Lunes, 16 enero, 2017

El ruido del tráfico….¿engorda?

Se trata de un estudio observacional así que no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre causa y efecto

ruido
Foto: Archivo GD


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Si te preguntan qué es lo que más engorda, en tú contestación posiblemente nombrarás los dulces, picar entre horas, comer por la noche, dormir mucho (o dormir poco, según las últimas investigaciones), no hacer ejercicio, ser sedentario, etc. Las respuestas pueden ser infinitas, pero ¿a qué no te has planteado que el ruido sea un factor de riesgo de la obesidad?

Pues un grupo de investigadores suecos han realizado un estudio observacional – que además ha sido publicado en la edición digital de ‘Occupational & Environmental Medicine’-, en una gran muestra poblacional y con seguimiento durante años para averiguar qué efecto tiene sobre la grasa de la tripa el ruido.

La principal conclusión es que el ruido del tráfico por carretera está vinculado a un mayor riesgo de grasa en la tripa; y lo que es peor, la exposición a una combinación de ruido de tráfico por arretera, ferroviario y de los aviones puede suponer un mayor riesgo de tener ‘michelines’, también conocido como obesidad central, y se cree que es uno de los tipos más dañinos de deposición de grasa en todo el cuerpo.

Los investigadores evaluaron la cantidad de tráfico por carretera, ferroviario y el ruido de los aviones a la que habían estado expuestas 5.075 personas que viven en cinco áreas suburbanas y rurales en los alrededores de Estocolmo, Suecia, a partir de 1999.

Los autores lo hicieron mediante el uso de cifras oficiales de los niveles de ruido y el flujo de tráfico sobre la carretera y ferroviario, incluyendo información sobre las superficies terrestres, la altura de los edificios, los límites de velocidad y las barreras de ruido de los cinco municipios. Además, usaron datos nacionales sobre el ruido de los aviones del principal aeropuerto de Estocolmo, Arlanda.

Todos los participantes habían sido parte del Programa de Estocolmo de Prevención de la Diabetes (1992-8), cuyo objetivo era examinar los factores de riesgo para el desarrollo de la diabetes y la mejor manera de prevenirlo.

Entre 2002 y 2006, cuando tenían entre 43 y 66 años, completaron un cuestionario sobre el estilo de vida, el estado de salud actual, los niveles de estrés psicológico, el insomnio y la tensión laboral. También se les preguntó acerca de la contaminación acústica ambiental del tráfico por carretera, los trenes y los aviones.

Además, los participantes fueron sometidos a un examen médico, que incluía la presión arterial y una prueba para la diabetes, así como mediciones de la grasa central del cuerpo (la cintura, las caderas y la relación cintura-cadera) y la obesidad global (peso y altura para definir el índice de masa corporal o IMC).

Los investigadores calcularon que más de la mitad (62 por ciento o 3.127 participantes) habían sido expuestos regularmente al ruido del tráfico rodado de al menos 45 decibelios (dB), mientras que uno de cada 20 había sido expuesto a niveles similares de ruido de los trenes. Otros 1.108 habían sido expuestos al ruido de los aviones de más de 45 dB.

En total, algo más de la mitad (54 por ciento, 2.726) había sido expuesto a una fuente de ruido del tráfico; 15 por ciento (740) a dos fuentes; y 2 por ciento (90) a los tres. Alrededor de un tercio (30 por ciento, 1.519) habían sido expuestos a niveles por debajo de 45 dB, lo que se considera que no es nocivo.

El análisis indicó ninguna relación entre el ruido del tráfico rodado y el IMC. Pero había una asociación entre el ruido del tráfico por carretera y el tamaño de la cintura, con un incremento de 0,21 cm por cada aumento adicional de 5 dB en la exposición, aunque esto sólo fue significativo entre las mujeres. Del mismo modo, existe un vínculo de la ratio cintura-cadera, con un cambio de 0,16 por cada aumento de 5 dB en la exposición al ruido de tráfico por carretera; una relación que fue más fuerte en los hombres.

Una cintura más grande se asoció significativamente con la exposición a cualquiera de las tres fuentes de ruido, pero la asociación fue más fuerte para el ruido de los aviones; una ratio cintura-cadera mayor se vinculó con el tráfico por carretera y el ruido de aeronaves. Sin embargo, parecía haber un efecto acumulativo: a cuantas más fuentes de contaminación acústica se expusiera una persona al mismo tiempo, mayor parecía ser su riesgo de obesidad abdominal.

El mayor riesgo de tener una cintura más grande pasó del 25 por ciento entre las personas expuestas a una sola fuente a casi el doble en las personas expuestas a las tres fuentes. Los resultados no se vieron influenciados por factores socioeconómicos, el estilo de vida o la exposición a la contaminación atmosférica de las vías locales, pero la edad es un factor influyente, con las asociaciones entre la obesidad central y el ruido del tráfico por carretera sólo detectada en los menores de 60 años.

Se trata de un estudio observacional así que no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre causa y efecto, además de que los investigadores no lograron evaluar los niveles de aislamiento acústico residencial o la ubicación de los dormitorios de los participantes. Pero la exposición al ruido puede ser un importante factor de estrés fisiológico y subir la producción de la hormona cortisol, cuyos altos niveles se cree que tienen un papel en la deposición de la grasa alrededor de la parte media del cuerpo, sugieren.

“Esto puede explicar por qué los efectos del ruido se observaron principalmente para los marcadores de la obesidad central, como la circunferencia de la cintura y la relación cintura-cadera, en lugar de la obesidad generalizada, medida por el IMC”, escriben. El ruido del tráfico de cualquiera de las tres fuentes también puede afectar a las funciones metabólicas, así como cardiovasculares, mediante la alteración del sueño, la modificación del control del apetito y el gasto energético, sugieren.

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