan con las drogas sin saber que pueden marcarles por siempre. “Tengo 36 años y me dio un trastorno a raíz de las drogas. Me diagnosticaron un trastorno de doble personalidad y trastorno paranoide”, se presenta Aaron.

“No gestionaba bien el dinero y las dificultades con las que me encontré me hicieron recaer cada cierto tiempo y me acabaron diagnosticando un trastorno obsesivo compulsivo. Era obsesivo en el trabado, en el deporte, no me socializaba con la gente”, cuenta el joven que ha visto cómo parte de su familia se avergonzaba por ser tildado en la sociedad de “loco” y haber sucumbido a lo que la ignorancia le ponía ante sí.

Como ocurre con miles de jóvenes, Aaron acudía a los chicos que se reunían en la calle para refugiarse y encontrar apoyo, pero en lugar de llevarle por el camino adecuado le hicieron meterse de lleno contra lo que hoy lucha desde Proyecto Hombre.

Su vida ahora está planificada. Para que sus obsesiones desaparezcan, Aaron se crea programaciones en las que señala cuánto tiempo se debe centrar en cada tarea. Ni más tiempo, ni menos. No se debe pasar porque, tal y como él mismo muestra, sino se dedicaría todo el día a la misma actividad por su obsesión.

“Cuando eres consciente de que tienes un trastorno lo más importante es luchar”, recalca seguro Aaron. Y eso es lo que cada uno de ellos hace día a día junto a José, Juan Pedro, Pilar y José Luis, el resto de sus compañeros de terapia en Agrafem.

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Algunos de los asistentes a Agrafem cuentan su historia | Foto: Sarai Bausán García

Para ello, tiene un apoyo que les ha ayudado sobremanera: el de Baldomero –presidente de la Asociación- y Abraham, psicólogo de Agrafem.

“A cualquiera le puede ocurrir esto y por eso la gente tiene que dejar los estigmas a un lado y pararse a conocer a las personas que tienen esta enfermedad”, indica Baldomero. Porque según la OMS, en la actualidad ya son más de 400 millones las personas que sufren algún tipo de trastorno de este tipo y su mayor repercusión se encuentra en su vida social.

Por eso la principal petición que tienen todos y cada uno de los reunidos en la calle Alhambar, 33 es que se eliminen las falsas imágenes que sobre ellos hay en la sociedad.

La gente ha nacido rodeado de circunstancias en las que se presentaban a las personas con algún tipo de enfermedad mental como “locos”, “inadaptados”, e incluso peligrosos, y eso es justo lo que desean que se destierre.

“¿Al llegar te hemos dado miedo?”, pregunta Pilar al finalizar la reunión con una mezcla de inquietud y sarcasmo en la mirada. “Es que la gente nos tiene miedo. Es muy duro ver cómo la gente te tiene miedo por tener una enfermedad mental”, recalca.

Porque en esa sala no hay psicópatas, desequilibrados ni trastornados. Hay personas. Gente con sueños, con inquietudes y miedos. Hombres y mujeres que luchan cada día por superar sus dificultades y por acercarse un poco más a sus ilusiones de cotidianidad.

Comments

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  1. Me encanta el artículo.Soy Blanca.Muchas gracias a la Asociación Agrafem y a la labor de los medios de comunicacion.Un saludo.

  2. Muy buena la iniciativa; el artículo y la velentía de los protagonistas. Quizás, excesivo enfasis en “ahora que tomo la medicación me encuentro bien”. Ello da pie a la posición tan simplista en la que está instalada la Psiquiatria por comodidad y por los incentivos que produce unas Compañias de grandes beneficios. Es falso pensar que las mejores curaciones tienen como base la medicación, y sí, programas psicoterapeuticos y de rehabilitación socio- laboral, pobremente desarrollados desde los Servicios Públicos de Salud Mental; en ocasiones, incluso ,traumatizantes como en algunas hospitalizaciones represivas y carentes de acogimiento emocional. La medicación ocupa distintos protagonismos, según la enfermedad mental; pero, no se rtrata del efecto que lo gran los antobioticos en las enfermedades infecciosas. La mayor parte de los psiquiatras ejercen una practica deshumanizada y distante defendida defendida en la exclusividad de una excesiva medicalización basada en una praxis comoda para su propio beneficio. El resto de los profesionales se mimetizan con ello y dpebetan hacer ellos su propio análisis; pero el liderazgo es médico, y de ah,í la responsabilidad de ese efecto en cadena.
    Antonio Higueras Aranda
    Médico Psiquiatra