Sábado, 19 Agosto, 2017

            

El impacto del acoso escolar puede persistir a largo plazo y provocar baja autoestima, depresión y estrés, según experta

Destaca que las TIC son cada vez más la herramienta que se utiliza para acosar, siendo más difícil para los profesores detectarlo Subraya que los compañeros que informan de estas situaciones "no son chivatos, sino buenos compañeros"

Foto: E.P
E.P


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Las secuelas de un menor que ha sufrido acoso escolar en su infancia serán menores si éste se ha detectado a tiempo. Así lo asegura la psicóloga Eugenia Piñero, del Colegio de Psicólogos de la Región de Murcia, quien subraya en declaraciones a Europa Press que con ayuda psicológica y mejorando las relaciones con los compañeros se puede superar totalmente.

Aún así, ha resaltado, “el impacto del acoso escolar puede permanecer a largo plazo”, provocando baja autoestima, rechazo al colegio, dificultades emocionales, depresión, ansiedad o estrés postraumático. Por lo que “el apoyo psicológico y social es fundamental en estos casos”.

En este sentido, explica que el principal “observador” de situaciones de violencia en las aulas es el profesorado, fundamentalmente el tutor de un curso, que es el profesional que más interactúa con el alumnado. Sin embargo, “es cierto que para los docentes no siempre es fácil la detección, pudiendo en ocasiones no observar que en su grupo o centro se están produciendo problemas de violencia”.

Y es que “tenemos que tener en cuenta que los profesores atienden a un elevado número de alumnos, también, que cuando existen agresiones, éstas no se producen delante del ellos, sino en espacios con poca vigilancia como los pasillos y aseos, o donde no exista la presencia de adultos”, ha subrayado, así como “tener en cuenta que en ocasiones el acoso o violencia no se produce cara a cara, sino que cada vez más, las TIC son la herramienta que se utilizan, no pudiendo el profesorado detectarlo directamente”.

Tras lo que ha querido hacer una reflexión, “qué ocurre cuando son los propios compañeros de clase o de patio los que están viendo una agresión y no lo comunican, no defienden, o simplemente no hacen nada”. Así ha indicado que “los compañeros que informan de estas situaciones no son chivatos, sino buenos compañeros que están ayudando a otros que lo están pasando mal”.

Según explica esta profesional, “desde la familia es importante mantener contacto con el contexto escolar de nuestros hijos”. La comunicación con el profesorado y con los propios estudiantes permitirá conocer aspectos acerca de lo que ocurre en las aulas.

“Esto no significa que realicemos interrogatorios a nuestros hijos ni a los profesores, sino que nos mantengamos interesados, que hablemos con ellos sobre su día a día”, ha hecho hincapié, al tiempo que ha señalado que “las familias también deben estar atentas a algunos signos que pueden indicar que algo anda mal en el colegio, como cambios de conducta o de estado de ánimo, aparición de rechazo a asistir al colegio, que desaparezca material escolar, que verbalicen que no tienen amigos o que se meten con ellos”.

EL ACOSADOR, MÁS POPULAR ENTRE LOS COMPAÑEROS QUE LA VÍCTIMA

No es necesario sobreproteger, “pero sí estar atentos a sus preocupaciones”, ha apostillado Piñero, quien ha recordado que el acoso escolar o bullying son conductas de ataque repetitivas (físicas, psicosociales o verbales) de determinados escolares que se consideran poderosos sobre aquellos que creen más débiles frente a ellos, con la intención de causarles sufrimiento para su propia gratificación.

El abuso de poder, el deseo de intimidar y dominar, e incluso, la pura “diversión”, figuran entre los motivos que mueven a los acosadores a actuar así. En ocasiones, el acosador se ve apoyado por otros compañeros, ya sea de forma directa (apoyando incluso en las agresiones) o indirecta (no interviniendo), porque es frecuente que el acosador sea más popular entre los compañeros que la víctima. De ahí, ha resaltado la psicóloga, “la importancia del papel de los compañeros y las relaciones sociales que se establecen en el aula”.

Al hilo Eugenia Piñero ha querido dejar claro que no todas las situaciones de violencia son acoso, “podemos estar ante un conflicto puntual entre compañeros”, aunque, “por supuesto, estas conductas no deben quedar sin respuesta, ya que son violencia también, pero no son acoso”.

En caso de serlo, ha señalado, “el primer paso es acudir al centro educativo e informar al profesorado de nuestras sospechas” ya que “los centros disponen de los mecanismos para detectar y actuar ante situaciones de acoso, pero en ocasiones no están enterados de que está ocurriendo”.

LA IMPORTANCIA DE EDUCAR EN VALORES

A su entender, “es importante el contacto frecuente con la figura del tutor, y el interés por el funcionamiento del centro, del aula, de las relaciones de nuestros hijos. También, que, ante la sospecha de dificultades en el centro, no tengamos actitudes alarmistas, pero sí que actuemos informando al centro”.

A pesar de que los centros disponen de mecanismos y herramientas para prevenir e intervenir en casos de acoso, “aún no son suficientes”. Por desgracia, ha continuado, “aún no se da la suficiente importancia a la educación en valores y en emociones, priorizando las competencias académicas”.

Según Piñero, “quizás deberíamos plantearnos que tan importante es aprender a leer o a escribir, como aprender a ser buenas personas”. En relación a esto, ha destacado el importante papel de los psicólogos educativos en los centros, “que trabajan en pro de la convivencia, la cooperación y el buen funcionamiento de la institución”, tanto en lo académico como en otras facetas “igual de importantes”.

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