Martes, 23 de Octubre de 2018

            

El poder curativo y terapéutico del perdón

Joan Carles March | @joancmarch


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Me parece curativo hablar del perdón. Me parece útil ser humilde y pedir perdón cuando nos equivocamos. Me parece necesario trabajar para cuidar a la persona a la que hemos pedido perdón. Me parece bueno ayudar a recordar escritos y reflexiones sobre el perdón y su poder curativo.

Guardar rencor causa más dolor y malestar físico a quien lo sufre que a la persona que lo lastimó, y a la vez, une más a estas personas de lo que el agredido quisiera. Por ello, el hecho de perdonar plantea beneficios como:

1. Niveles de estrés más bajos, al reducir las cantidades de cortisol y, por tanto, la ansiedad.
2. Sistema inmune más fuerte contra las infecciones.
3. Sistema cardiovascular más sano, a partir de ritmos cardiacos y presión arterial más bajos.
4. Descenso del dolor, tanto emocional como físico, reflejado en menor intensidad de malestares crónicos.
5. Restauración de patrones de sueño, gracias a la producción de serotonina.
6. Reducción de las probabilidades de padecer cáncer.
7. Mayor esperanza de vida.

Me hablaron de un artículo de Rusell Barkley sobre la necesidad de perdonar y sobre el poder terapéutico del PERDÓN. Y es que:

Perdonar no es renunciar, no es tirar la toalla, no es consentir…Perdonar no es olvidar, es aprender a pensar mejor entendiendo que no estamos obligados a facilitar una reconciliación, sino a aceptar lo sucedido sin sentirnos “débiles” por dar ese paso.

Perdonar es comprender, es empatizar, es dejar a un lado las emociones negativas, es pensar qué serías tú en las circunstancias vitales del otro, cómo habría sido tu camino si lo hubiera recorrido con sus zapatos.

Perdonar es abandonar el rol de víctima, ese papel que nos consuela en momentos de desesperación pero que nos impide avanzar. Perdonar es liberarnos de muchas cargas que no merecemos llevar de por vida.

Necesitamos perdonar la incomprensión, la falta de herramientas para entender la diversidad, los reproches por exigir nuestros derechos, los diagnósticos poco acertados,….

Necesitamos perdonar a muchas personas de nuestro entorno, su desconocimiento, sus juicios de valor: “¿cómo les consientes”, “su problema es que están muy mimados”, “no tienen ningún problema, es que no quieren“, “os toman el pelo” ….Y queremos, necesitamos, nos va la vida en ello…perdonarnos a nosotros mismos, porque no podemos exigirles al resto lo que nos exigimos a nosotros, porque no tiene que ser todo perfecto, porque……

Por tanto, ante estas situaciones es bueno agradecer: Gracias por todo y más, por ser capaz de pedir perdón públicamente y por perdonar tantas cosas, a tanta gente y a uno mismo. “Qué fácil es decir la palabra perdón y qué difícil es escribirla”.

Gracias por defender lo que pensáis y creéis, por vuestra valentía, por vuestra capacidad, por vuestro compromiso, por vuestra inteligencia, por no desfallecer, por intentarlo y volverlo a intentar, por no bajar la guardia, por……..

Porque el perdón es también una forma de desapego. Y es evidente que hace referencia a todo un acto de valentía por el que las personas dejamos a un lado ese rencor que carcome y del que somos cautivos para aceptar lo sucedido y permitirnos avanzar. Es también una reestructuración del “yo”, un camino donde reparar daños y emociones negativas para hallar poco a poco y día a día la paz interior.

Y es que perdonar sirve para evitar el “desgaste” personal. Perdonar no significa decirnos que lo que ocurrió en un momento dado estuvo bien si no lo estuvo. Tampoco significa “aceptar” ni reconciliarnos con la persona que nos hizo daño; aún menos obligarnos a sentir cercanía o piedad hacia ella. Perdonar es asumir que las cosas sucedieron de ese modo en concreto. Nada de lo que ocurrido en ese instante puntual de nuestro pasado puede cambiarse. Por tanto, debemos dejar de elucubrar, de perder energía, ánimo y salud al imaginar cómo podrían haber sido las cosas en caso de haber actuado de otro modo, en caso de que hubiéramos hecho esto en lugar de lo de más allá.

Se trata más bien de facilitar el duelo del resentimiento, de ir quitándole capas a la rabia, intensidad a la desesperación y a ese bloqueo que nos impide respirar… Para ello, es necesario que dejemos de odiar a quien nos hizo daño. Y eso va por las mujeres que perdonan más que los hombres (95% frente al 88%). Ellas perdonan para ser perdonadas, y consideran el perdón como un indicador de inteligencia. Los hombres suelen perdonar para olvidar y poder seguir adelante.

Por tanto, el perdón es la piedra angular de cualquier relación, ya sea de pareja, de amistad, etc. Recordemos que no todo el mundo ve las cosas del mismo modo que nosotros; de hecho, hay tantas percepciones, enfoques y opiniones como días hay a lo largo del año.

El perdón es un proceso. Esto es algo que también debemos entender. Tal vez nunca podamos perdonar por completo a la otra persona, pero sí podemos descargar una buena parte de todo ese resentimiento para poder “respirar” un poco mejor…

Perdonar es por tanto una de las mejores capacidades y virtudes que desarrollar como seres humanos.

Quien perdona se libera de un vínculo de apego negativo con aquella experiencia traumática, dando fin a un ciclo de dolor personal y abriendo la posibilidad a ser perdonado en otra ocasión.

Como dijo Buda: “Aferrarse a la ira es como tomar un carbón ardiente con la intención de arrojárselo a alguien; es uno quien se quema”.

Perdón

Comments

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  1. Precioso, difícil, un ejercicio liberador sin duda para el que hay que tener una gran altura moral. Gracias Joan Carles. Leerte es siempre un placer y un ejercicio muy saludable!