Jueves, 19 Octubre, 2017

            

El Granada empieza a creérselo

Los jugadores dieron ante el Sevilla la sensación de ser un equipo con todas las letras, un grupo unido, una piña con compromiso e implicación para sacar la temporada adelante

Los jugadores del Granada celebran uno de los tantos ante el Sevilla | Foto: Antonio L. Juárez
Daniel Sánchez-Garrido @Danisgr


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Han pasado casi tres días desde que el Granada se quitó de encima un peso incalculable. Una plantilla desgastada moralmente deambulaba por los campos con un letrero en la frente que rezaba “aún no hemos ganado después de trece jornadas”. Pero eso se acabó. El primer paso fue ganar en una Copa que no importaba a nadie y ahora oposita a convertirse en el partido más importante de la temporada, en el partido que despertó al Granada.

Muy poca gente creía en la plantilla, entre otras cosas, porque sus miembros no demostraban que se pudiera creer en ellos. Ni ellos mismos creían. Eran desconocidos defendiendo un escudo. Al llegar, a casi todos ellos se les presuponía una calidad, que se veía en muy pequeñas píldoras. Algunos, por su lugar de procedencia y tener el cartel de futura promesa: ellos son los Vezo, Gastón Silva, Angban, Samper, Boga, Andreas Pereira o Ezequiel Ponce; otros, por calidad contrastada y experiencia en otras ligas, o incluso en la española: Tito, Saunier, Tabanou, Atzili, Carcela, Kravets o Bueno. Sin embargo, no fue hasta el partido contra el Sevilla cuando se juntaron todos ellos para implicarse por un mismo fin: salvar al Granada. Ya no son desconocidos, sino compañeros. Ahora sí se lo creen.

Lo primero para lograr este objetivo era alcanzar un nivel de autoexigencia mucho mayor del demostrado en fechas anteriores. La calidad individual no vale de nada si no hay amor propio y amor al prójimo. Todos juntos son más fuertes y esto se evidenció ante el Sevilla. El equipo presionó arriba, corriendo todos, desde la gente más ‘vaga’ para defender como Boga o Carcela hasta los infatigables como Uche, Kravets, Samper o Foulquier. Ninguno se escaqueó.

El cambio del sistema, de cinco a cuatro defensas, dio pie a un centro del campo más arropado, con Samper como ancla y Uche y Andreas como interiores más adelantados. Una especie de trivote, ya utilizado por Alcaraz en su antigua etapa con Iturra, Fran Rico y Recio por aquel entonces.

Así, el Granada ganó en consistencia y seguridad. El canterano de La Masía hizo lo que mejor sabe hacer: primer toque, ritmo, rapidez, anticipación. Todo esto fue más fácil gracias a un impresionante Uche Agbo. El nigeriano crece, se ve importante, y a pesar de sus 21 años es de los más veteranos del equipo. Ante el Sevilla, demostró que es más que un físico imponente. Uche sabe correr, conducir y armar peligro. De una carrera llena de fe de él llegó el primer gol rojiblanco.

Al conjunto nazarí se le vio decidido. Estaban ganando y los tres puntos no se podían escapar. Los gestos de los jugadores eran reveladores. En los pequeños detalles también se consiguió el triunfo. La marcha de pesos pesados como Diego Mainz o Fran Rico dejó este verano un vacío en el vestuario que nadie parecía coger. Ante el Sevilla, por primera vez en la temporada, Lombán abrazó el brazalete con todas las consecuencias.

Si Samper iba a protestar al árbitro, el defensa asturiano iba a su acecho, le acariciaba la cabeza y le acompañaba en su protesta. Si el joven Andreas se enfadaba por recibir una patada, Lombán iba allí, lo tranquilizaba y recriminaba al árbitro. Lombán puso ejemplo y, además, salvó un gol y metió otro. El Lombán más capitán contagió a sus demás compañeros, que imponían el colectivo ante todo y todos. Los jugadores rojiblancos, ellos mismos, señalaron cuál es el camino a seguir para sacar la situación adelante. El equipo ya no es colista, ha enganchado dos victorias consecutivas y la permanencia está a cuatro puntos. Hay vida.

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