Domingo, 22 enero, 2017

Emociones en el cáncer de mama

Como en toda enfermedad grave tras el diagnóstico se produce una situación de incertidumbre acompañada de un fuerte impacto emocional. Compartir estas emociones, encontrar vías para liberar el estrés y adaptarse al proceso suponen un paso de gigante en la gestión positiva y la supervivencia del cáncer.

I.S


image_print

Según explica a Infosalus Motse Guimerà, psicooncóloga y colaboradora del Centro Nútrim de Barcelona, es necesario abarcar el tratamiento de forma global incluyendo los aspectos emocionales implicados ya que en los procesos de enfermedad se maximizan las emociones.

Guimerà apunta que tras el diagnóstico el impacto inicial es de bloqueo emocional y de un aumento elevado de los niveles de estrés, con lo que ello supone en cuanto a sus consecuencias negativas para la salud. A los sentimientos iniciales de culpa, incredulidad, rabia y tristeza se suma el paso por una gran cantidad de pruebas médicas que suponen una ansiedad añadida.

Además, aclara la especialista, también de forma inicial la paciente tiene que tomar decisiones y debido a que la mayoría de personas no está familiarizada con el entorno hospitalario se presentan muchas dudas. Aunque el equipo médico siempre está a disposición de la paciente, porque la máxima es que se encuentre acompañada en todo el proceso, en ocasiones su estado emocional queda fuera de la ecuación.

“El diagnóstico de cáncer está aún muy estigmatizado, es como una sentencia a muerte y se traspasa a la evolución y aunque inicialmente es angustioso, la persona se va familiarizando con el proceso”, añade Guimerà. La psicooncóloga aporta una serie de apuntes para que la adaptación a la nueva situación personal se produzca de la forma más positiva:

1. Ir asimilando las etapas que se van sucediendo: incredulidad, depresión, tristeza, son emociones naturales en estos momentos. Si la persona se queda anclada en alguna de estas etapas debe ser derivada a un especialista para que reciba un tratamiento paralelo. La adaptación es la mejor forma para seguir luchando contra la enfermedad, ya que una mala gestión de las emociones dificulta todo el proceso de curación, señala la especialista.

2. Solucionar paso a paso las dudas que se van presentando: la evolución del tratamiento supone que se presentan problemas de forma progresiva. Es un momento en el que aparecen múltiples preguntas, conseguir las respuestas de forma progresiva ayuda a eliminar la presión del día a día.

3. Controlar los niveles de estrés: son muy útiles las técnicas de relajación y la práctica de algún deporte adaptado al estado físico de la mujer, anotar y despejar las dudas, expresar y compartir las emociones con el entorno más cercano y relacionarse con personas que hayan pasado por experiencias similares.

4. Identificar los problemas más importantes: entre los principales está la sensación de que se ha roto el futuro y las ilusiones que se tienen por cumplir por ello es clave encontrar la forma de reconducir estos sentimientos.

5. Contemplar la situación con naturalidad y aprender a pedir ayuda: el paso por las distintas etapas de afrontamiento de la situación debe conducir a que finalmente se aborde con naturalidad la situación. Si no se cuenta con los recursos suficientes para conseguirlo es clave pedir ayuda. Además, es muy importante aprender a pedir ayuda en el día a día ya sea en la familia como en el trabajo.

6. Evitar la soledad y el aislamiento: para ello es clave acudir a asociaciones o participar en charlas y encontrar a otras personas que pasan o hayan pasado por la enfermedad. Esto ayuda a minimizar los sentimientos de soledad y facilita el proceso de adaptación, lo que permite llevar la situación de forma más serena.

7. Anotar las dudas que surgen a lo largo del día: se puede buscar una herramienta como una pequeña libreta, el móvil o la tableta. Es muy útil exteriorizar las dudas sobre el tratamiento y todo aquello que supone una preocupación. Todas estas inquietudes pueden encontrar respuesta en el equipo médico y esta actitud ayuda a liberar tensiones.

8. Proteger la vida familiar: en el caso de los hijos de menos de 8 años es importante que los pequeños sientan que la familia continúa y que van a recibir el cariño y los cuidados que necesiten a pesar de la enfermedad de su madre. Es importante ir informándoles de los cambios de forma progresiva y no ofrecerles más datos de los necesarios. En los mayores el enfoque debe ser más similar al de los adultos pero tanto en unos casos como en otros hay que estar abiertos a contestar todas las dudas y siempre desde la esperanza. Además, es clave que en el ámbito educativo conozcan la situación para poder estar atentos ante posibles problemas que se presenten en la conducta o rendimiento de los menores.

9. Cambios en la pareja: el cónyuge también pasa por desniveles emocionales y necesita un tiempo para adaptarse a la nueva situación en la que cambian los roles familiares y las relaciones de pareja. Guimerà apunta que cuando se producen rupturas no se deben a la enfermedad sino a la situación de la que se partía cuando se presentó el cáncer de mama que se ve confrontada con un proceso muy duro.

10. Ámbito laboral: es importante que la mujer comunique la situación a las personas que puedan ayudarla en su ámbito laboral y dado que la evolución del tratamiento es imprevisible debe notificarse el diagnóstico a las personas oportunas. El trabajo además puede suponer una evasión saludable y un espacio más de comunicación para evitar que toda la vida gire en torno únicamente de la enfermedad.

11. Afrontar los cambios físicos: el cuerpo va a estar sometido a cambios constantes y los problemas se deben ir solucionando progresivamente. Los resultados físicos dependen de la enfermedad y cómo reacciona el organismo.

Aunque los médicos aconsejan el afrontamiento desde el inicio, este es un proceso muy personal, explica la psicooncóloga. El equipo médico debe anunciar los posibles cambios y consecuencias físicas del tratamiento antes de que se produzcan. Por ejemplo, Guimerà señala que en el caso de la pérdida de pelo la mejor opción es rasurarlo y evitar el sufrimiento asociado a su caída progresiva. De igual forma es esencial la prevención del linfedema, la inflamación del brazo asociada a la extirpación de los nódulos linfáticos.

12. Reiniciar la vida tras el tratamiento: en algunos casos se produce una sensación de soledad en el paciente ya que deja de recibir la guía constante del equipo médico. La vuelta a la normalidad depende de la posibilidad de retomar el trabajo y de comenzar a vivir desde una perspectiva diferente derivada de sacar el máximo provecho a lo vivido.

“En la mayoría de los casos surge una persona nueva y reforzada del proceso, que tiene más claras sus prioridades”, concluye Guimerà, que apunta que muchas de estas mujeres pasan a poner en marcha proyectos personales que posponían o que antes de superar la enfermedad no se atrevían a desarrollar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *