Viernes, 22 Septiembre, 2017

            

El Rey que perdió su corona

La historia es un cuento popular que nos hace reflexionar sobre la importancia que le damos en ocasiones a una cosa, es decir; a un pensamiento, un objeto o una representación, que nos ciega y consigue que no valoremos lo más importante, nuestro interior.

Asociación Tartaruga | @asoc_tartaruga


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El cuento que descubriréis a continuación nos narra la historia de un Rey que perdió su valiosa corona, a simple vista parece algo que tenga fácil solución para un déspota pero en este caso, nuestro Rey estaba obsesionado con esa corona, hasta el punto de ir a todas partes con ella encima (nunca mejor dicho), creyendo que residía en esta el motivo de que fuera el Rey. Pronto, gracias a la pérdida de la corona descubrirá una lección que le ayudará a comprender y mejorar su forma de entender el mundo.

Un artículo de Asociación Tartaruga

Esta es la historia de un Rey que tenía una corona muy bonita, le gustaba muchísimo y siempre la llevaba puesta para que todo el mundo supiera que él era el Rey.

Sólo se la quitaba para dormir, la dejaba en su mesita de noche y se la ponía de nuevo, rápidamente cada mañana.

Pero un día, cuando se despertó y fue a coger su corona… ¡No estaba!

Empezó a buscarla por toda su habitación, debajo del colchón entre sus libros en el escritorio, en los armarios… y es que su habitación estaba tan desordenada que era imposible encontrar nada.

El Rey fue por su castillo buscándola, le preguntó a todos los empleados que trabajaban en el castillo y ninguno sabía donde estaba. Decidió entonces salir a buscarla por los jardines de su palacio.

Cuando llegó al estanque y le preguntó a un pato que había allí, le dijo: -Señor Pato, ¿usted ha visto mi corona?

Y el Señor Pato se quedó un momento pensando y dijo… -No, no la he visto. Pero yo he estado todo el día aquí bañándome en el estanque, a lo mejor si le preguntas a un animal muy astuto que vive en el bosque…

Y el Rey fue corriendo al bosque, donde divisó la figura de un Zorro, al que le preguntó angustiado:

-Señor Zorro ¿usted ha visto mi corona? La estoy buscando por todo el castillo y no sé dónde está. Y el Zorro le contestó: -No, yo no he visto la corona, pero es que yo sólo voy por los caminos, a lo mejor podría usted preguntarle a la Paloma que va siempre volando por el aire y quizá desde allí la haya visto.

De modo que el Rey en cuanto vio a la Paloma le preguntó:

-Señora Paloma ¿usted ha visto mi corona?

-No, no la he visto. Pero ya había escuchado el rumor y la he estado buscando por todo su reino, aunque no la he encontrado.

El Rey se quedó entonces muy triste, pero la paloma le dijo:

-Debería coger usted un barco y salir fuera de reino para buscarla.

Aquello al Rey le pareció una estupenda idea continuó contento en busca de su corona.

En el puerto cogió su velero y se fue al mar a buscarla. Se guiaba por el sol hasta que se hizo de noche que, como ya no había sol, debía guiarse siguiendo la Estrella Polar.

Al amanecer vió una isla, que estaba rodeada de montañas, pero al Rey esto no le importó y las superó con bastante dificultad. Al sortear las montañas, se encontró con un valle verde y al final de este una casa. Cuando llegó a la casa llamó a la puerta y entró pensando que no había nadie. El Rey estaba un poquito asustado porque no sabía lo que se podría encontrar… entonces de pronto apareció un sabio y le preguntó al Rey en qué podía ayudarle. El Rey le contó su problema:

-He recorrido un largo camino porque estoy buscando mi corona, he de encontrarla porque es muy importante para mí, sin ella no parezco un Rey. ¿Podría ayudarme a recuperarla? -Pues no sé donde esta tu corona, pero yo tengo una caja mágica donde guardo todas las cosas importantes. Puedes buscar en ella a ver si la encuentras.

El Rey muy contento miro y requetemiro en la caja pero ahí no aparecía su corona por ningún lado. Entonces muy triste se puso a llorar. El sabio preocupado le preguntó: -¿Por qué lloras? Y respondió el Rey entre lágrimas: -Porque sin mi corona ya no voy a poder ser Rey…

El sabio sacó su pañuelo y mientras le secaba las lágrimas le explicó que más importante de un rey no era su corona, por eso no estaba en su caja mágica, sino que reinase con bondad. -Aaala… dijo el Rey,-¿Entonces la corona? -Las coronas no son las que reinan,las que reinan son las personas…- le dijo aquel hombre ofreciéndole de nuevo la caja mágica para que mirase en ella. Y lo que encontró… ¡fue una gorro!, a lo que el Rey dijo:

Bueno, habrá que modernizarse.

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