Miércoles, 20 Junio, 2018

            

ERES como antídoto de la ‘pinza’

Francisco Javier Guerrero, director general de Trabajo con tres consejeros sucesivos de Empleo | Foto: E.P.
RAMÓN RAMOS


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Eran los tiempos de la ‘pinza’, una inmisericorde alianza entre el PP e IU que desgastaba a derecha e izquierda al hasta entonces triunfante PSOE de las mayorías absolutas en Andalucía. Entre 1994 y 1996, dos años trepidantes en la política española a lo que no podía sustraerse también Andalucía, arrastrada en la arena parlamentaria por el acoso continuo de Javier Arenas, que al frente del PP se había acercado como nunca antes a la hegemonía socialista, y Luis Carlos Rejón, ensoberbecido por el relativo éxito de unos resultados que aún mejorando los anteriores de IU, distaban bastante de la mejor cosecha de la coalición de izquierdas en la región (Para sorpresa del izquierdista, en tiempos de imaginado ‘sorpasso’ Arenas demostró ser bastante más avispado que Rejón, pero esa circunstancia es lateral para lo que hoy nos ocupa).
El caso es que en el ecuador de aquellos dos años se celebraron elecciones municipales en toda España y el mapa de las capitales andaluzas cambió de color, una tendencia que ya se intuía en la cita electoral de 1991. A ese cambio contribuyó la agobiante crisis industrial que azotó a las más señeras empresas con fábricas en Andalucía: Astilleros, Gillette, Puleva… Cierres anunciados, consecuencias negativas inmediatas en las industrias auxiliares, nuevos parados por miles, manifestaciones casi cotidianas a las puertas de San Telmo… Para las agrupaciones locales del PSOE se hacía imposible el clima asfixiante de acoso.
La crisis remontó a mediados del 95, pero no a tiempo de frenar el descalabro socialista en aquellas elecciones municipales. Aprendieron de esta historia y de aquellos efectos debió salir la conclusión de que aquello no podía repetirse si sonaban nuevamente las trompetas de la recesión. Atención, porque estamos en el ‘kilómetro cero’ del escándalo de los ERE. Se trataba de agilizar los trámites para que los afectados por un cierre o una regulación de empleo comenzasen a percibir ayudas y subsidios sin aquel periodo de carencia anterior que había revuelto a los damnificados de la crisis contra la Junta y los alcaldes en sus feudos.
Y se inventó este sistema, ese fondo sin fin que si bien tenía en origen un tufo inequívoco como freno de de la sangría de votos, podemos pensar que al mismo tiempo perseguían un buen fin: que los trabajadores sometidos a regulación de empleo no añadieran a su daño laboral un tiempo de espera mientras se tramitaban sus ayudas. Lo que pasa es que en las ‘altas chancillerías’ del partido no pasó desapercibida la poderosa arma que se ponía en sus manos para esa red clientelar que caracteriza el devenir de esta autonomía.
Ahora hemos sabido el perfil profesional de quien manejó ese fondo de hasta 95 millones de euros en nueve años, Francisco Javier Guerrero, director general de Trabajo con tres consejeros sucesivos de Empleo, ex alcalde de El Pedroso, municipio de la Sierra Norte de Sevilla en su currículum político, auxiliar administrativo de profesión tras completar el bachillerato superior, titulación que no parece la formación más acorde con quien debe gestionar tan abultado millonario fondo. Este hombre, el acusado nuclear en el juicio que se sigue ahora, ha declarado que él era “un gestor político” y se limitaba a firmar los documentos que le pasaban los funcionarios de la Consejería. Respuesta que sugiere una primera pregunta: ¿para qué hace falta un director general de Empleo, cargo político, si se limita a firmar documentos técnicos? Que los firme un funcionario de nivel superior… y sueldo que nos ahorramos.
Los 95 millones fueron en su mayoría a quienes debían ir, exagere lo que exagere el PP, aunque un solo euro que se hubiese ‘despistado’ ya sería criticable y digno de responsabilidades políticas que exigir a quien nombró y a quien sostuvo a Guerrero. Ocurre que no fue solo un euro. Fueron muchos más: una cifra de seis ceros, más de cien mil que se ‘despistaron’ con ‘intrusos’ entre los que, por casualidad, apareció la suegra del propio Guerrero. Un vistazo al rastro geográfico de las ayudas nos ilustra sobre el propósito clientelar que iluminó el destino final de los fondos:  a la Sierra Norte de Sevilla, unos 30.000 habitantes, fue a parar el 70 por ciento de las ayudas directas a empresas. En una región que tiene 8,4 millones de habitantes.
Y aquí aparece otro de los grandes protagonistas de esta historia, el ex consejero José Antonio Viera, también acusado en el juicio, en aquellos años secretario del PSOE de Sevilla, la agrupación socialista más poderosa de Andalucía, quien siempre había reclamado para los socialistas sevillanos una mayor presencia en el reparto por cuotas provinciales consustancial a los gobiernos autonómicos que se han sucedido en Andalucía. Pero como ese elemento de cuota provincial no es desdeñable en el escenario en que transcurre esta historia, a Viera le sucedió Antonio Fernández al frente de la Consejería de Empleo. Y la procedencia jerezana de Fernández pronto comenzó a teñir el mapa de las ayudas en la comarca vinícola…
Total, que a los granadinos la Junta ¡nos ha marginado hasta en la corrupción! Intenten recordar un caso de los ERE que tenga su origen o destino en Granada. Alguno habrá, pero muy pocos. Como son muy pocos los casos de Málaga o cualquier otra provincia o comarca que no sea la Sierra Norte sevillana o el Jerez gaditano.
Se pone uno a pensar en ese dinero gastado en cubatas, cocaína, ‘puti-club’ de aquel denominado “fondo de reptiles” entre lo declarado o escrito cuando estalló el escándalo y concluye así: lo difícil debe ser el día que se paga un café, un solo euro en tabaco sin echar mano a tu bolsillo sino al fondo del dinero que debía ir a paliar los efectos negativos de empresas o trabajadores en dificultades. Superado ese trance del primer euro, un euro no propio en un momento de debilidad o porque no llevo suelto o vaya usted a saber… El caso es que no pasó nada. Y como no pasó nada, al día siguiente fueron cinco o treinta en un restaurante. Más el ‘cubatita’ de media tarde… Y el remate de la jornada, en un ‘puti-club’ si es que fue como otros han relatado… Y, por medio, dame el nombre de tu suegra que la vamos a incluir entre los perceptores… Y ya que hemos metido un ‘intruso’, ¿por qué no dos? Y tres y diez y cien…
Guerrero, en todo caso, ha rehusado tirar de la manta, como preveían muchos, y ha declarado ahora en el juicio que nunca habló de “fondo de reptiles”, que firmaba porque no tenía sospechas de ilegalidad, que jamás recibió informes o alertas de la Intervención General de la Junta advirtiendo contra el procedimiento administrativo que se usó para conceder las ayudas ni tampoco instrucciones políticas para favorecer determinados nombres… El ‘caso ERES’.

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