Lunes, 18 Diciembre, 2017

            

El mercado de segunda mano andaluz reduce el impacto medioambiental de CO2 en 83.000 toneladas

Andalucía se posiciona como la tercera región española que más contribuyó al medio ambiente en este sentido

Una bicicleta de segunda mano | Fuente: DealMyWheel.es
E.P


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La compraventa de segunda mano –que no ha parado de crecer en los últimos años, gracias al uso masivo de los ‘smartphones’ y de las ‘apps’ y a la conciencia creciente de que el consumismo sin freno repercute negativamente en el medioambiente– ha reducido el impacto medioambiental de dióxido de carbono (CO2), en el caso de Andalucía, en unas 83.000 toneladas.

Son datos de la segunda edición del estudio ‘Second Hand Effect. El mercado de segunda mano y su efecto en el medio ambiente’, elaborado por Vibbo, en colaboración con el Instituto de Investigación Medioambiental de Suecia (IVL), y a cuyos resultados ha tenido acceso Europa Press, según el cual dando una segunda vida a los objetos se reducen las emisiones de CO2.

De este modo, Andalucía se posiciona como la tercera región española que más contribuyó al medio ambiente en este sentido, tan solo por detrás de Madrid y Catalunya.

Esta cantidad de CO2 representa el 11,9 por ciento del total de emisiones ahorradas a través del mercado de segunda mano en España en 2016, equivalente a eliminar todas las emisiones que generan 110.597 andaluces en un solo mes o a fabricar 1,3 millones de ‘smartphones’ o 333.000 sofás. Son cifras que demuestran que el mercado de segunda mano reduce realmente la huella de carbono.

“La tendencia al alza del mercado de segunda mano puede obedecer a motivaciones evidentes como la económica o deshacerse de algo que el usuario ya no necesita”, asegura la responsable de Estudios de Vibbo, Beatriz Toribio, “pero la conciencia sobre el medioambiente y el consumo responsable va aumentando su importancia a la hora de usar plataformas de segunda mano. En España el mercado de segunda mano se ha duplicado en los últimos diez años pero aún tiene un largo camino por recorrer para alcanzar a los países nórdicos, con mayor tradición en la venta de productos usados con la motivación de cuidar el medio ambiente”.

Actualmente el CO2 es uno de los principales gases de efecto invernadero y uno de los grandes problemas en la lucha contra el cambio climático. A medida que se utilizan más y más recursos, los niveles de CO2 aumentan progresivamente y potencian el efecto invernadero, provocando el calentamiento global. El informe ‘Second Hand Effect’ se apoya en el supuesto de que la venta de un producto de segunda mano evite la producción de uno nuevo y las emisiones de CO2 que eso conlleva, así como el ahorro que supone desechar sus residuos al deshacerse de un objeto.

El método empleado para realizar este cálculo se basa en el análisis de los objetos vendidos en la plataforma. El IVL extrajo datos medioambientales y posteriormente los recalculó como sus equivalentes en kilogramos de dióxido de carbono.

A nivel nacional, el ahorro de CO2 se ha visto incrementado una media de un 11 por ciento por categoría en 2016, respecto a las emisiones evitadas potencialmente por los objetos de segunda mano del año anterior. Los artículos de miscelánea han sido los que más han aumentado su contribución al medio ambiente respecto a 2015, en concreto se ha ahorrado un 37 por ciento más CO2 con la compraventa de artículos de moda y belleza.

Tan solo los vehículos han colaborado en menor medida, un 6 por ciento menos, frente al CO2 ahorrado el año anterior. Esto se debe principalmente a que los vehículos son productos muy complejos, cuya producción requiere una gran cantidad de energía, y por ello las pequeñas variaciones en la compraventa afectan en gran medida al ahorro de CO2.

Pese a ello, en Andalucía la compraventa de vehículos de segunda mano es la que más CO2 ahorró el pasado año a través de la ‘app’ y web de vibbo, con 60.767 toneladas de dióxido de carbono. Le siguen a mucha distancia las categorías de electrónica y hogar, con 9.422 y 9.372 emisiones potencialmente ahorradas, respectivamente. Se trata de dos categorías de objetos que requieren mucha cantidad de energía o agua para la extracción de algunos de sus materiales, como el aluminio y el oro de algunos componentes electrónicos de los ‘smartphones’ o el textil que contiene un sofá.

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