Martes, 23 Mayo, 2017

Publicidad

El PIB Verde: ¿Tan ricos somos?

La instauración de la ética medioambiental en las empresas de nuestro país está haciéndose merecedora del término liderazgo



image_print

La ciencia de la gestión de la sustentabilidad aduce que la atmósfera es el soporte vital de la humanidad, que la creación es capaz de indicarnos la propia dirección del mercado y que la economía está incrustada en la misma naturaleza. Exhortando a las ya primeras propuestas de Theodore Roosevelt el Departamento de Economía y Asuntos Sociales de Naciones Unidas, cum mensa, en la conocida Conferencia Río+20 ha pretendido participar de esta teoría cuasi ecocéntrica creando un nuevo índice que mida la riqueza de las naciones teniendo en cuenta los recursos naturales, la estabilidad social y el bienestar: el Índice de Riqueza Inclusiva (IWI).

El ya conocido como PIB verde pretende introducir en el teatro de operaciones el capital natural y así demostrar cuál es la verdadera riqueza de los países. ¿Habrá llegado el momento en el que los axiomas autorregulatorios de Gaia nos conduzcan a una auténtica retroalimentación?

Este sistema de medición se aplicó a 20 países emergentes que representan el 56% de la población del planeta y el 72% del PIB mundial entre los años 1990 y 2008. El resultado puso de manifiesto el lamentable antagonismo entre el desarrollo económico y la protección ambiental. Sin ir más lejos las cifras impelidas de Brasil y China son del 18% y del 45% de declive natural pese a que su desarrollo económico fue del 422% y del 31%. Estados Unidos, a pesar del incremento del 34% en el ámbito económico perdió un 20% de su capital natural. El único país que no hizo disminuir su riqueza originaria fue Japón por un aumento de su capa forestal.

El informe de la ONU no contiene datos relativos a España pero no son enteramente necesarios para intuir que la germinación de lo congénito cada vez tiene más preponderancia en nuestro país. A título ejemplificativo las tasas de separación de basura, ahorro en consumo eléctrico, elección de medios de transporte económicos y ahorro en consumo de agua ascienden en parajes españoles al 52%, 33%, 26% y 37% respectivamente. Es cierto que aún nos resta una escarpada travesía hasta la consecución del cabal respeto al capital natural, pero los españoles estamos en la vía. De igual manera, la instauración de la ética medioambiental en las empresas de nuestro país está haciéndose merecedora del término liderazgo. De esta manera además de favorecer la sostenibilidad están mejorando su reputación, creando confianza y conexiones con la comunidad y prosperando prominentemente.

Los datos del Índice de Riqueza Inclusiva presentados por Naciones Unidas han de vestirnos de estado de alerta cuanto menos. Es inevitable llegado a este punto plantearse si las economías más potentes se han conseguido pagando precios ecológicos tan altos que hayan perdido todo derecho de enervación, personándose también la cuestión relativa a la duración del lapso, pues éste no va a vivir eternamente. Tender al equilibrio natural no va necesariamente en contra del desarrollo económico, más bien todo lo contrario.

Qué mejor ejemplo que el de nuestro país, en el que el turismo viene representando el 10% del PIB y donde los años del sol y la playa están viniendo a ser sustituidos por las rutas por espacios naturales y parques nacionales. No es necesario pasar del PIB al IWI, con dejar de pensar que La Tierra es el feudo de nuestra generación, es suficiente.

Comments

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  1. El crecimiento ecónomico no debe ir en detrimento de los recursos naturales, pues en ese caso, tenemos asegurada la pobreza para todos. El desarrollo sostenible es un concepto que se terminará imponiendo en nuestro planeta por necesidad. Hasta entonces, tendremos los pobres resultados actuales.
    Interesante articulo