Viernes, 28 Julio, 2017

            

El tiempo nuevo

Foto: Archivo
Antonio Granados


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Estos días asistimos a un nuevo tiempo, al que la sociedad, los políticos o los partidos no estábamos acostumbrados. Han aparecido actores y situaciones inimaginables que en algunas ocasiones rayan el esperpento o la ciencia ficción.

Me gustaría dar comienzo a esta colaboración que me brinda Granada Digital con una reflexión serena en voz alta.

Cuando tienes la posibilidad o la fortuna de ejercer como servidor público y responsable de tu comunidad durante un tiempo de tu vida, observas en tu entorno político, y no es un hecho aislado, que habiendo buena y mala gente, hay, en general, una excelente voluntad de trabajar bien por la comunidad; es posible que no siempre predominen los aciertos, pero el compromiso es innegable.

Realmente defiendo a todos, porque sé que les mueve la buena fe, la pasión de trabajar en el ámbito al que perteneces, ya sea de una manera local, provincial, regional o nacional. Sabido es que la sociedad va delante de las propuestas programáticas de una u otra fuerza política, pero lo que no hemos sido capaces los dos grandes partidos de España, ha sido evitar el hartazgo al cual estábamos conduciendo nuestros mensajes, el saber leer entre líneas y adelantarnos. No hemos sido capaces de recoger el descontento o de trasladar más ilusión por el esfuerzo y trabajo diario.

Así han aparecido en el espectro social otros partidos, que han sorprendido a todos con la fuerza que irrumpieron en escena tras los diversos recuentos electorales (aunque te digan, “yo lo sabía”, les ha sorprendido). El resultado de las últimas elecciones del 20-D es un puzle de difícil composición, que no se puede completar si no tienes todas las piezas; y es de sentido común, o al menos así lo trasladaron los españoles en las urnas, que se pedía el intercambio de piezas de todos con todos.

Creo que es el momento de una “segunda transición”, de consenso y de futuro. Pienso que no es normal que cada cuatro u ocho años se cambie la Ley que rige la educación de todas las generaciones venideras; pienso que es el momento de hacer un gran pacto por la Justicia -todos sabemos que faltan medios humanos y técnicos-; pienso que es el momento de hacer una racionalización de las competencias de las administraciones, de seguir garantizando los servicios básicos de los más desfavorecidos o de apostar por la inclusión o integración definitiva de las personas con discapacidad, de buscar una solución al altísimo desempleo juvenil que lacra a las generaciones más jóvenes -o ya no tan jóvenes- acostumbradas a una búsqueda sin sentido, tras un mostrador de una administración o una empresa con un papel que relata su vida, etc,…

No es objeto de esta columna, relatar los problemas que todos conocemos o creemos que existen, sino el apostar por el futuro… No es el momento de arrogancias, de posiciones enrocadas o enquistamientos. Es la hora del consenso, de alturas de miras y de ser consciente que no todo el mundo está equivocado y somos los únicos poseedores de la verdad absoluta como Canon de Fe. Y esto último es de aplicación especialmente a los nuevos partidos: no es comprensible que los “actores” que se definían como nuevos y transformadores, como por ejemplo los líderes de Podemos, nos den la impresión de que o no saben dónde están o lo que les preocupa más que nada, por encima de todo, es donde tienen que estar ellos.

Ese es el tiempo que ahora toca: es el momento de los grandes retos que con dialogo, negociación, servicio y responsabilidad, deben alcanzar los dirigentes y los aparatos de los partidos. Debemos apostar por abrir las organizaciones políticas, por incrementar la cercanía del cargo público con la sociedad en la que habita -no es que no se haga, pero se tiene que incrementar-, es el tiempo de fijar un máximo de legislaturas para liderar una Institución -se gana frescura, se pelean los retos y no se cae en la monotonía o en les descontento por los resultados; eres consciente que el reloj corre y debes de ser avispado para ganarle la carrera-. Los colectivos, asociaciones, agrupaciones deben ser el nexo entre la sociedad y la Institución, analizar las actuaciones de gobierno u oposición buscando el máximo de los consenso y por supuesto el interés general; hay que ser reivindicativo ante un gobierno amigo o un gobierno adverso, inventar proyectos únicos que cuenten con el apoyo y la participación del tejido social que nos rodea.

Y es el tiempo de remar todas las administraciones en la misma dirección con apoyo técnico, humano y económico, no ponerse de canto y esperar el fracaso , ya que ese fracaso será de una Institución, partido político o personas, aunque al final perdemos todos y dejamos escapar una oportunidad. El responsable público llega para transformar, mejorar y modernizar la sociedad, y no para sentarse tras una mesa protegido de años de institución.

Creo que estamos en el ocaso de un tiempo de hacer política y ahora debe comenzar un nuevo amanecer con otras formas, otros objetivos y mucha concordia.

La sociedad, los electores han mandado un mensaje, han configurado un nuevo tiempo y espacio político en el territorio español. Nada es por casualidad detengámonos un instante, pensemos en la vocación de trabajar por las personas y para la sociedad.

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