Martes, 17 enero, 2017

Epilepsia: más allás del prejuicio

En la mitad de los pacientes se desconocen sus causas (epilepsia idiopática), aunque puede intervenir los factores genéticos, y en la otra mitad los casos de epilepsia proceden de lesiones producidas durante el parto, traumatismos, tumores o infartos cerebrales

epilepsia


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La epilepsia es una enfermedad cerebral caracterizada por una predisposición a presentar crisis epilépticas pero también por las consecuencias sociales y cognitivas que causa a los afectados. Aunque la epilepsia se puede presentar a cualquier edad puede ser más común entre niños y ancianos.

Según explica a Infosalus el doctor Francisco Javier López, Secretario del Grupo de Estudio de Epilepsia de la Sociedad Española de Neurología (SEN), se calcula que en España existen 8 casos de epilepsia por cada 1.000 habitantes, lo que supone que unos 400.000 españoles podrían padecer el trastorno. “Entre un 3% y un 8% de la población padecerá una crisis epiléptica en su vida”, aclara el especialista.

En la mitad de los pacientes se desconocen sus causas (epilepsia idiopática), aunque puede intervenir los factores genéticos, y en la otra mitad los casos de epilepsia proceden de lesiones producidas durante el parto, traumatismos, tumores o infartos cerebrales. Entre los adultos las causas más comunes son estas tres últimas. En los países del tercer mundo es más frecuente la etiología infecciosa.

“Cualquier patología que afecte al cerebro puede generar lesiones capaces de producir epilepsia”, apunta el neurólogo responsable de la Unidad de Epilepsia Refractaria del Hospital Clínico Universitario de Santiago.

En las crisis epilépticas tónico-clónicas generalizadas se produce pérdida de conciencia, rigidez de todo el cuerpo (fase tónica) y después movimientos de brazos y piernas (fase clónica); puede haber mordedura de lengua y pérdida de control de esfínteres (incontinencia). Al final de la crisis la persona se va recuperando poco a poco en varios minutos.

Otro tipo de crisis epilépticas son las denominadas ‘ausencias’ en las que existe una desconexión del medio, sin movimientos involuntarios por lo que pueden pasar desapercibidas en niños en edad escolar, dando lugar a fracaso escolar. Otras crisis generalizadas son las mioclónicas en las que no existe desconexión y sí movimientos involuntarios de piernas y brazos.

En las crisis parciales, la descarga epiléptica comienza en una zona concreta de la superficie del cerebro y sus manifestaciones derivan de su origen. Pueden presentar signos motores, sensitivos o síntomas psíquicos (como el ‘deja vu’ en el que se tiene la sensación de haber vivido una experiencia) o autonómicos, que no alteran la conciencia. En las crisis parciales complejas la persona desconecta de su entorno y realiza conductas automáticas habituales como comer o salir a la calle.

AVANCES EN EL TRATAMIENTO DE LA EPILEPSIA

Se acaban de cumplir cien años del primer fármaco antiepiléptico, el fenobarbital, y desde entonces se han desarrollado más de 20 fármacos para la epilepsia, en mayor medida para las formas focales que para las generalizadas.

“En esta pasada década se ha desarrollado una tercera generación de fármacos entre los que destacan varios por su reducidos efectos secundarios para el paciente”, señala el portavoz de la SEN.

En un 70% de los pacientes la enfermedad se controla bien con fármacos mientras que para el 30% restante se presentan resistencias farmacológicas o bien sus peculiaridades impiden el tratamiento por lo que la cirugía se plantea como una opción entre los afectados.

El avance también se ha hecho patente en los métodos de diagnóstico que permiten la búsqueda del foco cerebral causante de las crisis epilépticas que aportan una mayor precisión para la cirugía y una mayor posibilidad de curación. “En la actualidad existen 8 unidades de cirugía para la epilepsia en el sistema nacional de salud, tres de ellas incorporadas de forma más reciente”, aclara el neurólogo.

La cirugía se emplea en el caso de epilepsias resistentes a fármacos y en las que el foco cerebral implicado es más claro. Para determinar el origen de la epilepsia se combinan los resultados de los registros neurofisiológicos de Vídeo-EEG y diversas pruebas de neuroimagen como las imágenes de resonancia magnética funcional (IRM), tomografía con emisión de positrones (PET), tomografía computarizada con emisión de un fotón único (SPECT), y los estudios neuropsicológicos (como es el caso del Test de WADA).

“Los registros con electrodos extracraneales han dado paso a los electrodos que pueden colocarse dentro del cerebro para delimitar el área cerebral afectada que produce las crisis epilépticas”, apunta el especialista sobre los avances en la delimitación del foco epiléptico.

En los casos en los que existen muchas crisis epilépticas, los fármacos no funcionan y no se puede intervenir existe la opción paliativa del marcapasos vagal que puede hacer que las crisis epilépticas, así como su gravedad, se reduzcan a la mitad.

La estimulación eléctrica del nervio vago consiste en la implantación de un generador similar a un marcapasos cardíaco, situado en el tórax, y de un electrodo subcutáneo en el nervio vago, en el cuello, que emite estímulos nerviosos hacia el sistema nervioso central. El neurólogo puede programar este marcapasos vagal mediante una agenda electrónica que registra la intensidad y frecuencia de estos estímulos nerviosos y que permite ajustar estos parámetros según sus resultados en el paciente.

EL ESTIGMA SOCIAL, CADA VEZ MÁS LEJANO

El neurólogo señala que en décadas pasadas el paciente de epilepsia era estigmatizado, en ocasiones estas personas ocultaban su enfermedad por miedo a perder su puesto de trabajo o a no poder conseguir empleo.

“Poco a poco se ha ido perdiendo este aspecto negativo asociado a la enfermedad gracias a las campañas de sensibilización social y a las asociaciones de pacientes”, aclara el doctor López.

Cuando la epilepsia se controla el paciente puede hacer una vida normal aunque por ley se limita la posibilidad de ejercer profesiones de riesgo como las asociadas a la conducción de vehículos, las que impliquen trabajar en alturas o cualquier otra que pueda suponer un riesgo para la vida propia o de otras personas si se presenta una crisis.

Además, quienes padecen epilepsia no tienen un mayor riesgo de desarrollar otras patologías salvo en el caso de la epilepsia de origen vascular que va ligada a los factores de riesgo vascular que originaron la afección.

Por último, el doctor López recuerda que durante el embarazo se debe continuar el tratamiento. En el caso de que una mujer se quede embarazada mientras está tomando ácido valproico, se realizará una valoración cuidadosa de los beneficios y riesgos.

Al riesgo ya conocido de malformaciones congénitas (10,73 % en monoterapia), los últimos datos conocidos sobre el ácido valproico indican que puede provocar alteraciones en el neurodesarrollo en el 30-40% de los niños con exposición intrauterina. Por este motivo se deben considerar otras alternativas terapéuticas en el caso de mujeres en edad fértil o embarazadas.

 

 

 

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