Domingo, 21 de Octubre de 2018

            

El terremoto que asoló Albolote

Hace 62 años, un seísmo hizo temblar durante seis segundos la localidad granadina | Algunos de los vecinos del pueblo que lo vivieron lo han recordado con GranadaDigital

Una de las casas reconstruidas tras el terremoto | Foto: Jesús González
Jesús González | @jesusgzlzmrqz


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Las agujas del reloj marcaban las seis y media de una apacible tarde en Albolote. Los vecinos del pueblo granadino, como lo harían cualquier otro día, realizaban sus quehaceres, salían a la calle o, simplemente, estaban en casa. Nada les hacía pensar que la tarde de aquel 19 de abril de 1956 sería distinta a la del resto de días. Sin embargo, ocho minutos después descubrirían que no se trataba de un día cualquiera.

A las 18:38 horas, un terremoto de magnitud 5.0 en la escala de Richter, con epicentro en la falla de Sierra Elvira, sacudió las localidades de Atarfe, Santa Fe, Maracena y Albolote, así como algunos barrios de la capital. Fue este último pueblo el que resultó más afectado por el temblor, que lo arruinó por completo.

Portada de un periódico que cuenta lo sucedido | Foto: Jesús González

 

“Oí a mi madre gritar desde fuera y salí de la casa, salté un muro de piedras que había en la entrada y cuando caí me golpeé con unos escombros que cayeron del tejado”, cuenta Paquita Padial, que tenía 19 años cuando tembló Albolote. Poco más mayor -tenía 23 años- era Afelio, que recuerda que estaba en su huerto, sembrando hortalizas, cuando se produjo el seísmo. “Yo veía como las casas se agrietaban y se caían las chimeneas”, relata el alboloteño, que aún se ruboriza al recordar “el pueblo medio destruido y la gente corriendo horrorizada”.

Con mayor temor lo vivió Francisca Ramírez, que tenía solo siete años cuando tuvo lugar el terremoto y que no olvida ni un solo detalle de aquella vivencia. Estaba en casa de su vecina, escuchando la radio, cuando todo “empezó a tambalearse”. A ella, junto al resto de niños, la refugiaron de manera temporal en las casas menos afectadas, que casi podían contarse con los dedos de las manos. Cuando finalizó el temblor, pese a lo que pueda parecer, comenzó lo peor: volver a empezar.

Francisca, una de las supervivientes del terremoto | Foto: Jesús González

 

Francisca recuerda que, tras salir de su refugio, su madre le llevó a un descampado donde se reunieron con el resto de familias afectadas. Allí permanecieron hasta que la lluvia, unida aún al temor generado por la tragedia, disolvió las diferencias entre las distintas clases sociales. “Los señoritos, gente acaudalada de la época, nos abrieron las cuadras, llevamos leña para hacer fuego y allí nos quedamos”, cuenta Francisca. Otros, como Paquita, se reunieron en la nave ‘La Trapera’, donde aguardaron la llegada del ejército con tiendas de campañas y diferentes enseres.

Los seis segundos que duró la sacudida se prolongaron hasta el 8 de mayo, fecha en la que dejaron de producirse réplicas del gran terremoto. “No podías ir a las casas ni salir a la calle porque a cada instante tenía lugar otra replica y te podía caer un cascote encima”, narra Paquita, algo que corrobora Afelio, que asegura que “aquello era desolador”.

Una portada que recoge el terremoto de Albolote | Foto: Jesús González

 

Más tarde, llegó al pueblo el Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones, un organismo creado durante la dictadura que posteriormente pasaría a llamarse Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. Este se encargaba de dirigir los procesos de reconstrucción de viviendas, monumentos artísticos e infraestructuras. “Declarabas que tu casa había sido una de las afectadas por el terremoto, decías el lugar del domicilio y te asignaban una”, explica Paquita. Este fue el último paso antes de que Albolote recuperase la paz que se respiraba solo ocho minutos antes del seísmo, aunque no fue un proceso rápido.

“Fueron tiempos realmente malos”, asegura Francisca, que tiene claro que “tienes que vivirlo para hacerte una idea de la situación en la que estaban las familias”. Ahora, 62 años después, se han cerrado todas las grietas físicas que provocó el seísmo, aunque la huella del gran temblor no podrá borrarse de aquellos que lo vivieron, que lo conmemoran cada 19 de abril con la procesión del Cristo de la Salud.

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