Martes, 25 Julio, 2017

            

“El sistema educativo español es el que más te prepara para la tragedia que te vas a encontrar fuera”

La granadina Ana Pérez cuenta su experiencia en dos sistema de docencia diferentes al español y anima a los universitarios a no tener miedo a salir de casa

Paula García Gómez


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La huida de licenciados españoles es el día a día de las noticias y no es de extrañar, puesto que las cifras ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística hablan de un desempleo juvenil del 54’39%. España está en la cima del paro juvenil –menores de 25 años- a nivel europeo. Vistas las cifras, Bruselas pretende tomar medidas invirtiendo unos 1.800 millones de euros en creación de empleo joven, como anunció hace unas semanas. A parte del éxodo que están protagonizando los profesionales más jóvenes, existe otra corriente de la que se habla muy poco: la de los jóvenes que se marchan a finalizar sus estudios fuera de la frontera española.

De los 21 países de que conforman la Unión Europea, España es el sexto con las tasas más altas de estudiantes en el extranjero, por detrás de Portugal, Holanda, Italia, Irlanda y el Reino Unido. A la importancia de este dato se le suma que únicamente dos de cada 10 de universitarios españoles disfruta de algún tipo de beca.

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La granadina Ana Pérez Salaberry es un ejemplo de cómo los alumnos universitarios españoles se abren camino en las instituciones académicas europeas. La que ahora es alumna de la universidad de Innsbruck (Austria) ya lleva dos años separada de su familia y amigos.

El periplo de Ana por tierras europeas comenzó el año pasado, cuando fue agraciada con una beca Erasmus –antes de que estuvieran en la picota del Ministerio de Educación- con la que pudo empezar un nuevo año académico en Saarbrücken (Alemania). Allí cursó su tercer año de traducción e interpretación de inglés y alemán, una experiencia que, según cuenta, le ha cambiado la vida. Ahora Ana está decidida a pasar varios años fuera de casa con tal de adquirir una formación excelente que le permita competir en el complicado mercado laboral.

P- ¿Te ha sido difícil adaptarte a la vida fuera de casa? ¿Qué es lo que más te ha costado?

R- La verdad es que el período de adaptación lo sufrí más el año pasado en Alemania que este año en Austria, ya que la diferencia de un país al otro no es muy grande. Lo que más me costó fue habituarme a los anocheceres tan tempranos, a la nieve y a los horarios de las comidas, por no hablar del carácter de los locales y el idioma.

P- ¿Hay mucha diferencia entre la cultura del norte de Europa y España?

R- Sí, absolutamente. Casi todo es diferente: horarios de comidas, horarios comerciales, carácter (en Austria el carácter es aún más frío y distante que en Alemania), cortesía, puntualidad, cultura general…

P- Observando el panorama académico y profesional de España, ¿crees que la mejor opción es cambiar de país?

R- Si nos ceñimos al panorama académico, a lo puramente académico, no considero que sea necesario cambiar de país, ya que en España hay algunas universidades muy buenas. También hay que tener en cuenta que ya son varios los países europeos (Alemania y Austria son dos de ellos) donde no se pagan los créditos ECTS, es decir, que es prácticamente gratis estudiar. Y eso sí sería un punto a favor de cambiar de país. Por otro lado tenemos el panorama laboral, y en ese caso sí que recomendaría cambiar de país por dos motivos muy sencillos: porque tarde o temprano se va a tener que hacer y cuanto antes aprendamos el idioma mejor, y porque en España no hay absolutamente nada.

P- ¿Cómo es el trato que recibe un estudiante español en un país extranjero?

R- Hay gente que adora a los españoles, gente a la que le es indiferente, y gente que tiene una cierta repulsión hacia nosotros (vetándonos el acceso a residencias universitarias, por ejemplo). Hasta ahora lo más escandaloso que me ha pasado es que una profesora me echara de clase por no fiarse del nivel de alemán que pudiera tener una alumna española. Algo curioso que también he experimentado es que la gente por aquí es poco discreta, y cuando te escuchan hablar en español te miran mucho e intentan ver si con suerte pillan alguna palabra que ellos conozcan.

P- De los tres sistemas educativos diferentes con los que has trabajado (español, alemán y actualmente austriaco), ¿cuál crees que es el que mejor se adecúa a los jóvenes que van a salir al mercado laboral?

R- Buena y difícil pregunta. Me atrevería a decir que paradójicamente el sistema español es el que más te prepara para la “tragedia” que te vas a encontrar fuera. También puede ser que, tanto en Alemania como en Austria, al ser gratuita la educación y tener un panorama laboral más esperanzador, el sistema educativo es mucho más relajado y por lo tanto se lo toman con más calma.

P- ¿Qué cambiarias del sistema educativo que ofrece España?

R- Para empezar quitaría las tasas universitarias porque me parece un descaro que tal y como están las cosas, siendo la educación una de las pocas escapatorias, se esté encareciendo con cada año que pasa. Lo segundo que haría es quitar asignaturas inútiles del plan de estudios de todas y cada una de las carreras, que sólo sirven para rellenar créditos, porque la política educativa así lo dicta, y para quitar tiempo de estudio de otras asignaturas. Y lo tercero que haría sería revisar la plantilla docente de todos los centros y controlar el enchufismo, que es una realidad a la que nadie parece querer enfrentarse y que perjudica a muchos estudiantes.

P- ¿La Universidad de Granada te ha puesto muchos inconvenientes en cambiar tu expediente académico a la Universidad de Innsbruck o viceversa?

R- No, al contrario, tuve la suerte de que el secretario de mi facultad fue muy amable y me explicó todo al máximo detalle. Supongo que en Traducción e Interpretación estarán acostumbrados a que “se les vayan” los alumnos.

P- ¿Cómo es la imagen que poseen los europeos del norte de los universitarios?

R- A esto voy a responder dándole la vuelta a la tortilla. Como ya he dicho antes, se lo toman con mucha más calma, la mayoría incluso compaginan estudios y trabajo, le dan mucha importancia al tiempo libre, etc. Además hay mucha gente que decide estar un par de años probando nuevas aficiones y trabajos para así saber a qué se quieren dedicar en el futuro, así que, en caso de incorporarse a la vida universitaria, lo hacen más tarde.

P- Tanto el gobierno alemán como el austriaco, ¿premian de alguna manera a sus estudiantes universitarios y si es así en que se basan?

R- La verdad es que no tengo ni idea de si existe algo como la “Matrícula de Honor” en España. Lo que sí sé es que es muy fácil obtener ayudas económicas tanto para los estudios como para la vivienda, pero desconozco los requisitos exactos.

P- ¿Qué recomendaciones les darías a los nuevos emigrantes?

R- Primero de todo que no tengan miedo, no hay nada que perder. Lo segundo, que cumplan los plazos burocráticos y que lo apunten todo muy bien. Si se ven agobiados con los plazos, que intenten alargar o modificar los españoles, ya que en los países del norte suelen ser poco flexibles. Lo tercero es que no se vengan sin tener alojamiento buscado, ya que, sobre todo si se desconoce el idioma local, pueden tener experiencias bastante desalentadoras a la hora de encontrar una habitación en la que vivir. Lo cuarto, que intenten aprender un poco del idioma antes de emigrar. Y por último, que aprendan a tolerar las diferencias culturales. Puede sonar estúpido pero más de una vez me he encontrado a españoles que van por ahí diciendo “como en España, en ningún sitio” y más de uno se ha sentido ofendido. Todo se basa en tener paciencia y en tratar como te gustaría que te trataran a ti.

 

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