Lunes, 29 Mayo, 2017

Emilio Calatayud: “He tenido muchas broncas, sobre todo con mi hijo”

Granada Digital charla con el juez de menores Emilio Calatayud. Un hombre que se define "inconformista" y "llano", como la tierra manchega que le vio nacer, un "producto de los medios" que en el juzgado habla claro " a mis clientes, los chavales"

Emilio Calatayud, en su despacho de Marqués de La Ensenada


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Entrevistar a Emilio Calatayud -Ciudad Real, 1955- es tan fácil -o tan difícil- como dejarse llevar por la conversación. Cada respuesta a una pregunta se ramifica en otras cuatro o cinco preguntas, hilos conductores que uno apenas alcanza a anotar o a retener, aunque siempre se deja alguno por el camino. Además, el protagonista no rehuye ninguna pregunta, su respuesta persigue a quien la inquiere. Nos recibe en su despacho en el transcurso de una mañana laboral cualquiera, preguntándonos “¿qué, cual es el problema?”. Debe de ser la bienvenida de un juez de menores que recibe a diario casos problemáticos sobre los que tiene que resolver, aunque su resolución judicial no baste para solucionar las historias que hay detrás. Él es parte de la tribu, esa que según el dicho africano es necesaria para educar a un niño, aunque “primero están los padres”. Emilio Calatayud Pérez:

-Bueno, don Emilio, antes que nada ¿cómo va la jubilación? (Mariló Montero mencionó recientemente en directo a Emilio Calatayud como ex-juez)

Pues eso, (risas) además yo no pensé en la jubilación, porque yo todavía no tengo la edad para jubilarme, yo pensé en un expediente disciplinario que me habían echado cuando lo dijo la Mariló.

– Ya recibió sus disculpas…

Sí, sí…yo me enteré porque me lo dijeron, pero me queda un poco para jubilarme, me queda yo creo que demasiado, porque nosotros nos jubilamos a los setenta años.

– Ese lapsus de Mariló Montero plantea ahora una situación que tardará en llegar y es ¿qué será de este juzgado de usted, es decir, ha pensado en que quizás ha instaurado una forma de impartir justicia entre los menores?

Bueno, creo que lo que ha pasado es que cuando yo llegué aquí había un juez que era Don Antonio Pareja, juez del registro civil. Y siempre asociábamos a Antonio Pareja con registro civil. Y creo que con el paso del tiempo se está asimilando a Emilio Calatayud con el juzgado de menores, pero nadie es insustituible y el día que yo me vaya vendrá otro compañero y lo hará exactamente igual que yo o mejor. Y también no hay que olvidar que tenemos un segundo juez de menores.

Si no puedes ver el vídeo, pulsa aquí:

– ¿Pero también será igual en la forma de las sentencias, en que tenga ese carácter educativo?

Sí, sí, se actúa igual. No solamente en Granada, todos los compañeros dictan el mismo tipo de sentencias, pero parece que el único juez de menores que hay soy yo. Y quizá lo único que ha pasado es que yo hablé. Y la gente no está acostumbrada a que los jueces hablen, he caído bien y entonces se ha creado un personaje. Pero vamos, yo hago lo que dice la Ley y muchos jueces de menores aplican este tipo de medidas porque son las que contempla la Ley.

– No sólo porque habló, sino porque lo hizo de forma distinta, clara.

Bueno, eso sí. Quizás ese sea el reconocimiento, que se me entiende. Yo creo que uno de los problemas que tiene la justicia es que se dictan sentencias para los abogados. Y hay que dictar sentencias y hay que hablar para el ciudadano, que en mi caso son menores los destinatarios de la justicia. Y son ellos los que tienen que entender el procedimiento, de qué se les acusa, a qué se les condena. Entonces a mí me gusta hablar para mi clientela, que son chavales.

– Hablaba de ese reconocimiento que se ha materializado en esa Medalla de Andalucía, ¿cómo se ha sentido?

Una gran satisfacción. Además yo no soy andaluz, soy manchego pero como ya dije, soy un manchego del Albayzin, más de la mitad de mi vida la he pasado aquí. Pero realmente y más en estos tiempos, que se felicite a un juez es mayor satisfacción. Creo que por otro lado te das cuenta de que la vida va pasando, has pasado por unas cosas y echas de menos otra serie de cosas. Pero muy agradecido porque soy partidario de que los homenajes hay que darlos en vida.

Juez-Calatayud-

– Baltasar Garzón, Pablo Ruz, Javier Gómez Bermúdez, Mercedes Alaya, Emilio Calatayud…¿de qué es sintomático que haya jueces conocidos, mediáticos o incluso jueces estrella?

Pues mira, por distintas razones. Creo que Baltasar Garzón hizo una buena labor en su día, pero quizá después perdió un poco los papeles. Mercedes Alaya, está haciendo una gran labor…pero son muy complejas. Creo que más que destacarme como juez, yo he sido de la primera promoción de jueces de menores que puso en marcha la justicia de menores, ese es quizá mi mérito. Pero más que eso ha sido el tema de llegar a la gente, hablarle a los chavales, hablarles a los padres, explicar un poco la ley. Porque muchas veces el problema de este país es que no se explica la ley. Y luego fundamentalmente que he caído bien y los medios…yo soy un producto de los medios. He caído bien pero han creado un personaje, pero no tengo la talla jurídica que puedan tener todos estos compañeros que has mencionado, con sus virtudes y con sus defectos. Yo, quizá, la ventaja que tengo es que me dedico al tema de los menores.

– ¿Por qué es una ventaja?

Porque no tocas aspectos políticos.

– Si tecleo Emilio en youtube, antes de pulsar intro la web me sugiere Emilio Calatayud en segundo lugar, detrás de un tal Emilio Duró, y si tecleo Emilio Calatayud en Google, en 0,20 segundos me aparecen 437.000 resultados, ¿no le da vértigo, como lleva esa exposición pública?

Pues no lo sé, porque yo soy el primer sorprendido, no entiendo este fenómeno del juez Calatayud. Y esto se disparó en su día y mira, ahí está, ¿qué le vamos a hacer?

– Pues precisamente en una de sus últimas apariciones públicas de televisión, y ya para entrar en materia, me llamó la atención una afirmación: “que un 10% de los menores que usted juzga son carne de cañón”

Sí. Yo siempre digo lo mismo: el 80% de los chavales cometen delitos pero no son delincuentes. ¿Quién no ha cometido un delito en su vida?, los que nos gusta tomarnos una copa, ¿quién no ha conducido en su vida bajo la influencia de bebidas alcohólicas? lo que pasa es que no nos han pillado. ¿Quién no ha cogido algo de El Corte Inglés?, ¿quién no ha trapicheado con falsificaciones de relojes, de bolsos, de camisas, de camisetas?. Eso son delitos. ¿y quién no intenta defraudar a Hacienda?. Y ¿quién como menor no ha hecho barbaridades? lo que pasa es que hoy día hemos judicializado todo. Todo pasa por la justicia y en el mundo del menor pasa exactamente igual. Antes te peleabas con un amigo o con un compañero de colegio, y no pasaba nada. Llegabas a tu casa y a lo mejor tu padre te daba dos tortazos más porque habías salido perdiendo, o por tonto. ¿Ahora qué pasa? que te peleas y va el padre, lleva el niño al hospital, parte de lesiones  y se inicia la maquinaria judicial. La mayoría de los chavales hemos hecho tonterías. Hoy día tiene perfil de delito pero, tienes una vida delictiva o de infracción, que empieza con doce o trece años y se acaba con veinte años y dejas de hacer tonterías. Lo único que hacemos es ayudarlos a madurar, una de cal, otra de arena, un estacazo…pero es acompañar, esa gente no es delictiva. Y luego tenemos un 20% el restante, del que un 10% es carne de cañón.

– ¿Qué significa eso?

Depende de dónde has nacido, quién es tu padre, tu madre, en qué entorno te mueves, tus antecedentes, incluso genética…todo. Se cambie la ley, se endurezca, se ablande, esos van al trullo fijo. Porque hay gente a la que no le queda más remedio que ser un chorizo, porque si no fuesen un chorizo sería un santo. Y santos hay muy pocos. Y luego tenemos el otro 10%, del que la mitad es muy trabajable: depende del momento, de la oportunidad, de los medios, de los profesionales, de la suerte. Entonces realmente el 85% estamos evitando que pase a la justicia de menores, pero porque existe esos factores.

– ¿Cuándo se percata usted de esta clasificación?

Hace unos años. Cuando entré en la justicia de menores nos llegaba el típico ‘chorizo desgraciao’, de clase marginal, en la época de la heróina, inyectado. Gente que no teníamos recursos, no teníamos profesionales preparados, no había esa concienciación. Y recuerdo que decía en aquella época que el índice de fracaso serio era del 90%.

– ¿Esa es la calle amarga de su trabajo?

No. No hay cara amarga, es una justicia muy agradecida. La gente quizá tenga una idea, pero yo duermo exactamente igual si encierro a un chaval diez años que si lo condeno a aprender a leer. Es duro, pero te acostumbras, en todos los trabajos ocurre.  No es la cara amarga, es la realidad, lo que no podemos hacer es ocultar la realidad. Yo me muevo con una población muy sensible, entonces te duele. Pero en ese dolor ves las injusticias que hay. Por qué ese chaval donde ha nacido, en las circunstancias en qué ha nacido, sabes que tiene muchas papeletas para terminar en Albolote, pero forma parte de la vida.

– Cuando se encarcela a un adulto, se dice que “estamos protegiendo de un peligro a la sociedad”. Cuando se encierra a un menor ¿es al revés, protegemos al menor de la sociedad?

A veces, pero también se está protegiendo al adulto también. Yo siempre digo una cosa, la privación de libertad es muy dura, es muy dura. Y yo recomendaría a todos los jueces y a todos los abogados que pasasen algún día en prisión, es muy dura. Entonces se protege a la sociedad, se protege a veces al que se encierra. A veces hay gente que no le queda más remedio que terminar en prisión, pero hay chavales que merecerían estar en prisión, para escarmentar. Pero se protege ambos lados.

– Cuando tiene un menor delante en su juzgado, ¿empatiza con él, recuerda el adolescente que usted fue?

¡Hombre claro, claro…! A mi me han llegado a decir, y me hizo gracia, “no me condene usted a estudiar porque puedo llegar a ser ministro”. Y yo le dije, “pues tienes razón”. Y otra vez en un caso de hace unos años, de cuatro o cinco chavales que entraron en una casa de veraneo. Y estaban sus padres deseando que yo les condenase, que les pusiese una condena del ‘copón’ y tal, porque realmente era una travesura… ese hecho lo hice yo cuando tenía trece años. Entonces se me ocurrió decirle: ‘no os preocupéis, que lo más que puede pasar es que lleguéis a ser jueces de menores’.

– En el Centro de Menores de San Miguel, en la placa identificativa de la entrada dice que es para “menores infractores”. Que no diga “delincuentes”, a pesar de que haya quienes hayan cometido delitos, ¿es una forma de evitarles el estigma del delincuente?

Sí, es una forma de hablar, pero realmente en ese centro hay chavales muy duros, que cometen delitos. Y las cosas hay que llamarlas por su nombre. Hay ahí gente muy dura, y hay condenas muy largas, allí en San Miguel.

– Y todos reinsertables…

Vamos a ver, el debate de la reinserción, el mío, es el siguiente: para mí la ley funciona bien y tal. Pero el debate no es si es reinsertable o no, sino que no puede haber en España ningún menor al que el Estado no le haya dado la posibilidad de esa reinserción. Otra cosa es que después la aproveche. Lo que pasa es que muchas veces no hay que reinsertar, sino insertar.

-Explíqueme la diferencia.

Porque ¿cómo voy a reinsertar a un individuo si nunca ha estado insertado? ¿cómo voy a educar a un individuo si nunca ha estado educado? Tendré que educar y en su caso reeducar, y tendré que insertar, y en su caso reinsertar. Por ejemplo, a los menores inmigrantes, a esos hay que insertarlos.

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– ¿Cómo ha cambiado el perfil del menor infractor desde que usted ejerce?

Se han equiparado las clases sociales. A nosotros nos llegaba antes, pues como he dicho, el chaval marginal, se tapaba mucho…y había menos. Ahora gracias a Dios, como todo se ha judicializado, pues se han equiparado las clases sociales, y aquí te vienen chavales de toda clase y condición. Y ya incluso el delito va variando en función del tipo de chaval. Por ejemplo, ¿drogas? las están consumiendo todos, ¿maltrato a los padres? clase media, media-alta, ¿delito con móviles? clase media, media-alta, ¿tirones? chavales con problemas de desestructuración, pero también los cometen los otros. Se han equiparado las clases sociales, gracias a Dios, en ese sentido.

– ¿La crisis ha tenido alguna influencia?

Ha tenido una influencia buena, de que está bajando la delincuencia. Y está bajando por tres motivos fundamentales: primero, los niños están volviendo a la escuela. Para nosotros fue una época durísima de 2005, 2006…chavales más brutos que una arado, sin ninguna formación, sin ninguna titulación, abandonaban la escuela y se iban a trabajar a la obra. Y le pagan 1200-1500 euros. Chavales más brutos que un ‘arao’, con 16 años, 1200 euros…eran bombas de relojería. Gracias a la crisis, han sido los primeros que han echado, y gracias a la crisis han sido los primeros que se han dado cuenta de que la única forma de salir adelante es formarse y estudiar. Segundo: los padres están más en casa, existe más control familiar, se está volviendo otra vez al esfuerzo, se está volviendo a decir que no. Y esos dos factores están ayudando a que baje la delincuencia. Y el tercer factor: que ya no hay ni víctimas por la calle, ¿ya a quién vas a atracar? Sin embargo hay otros dos delitos que están subiendo: maltrato a los padres y el tema de las nuevas tecnologías.

– ¿Qué está pasando en la violencia en la familia?

Pues lo que ha pasado es que Zapatero nos quitó el artículo famoso del Código Civil, que establecía el derecho de corrección de los padres con sus hijos. Zapatero lo quitó y Mariano no lo ha puesto. No se habla de la autoridad de los padres, no se reconoce la autoridad de los padres. Porque en este país nos da miedo hablar del principio de autoridad, por si volvemos a tiempos pasados, cuando el principio de autoridad es un principio fundamental en un Estado democrático y de Derecho. Yo tengo que tener autoridad sobre mi hijo, se les habla a los chavales de derechos y no se les habla de deberes. Y los chavales tienen el deber de obediencia a sus padres. Nos encontramos con un padre desautorizado y con un chaval que no reconoce ningún deber. Tenemos una escuela en la que el maestro tampoco tiene autoridad y el chaval no tiene ningún deber. Y tenemos una sociedad hipócrita, en la que todo el mundo protege el mundo del menor, pero lo que hace es explotar el mundo del menor. Y así nos va.

– ¿Qué significa que un menor “pida límites”?

Pues eso, que les hacen falta límites porque no se le ponen. Y lo que más te agradecen después la gente es cuando tú le has puesto límites y a lo mejor el límite es tenerlo encerrado.

– ¿Cómo ha recibido usted esas muestras de agradecimiento, cuando les puso límites?

Pues mira, esos son regalos de menores condenados -mostrándome a mis espaldas una mesa llena de objetos artísticos-, porque yo a los absueltos no los veo. Por ejemplo, a aquel de la piedra -una talla en piedra- lo condené por matar a su suegro, ocho años encerrado lo tuve. El del barco -señalándome una maqueta sobre la mesa- tuvo un intento de homicidio. Hay una foto ahí de un chaval que está en la brigada paracaidista, y viene detrás el tiempo que estuvo encerrado por maltratar a sus padres, tres años lo tuve encerrado. Y te lo agradecen después. Lo que más te agradecen cuando tú les condenas es a sacarse la enseñanza obligatoria, de las sentencias que más pongo. Lo primero que hacen es venir a enseñarte que se lo han sacado.

– En el reciente día del padre, ¿cuál es el mejor regalo que no se le puede comprar a un padre?

¿El mejor regalo? el cariño, y el respeto, pero sobre todo el cariño de los hijos.

– ¿Qué miedos o dudas tuvo Emilio Calatayud como padre, o que tuvo ahora, en la educación de sus hijos?

No, el miedo que tengo ahora, gracias a Dios, los dos hijos que tengo han salido buenas personas, como digo yo. No roban, no matan y encima pues más o menos están trabajando, pues soy un privilegiado.

-¿ Y cuando estaban en esa época difícil de la adolescencia?

Uy, he luchado mucho y he tenido muchas broncas, sobre todo con mi hijo. Pero tuve la suerte de que mi mujer y yo estábamos absolutamente de acuerdo en determinadas decisiones que adoptamos con mi hijo. Pero ahora lo recordamos como una época bonita, dura pero bonita y muy bien.

– No sé si conoce o es consciente de los grupos de whatsapp de los padres, que hablan entre ellos para enterarse de lo que hacen los hijos, incluso de los deberes que les han mandado, a dónde van…

Que conozcan a los padres de sus amigos me parece muy bien, pero que se metan en cuestiones de los deberes que les mandan, me parece una ‘tontá’. Hay padres que quieren controlarlo todo, y tampoco se puede controlar tanto. Y hay que recordar que los deberes son de los niños, no son de los padres. Yo ya hice mis deberes cuando era niño, a veces los super protegemos mucho a los padres.

– No al botellón, sí al…

Al sentido común. Yo he bebido de joven, pero que se beba como todos hemos bebido, en los bares, como toda la vida se ha bebido.

– Culpan al precio de la bebida en los bares…

Mejor, hay que beber en los bares, que es más caro. Así se bebe menos y más calidad. Pero además, que se beba cuando se tenga que beber. Vamos, todos nos hemos emborrachado, seguro. Pero no vamos a emborracharnos, tú te emborrachas como consecuencia de que un día sales y un día te pasas. Pero no hay que fomentar esa forma de beber.

– Ya me comentaba antes de la entrevista un poco su opinión sobre el botellón en Granada…

No el de Granada, el de Granada y el de toda España. Es una pena que ahora todas las fiestas nacionales se hayan convertido en botellones institucionalizados. Y es una vergüenza: el Corpus, la primavera, que ahora se conoce que con la democracia hay que celebrar la primavera, las cruces, San Fermín , La Pilarica…

– Le voy a pedir que me diga lo que les sugieren las siguientes frases, tan breve o tan extensamente como a usted le apetezca.

– Para educar a un niño hace falta toda la tribu.

Sí, claro que sí, estoy de acuerdo con ese dicho africano que lo pone José Antonio Marina, pero está la tribu, aunque primero, los padres.

– No maltrates a tu hijo dándole todo lo que te pida.

Sí claro, esa es una parte del decálogo que utilizo yo para formar a un delincuente.

    – ¿Por qué no se entiende esa paradoja?

No, sí se entiende, lo que pasa es que después no se lleva a cabo.

– El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices

Bueno, la felicidad es un concepto muy amplio. Más que hacerlos felices, que por supuesto todos intentamos ser felices, hay que ser buenos y honestos, y eso te ayuda a ser feliz. La felicidad en        los niños a veces los haces feliz  si le regalas un cochecito y al dia siguiente si le das tal cosa.

– Jamás he condenado a un gitano por pegarle a su padre – Emilio Calatayud-

Sí, nunca lo he condenado, tienen un respeto… lo que hemos tenido nosotros antiguamente. Ellos mantienen todavía esos valores familiares. La familia base esta´cambiando pero creo que estamos perdiendo esa autoridad, ese respeto. Para mí es fundamental que los niños se críen con los abuelos, que esté el abuelo en casa. Y ya los mandamos a la residencia, que no digo que ni sea bueno ni que sea malo, pero todo eso se estaperdiendo. La filosofía que hemos tenido en esta sociedad española de la familia.

– En este año de elecciones, ¿qué es lo que le pide un juez a los políticos para su causa, que es la de todos?

Sentido común y sentido de estado, no partidista. Yo echo de menos el espíritu de la transición. Políticos  que tenían mucho más que echarse en cara, tuvieron la categoría de sentarse en una mesa y ponerse de acuerdo para construir. Ese espíritu ha desaparecido, y priman los intereses partidistas.

– Ese sentido común vendría a resolver ciertas contradicciones que yo alguna vez le he oído citar…

¿En materia de menores? pues que un crío de doce años pueda comprar la pastilla del día después y no pueda consentir relaciones sexuales, que una cría de trece años pueda consentir relaciones sexuales y no pueda ser acusada de un delito porque no tiene catorce. Que una cría de dieciseis pueda abortar sin conocimiento y consentimiento de sus padres y no pueda comprar tabaco. O que se fomente el botellón, que es una droga. Yo soy fumador y no puedo fumar ¿y un menor puede beber alcohol donde le de la gana, y que se fomente encima?. Aunque se diga que se prohiba, pero se fomenta y se permite y se tapa.

– Usted siempre se ha definido como un manchego del Albayzin ¿en qué se le  nota qué es manchego y en qué del Albayzin?

Pues mira, manchego porque yo creo que soy llano, una persona honesta, pero sobre todo llano, del pueblo manchego, típico. Dura pero llana. ¿y albayzinero? pues la malafollá que se me va contagiando.

– Damos por supuesto que pasea por su barrio. ¿cómo lo ve?

Abandonado y muy descuidado y poco apoyado y es un barrio precioso pero está muy abandonado.

– ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre aparte de pasear por su barrio?

Aburrirme y luego descansar, eso es lo que más me gusta. La verdad es que yo no tengo mucho tiempo libre porque yo soy una persona muy vaga y si yo me dejo llevar , soy capaz de aburrirme completamente, así que para evitar eso, hago mucha actividad. Aparte del juzgado doy mis charlas, porque si yo me siento, me gusta eso: no hacer nada y luego descansar.

– Hace no mucho leía a Javier Krahe decir que “no hacer nada es un arte”.

Sí, sí, y es fabuloso. Yo por ejemplo yo soy capaz de ver crecer el césped de mi casa, ¿sabes? y lo he hecho muchas veces.

– En absoluto silencio

Es que no me hace falta nada más que ver como va el césped. Y claro, eso tampoco es plan, pero a veces es muy bueno.

 

Comments

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  1. Me encanta la claridad con que este Sr .llama a los actos por su nombre y que si actuaramos como el nos da a entender mucho mejor nos iria a todos. un saludo.