Lunes, 18 Junio, 2018

            

“Es duro quedarse en silla de ruedas con 15 años, pero hay que continuar viviendo y seguir luchando” | Vídeo

La residencia ASPAYM aporta una atención integral a los más de 60 usuarios del centro que sufren paraplejia o cualquier otra gran discapacidad física

ASPAYM ayuda a personas parapléjicas o con grandes discapacidades a mejorar su situación y disfrutar de sus días | Foto y vídeo: Lupe Martín
Sarai Bausán García | @Sarai_Bausan


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“Mi experiencia comenzó cuando tenía 15 años. Un accidente de moto hizo que me quedara en silla de ruedas. Imagínate lo duro que es pasar por algo así con esa edad”. 37 años conviviendo con la nueva realidad que no pidió pero que aceptó sin quejas ni negatividades -su tetraplejia- sirven de colchón a Antonio Francisco Vaquero, miembro de la junta directiva de la residencia ASPAYM, para contar la historia que marcó su vida.

Al hablar de la que ya es su realidad más férrea, una sonrisa de añoranza aparece para dejar paso a todo lo que podría haber sido y que finalmente cambió: “Con 15 años es complicado llevar algo así. Estuve convaleciente más de 20 meses en el hospital y cuando salí me daba vergüenza ir por la calle en silla de ruedas”. A lo que añade: “Para mí fue muy complicado ver cómo mis amigos iban a discotecas o se iban con la moto y yo no podía hacer lo mismo. Es difícil pasar por eso con 15 años, cuando te crees que tienes el mundo por delante y empiezas a vivir”.

Pero la vida de Antonio no quedó ahí, ni mucho menos. Hablar con él da esa sensación de tranquilidad y esperanza de poder hacer frente a todos los problemas venideros porque se puede aprender a saborear hasta las adversidades. “En esos momentos en los que parece que todo es negativo fue cuando me dije ‘vas a estar así toda la vida, no hay otra historia, o tiras para adelante o te quedas fuera’ y decidí seguir adelante porque si no me estaría equivocando”, comenta este granadino de 52 años que asegura que uno de los impulsos que le hizo continuar adelante fue tener un trabajo que le diera una razón para levantarse por las mañanas, algo que ha hecho durante 30 de los 37 años que lleva padeciendo tetraplejia hasta que, finalmente, se jubiló.

Los usuarios de ASPAYM disfrutan de una amplia variedad de actividades para disfrutar de su día a día en la residencia | Foto: Lupe Martín

“Ahora veo las cosas de otra manera, con otra perspectiva, un poco más baja”, ríe Antonio. “Ya no puedo bailar, pero disfruto de ver cómo lo hace la gente y lo mismo me sucede con tantas cosas que no puedo hacer pero que me adapto porque no puedo cambiar lo que me sucedió”, asevera el miembro de ASPAYM. Junto a esto indica: “No me va a ayudar decir que es injusto, porque lo único que haría sería hundirme, así que solo puedo pensar que voy a tener muchos baches en el camino y que tengo que superarlos”.

MÁS DE 60 USUARIOS CONFORMAN LA “FAMILIA” DE ASPAYM

Para conseguir enderezar sus días y lograr que los sueños que poseía no se esfumaran con ese trágico accidente, Antonio contó con un apoyo muy importante: la ayuda de ASPAYM. Lo mismo sucede con más de 60 personas que se encuentran en una situación parecida a la suya y que han hecho de la residencia que se sitúa en la capital granadina, en los alrededores del Estado de la Juventud, su hogar habitual.

“Aquí estamos muy bien, la gente te trata con tanto cariño, es tan amable y te hace sentir tan bien que no puedes decir nada malo de ellos. La verdad es que lo pasamos bien aquí”, muestra satisfecha durante una de las tareas realizadas en el centro ASPAYM, un mini concurso de preguntas de cultura general, Izaskun, quien vino a Granada desde su San Sebastián natal para ser tratada de sus problemas de movilidad.

Y es que una de las premisas que siguen desde ASPAYM es dotar de actividades y distracciones suficientes a los internos para que disfruten de su tiempo libre y se puedan sentir completos e independientes. Así lo expresa Antonio Millán, presidente de la entidad: “Con las iniciativas y las cosas que hacemos, lo que pretendemos es que la gente tenga una vida cotidiana, que sienta que su día es normal y que ésta es su casa, con la única característica distintiva de que tienen los servicios que necesitan los 365 días al año”.

Tal y como afirma Millán, el centro que abrió sus puertas en marzo de 2014 y que trata a personas gravemente afectadas con alguna discapacidad física como lesionas medulares, espina bífida o grandes discapacitados por síndrome postpolio; cuenta con un amplio volumen de profesionales que trata a los pacientes en todos los aspectos de su existencia. De ese modo, psicólogos, monitores de taller, psiquiatras, fisioterapeutas y un largo etcétera de especialistas realizan su labor con un sello distintivo único en ASPAYM: el 70% de ellos tiene algún tipo de discapacidad.

Una de las herramientas que usa la institución para tratar de mejorar el estado de los usuarios son las sesiones de fisioterapia. Sobre ellas, Nacho, uno de los fisioterapeutas del lugar, asegura: “Aquí llevamos a cabo tratamientos de rehabilitación para que, los que puedan, caminen, ya que muchos o van en silla de ruedas o no pueden caminar solos. Además, también hacemos masajes si hace falta y tratamos los problemas posturales que padecen producto de estar tanto tiempo encamados”.

ASPAYM acoge a más de 60 personas afectadas por paraplejia o grandes discapacidades físicas | Foto: Lupe Martín

Las entre dos y tres sesiones semanales que reciben hacen que, tal y como explica Nacho, la mejora sea más que visible en ellos: “Cuando entré hace un año no podría ni imaginarme que progresan tanto. Desde el principio hay mucho cambio. Ves cómo personas que están encamadas, que tienen dificultades para moverse o que, como consecuencia de un ictus, no pueden ni andar, pasan a poder caminar unos 50 o 100 gracias a los tratamientos y eso es muy reconfortante”.

La misma mejoría ha visto experimentar a los pacientes Ana, monitora de ASPAYM, quien indica que las actividades que desarrollan consiguen “empoderar para la inclusión y para que se sientan bien, además de que mejoren su movilidad”. De ese modo y según explica Ana, avanzan tanto a nivel físico como emocional y en aspectos como la ilusión o la socialización con el resto de compañeros. “Cuando tienen el accidente, empiezan a creer que su vida se ha acabado, pero aquí consiguen tener otro punto de vista gracias a que fomentamos la inclusión y las herramientas para que vivan y trabajen”, comenta.

Entre las acciones desarrolladas por su área se hallan actividades de estimulación sensorial y cognitiva y de musicoterapia para las personas más afectadas por estas discapacidades, así como ejercicios de mayor movilidad y estimulación para los que tienen una situación menos grave.

Una de las tareas estrella y con las que más disfrutan sus alumnos es la danza inclusiva, en la que personas con discapacidad y sin discapacidad se unen los miércoles por la tarde para bailar cada uno dentro de sus posibilidades. “Es precioso de ver, lo único que hay que hacer es moverse siempre mirando a la pareja. Una vez vino un hombre sin piernas y se puso a bailar con una persona sin discapacidad y verlo cómo se movía y cómo comunicaba con la mirada fue increíble”, apunta Francisca, una de las pacientes a las que el Parkinson ha dificultado la movilidad.

De igual modo, los usuarios pueden disfrutar de talleres de deporte, gimnasia, informática, así como de tiempo libre fuera de la residencia con la única condición de estar de vuelta a una hora prudente para que los especialistas les puedan ayudar a acostarse.

Asimismo, los propios usuarios forman parte de una gran iniciativa: realizar charlas en colegios para alertar a los más jóvenes de las consecuencias de las imprudencias en tareas  como la conducción.

“Yo lo que le diría a cualquier persona que esté pasando por el momento que yo viví con 15 años es que sean realistas e intenten asumir el problema cuanto antes mejor. Difícilmente una persona con lesión medular puede llegar a recuperarse, así debe asumir cuanto antes que va a estar en una silla de ruedas de por vida”, aconseja Antonio a quienes puedan sentirse identificados con su historia. De igual modo apunta: “Hay días que vienen complicados y otros que son más alegres y es algo que no puedes cambiar, así que lo único que puedes hacer es vivir con ello y disfrutar de lo que te ha tocado vivir”.

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