Domingo, 24 Septiembre, 2017

            

El señor Sánchez no será presidente

Foto: Archivo
Pedro Vaquero | @pvaqdp


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No hubo sorpresas de última hora. La investidura de Pedro Sánchez como presidente del gobierno de España fue rechazada por todos los grupos parlamentarios y partidos, salvo por Ciudadanos y Coalición Canaria que votaron Sí en segunda vuelta. Entonces, ¿para qué todo el juego que se ha traído el candidato agotando sus posibilidades al caballo perdedor de la coalición PSOE-Cs? Él ha argumentado varias razones:

  1. a) Que con el PP estaba descartado, pues Rajoy y el PP son lo contrario al cambio que los ciudadanos votaron el 20D, y en consecuencia cualquier pacto PSOE-PP rompería la estrategia de Pedro Sánchez de presentarse como el candidato del cambio a la presidencia de un gobierno progresista y reformista. No seré yo quien le quite la razón en esto.
  2. b) Que Podemos, Compromís e IU tenían medidas sociales en el programa pactado con Cs como para votar Sí; e incluso que se podían sumar a estas 200 propuestas otras surgidas de un diálogo posterior con ellos. Pero esta hipótesis era bastante errónea, pues se asentaba sobre la táctica de cerrar un acuerdo con Cs y sumar como subalternos a unos partidos que ni aceptan ese trato vejatorio ni juegan en el terreno de la aceptación de los planteamientos económicos neoliberales, por más medidas sociales que se les ofrezcan como cebo. El que mejor explicó esto en la tribuna del Congreso fue Alberto Garzón: es imposible llevar a cabo un programa social como el que requieren la desigualdad, la pobreza y precariedad de España sin tocar para nada el modelo económico; y para modificar el rumbo económico hay que desmontar el papel gobernante de las oligarquías financiera, empresarial y mediática, que pese a no estar ni en el Congreso ni en el Gobierno sentados, son realmente los que mandan.
  3. c) Que el PSOE no iba a traspasar la línea roja de hablar con los independentistas, entendiendo por tales a todos los nacionalistas. De ahí el empeño del candidato en recalcar que tampoco la suma del bloque de izquierdas PSOE-Podemos-IU sumaban una mayoría suficiente. Pero siendo esto verdad, también lo es que sin el voto positivo o la abstención al menos de PNV, Bildu, ERC, CiU, o de algunos de ellos al menos, no será posible ni ahora ni después del 26 de junio (nuevas elecciones) conseguir una mayoría simple que gobierne. Así que el PSOE debería haber obviado esa línea roja. No solo porque si no nunca cuadrarán las cifras, sino porque no debe confundirse nacionalismo con independentismo. Algunos nacionalistas quieren directamente la secesión del Estado español, pero otros están dispuestos a estudiar fórmulas para conjugar su identidad nacional con su inserción en un Estado español que la reconozca.

Así las cosas, ¿a qué carajos ha estado jugando el PSOE? A crear en el electorado una pedagogía, a convencernos de esta idea: con esta correlación de fuerzas no es posible un gobierno de izquierdas (por lo radical de los izquierdistas Podemos e IU sobre todo), y en consecuencia habrá que acudir a una segunda convocatoria electoral (cuyos resultados serán casi los mismos) y estar dispuestos tras ella a acordar una gran coalición PP-PSOE-Ciudadanos. ¡Ese es el objetivo final! Tal vez Pedro Sánchez no sea consciente de ello, pero Felipe González y Susana Díaz sí lo son, y así rematarán su jugada fraguada con los barones y sellada en el Comité Federal, en la que Pedro Sánchez ha jugado sumisamente el papel residual de candidato interino en una primera fase. Si el señor Sánchez quiere seguir en el juego llegará a vicepresidente en un gobierno presidido por Rajoy o un sustituto del mismo PP más joven y menos tocado por la corrupción. Pero en todo caso, mi pronóstico es que Pedro Sánchez ya no será presidente… Ni antes ni después de unas nuevas elecciones generales.

Porque en política todo es posible. Menos los milagros.

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