Martes, 11 de Diciembre de 2018

            

El estrés, el malestar y lo emocional para mejorar

Joan Carles March Cerdà


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Existen evidencias científicas de que el trabajo, el buen trabajo, contribuye poderosamente a la salud y al bienestar de las personas. No hay duda de que, comparados con los desempleados, quienes trabajan gozan en general de un mayor bienestar y de una vida más saludable. 

 

También, el trabajo puede ser nocivo para la salud, seguramente más nocivo para la salud de lo que creemos. Un estudio de investigadores de la Universidad de Harvard y Stanford descubrieron que vivir bajo estrés laboral es igual de dañino que ser un fumador pasivo (y más si tu jefe es tóxico). El estudio publicado por una revista científica evaluó 10 circunstancias que podían generar estrés que afectan a la salud física y mental de los trabajadores; desde un mal ambiente laboral, elemento muy importante y largas jornadas, hasta la falta de conciliación de la vida laboral y familiar. Y aparece el estrés cuando en esas circunstancias negativas no tenemos los elementos ni la capacidad para llevarlo a buen puerto y cambiar la situación. Hay que recordar que el estrés es una respuesta que se pone en marcha, cuando nos encontramos en situaciones amenazantes o en las que consideramos que no tenemos los recursos suficientes para hacerlas frente. Entonces, el estrés que es una emoción, uno de los trastornos emocionales más frecuentes y que provocan más malestar, está provocado por la interpretación que hacemos de algo que ocurre.

 

Algunos factores del entorno laboral son más nocivos que otros. La inseguridad laboral así como una baja justicia organizacional aumentan las probabilidades de tener una mala salud en un 50%. En tanto, un mal equilibrio familia-trabajo es tan dañino para la salud como las largas jornadas en la oficina. Según indica el estudio, los empleados que no pueden pasar tiempo con su familia por sus responsabilidades laborales, o viceversa, tienen una probabilidad 90% mayor de tener una mala salud. Y los estudios han encontrado un mayor riesgo de agotamiento entre los empleados en el sector de la salud y que el Síndrome de Burnout está relacionado de manera negativa con todos los factores de inteligencia emocional, la autoeficacia y el apoyo social percibido. La autoeficacia general y el manejo del estrés actúan como factores protectores contra la probabilidad de agotamiento.

En este entorno, es fundamental trabajar los aspectos emocionales. Disponer de una buena inteligencia emocional ayudará en el futuro a tener una vida mejor, a mejorar las relaciones entre personas, a disminuir el estrés…. De todas formas, la capacidad para trabajar en equipo (70%), para resolver conflictos (57%) y para tomar decisiones (46%) junto a las habilidades emocionales son, hoy en día, las habilidades más valoradas por las empresas y que más ayudan a mejorar el futuro en el trabajo y el clima emocional en un equipo.

 

La solución a este mejor futuro se enmarca en el ámbito del desarrollo de estas habilidades emocionales. Son habilidades que los avances tecnológicos nunca va a dominar. Las habilidades emocionales podrían reforzar, por un lado, trabajos ya existentes y, por otro, configurar nuevas modalidades de empleo. En el trabajo emocional, los sentimientos se integran en las competencias de un profesional, tanto a la hora de gestionar equipos como de atender al público o de asistir a personas enfermas o dependientes. Se aplica para generar cierto estado anímico en el paciente y también para gestionar inquietudes y malestares del propio profesional.

La base de toda esta visión es la empatía. La comprensión sincera del otro permitirá que, ante situaciones de conflicto, el profesional comprenda el fondo que levanta la indignación de una persona y también al contrario ya que si se abre un entendimiento, el paciente empatizará más fácilmente con el profesional.

 

A nivel individual

 

Una buena manera de superar algo es teniendo información al respecto. Pasa lo mismo con las fobias, los miedos o las inseguridades. Hasta que no aprendamos de qué manera se manifiestan en nuestro cuerpo, no podremos eliminar los niveles excesivos de estrés que experimentamos. Existen diversas formas para reducir el estrés:

 

Trata de no exigirte tanto de ti misma, eso reducirá tu ansiedad.

  1. Intenta eliminar de tu vida los aspectos negativos: mantente alejada de esas personas que te sacan de quicio, evita las situaciones frustrantes etc.
  2. Cuando estés estresada, prueba a cambiar tu rutina y no tengas absolutamente todo programado porque, si algo se sale de tus esquemas, te causará aún más estrés.
  3. Date una ducha caliente, imagínate en un lugar relajante, escucha música relajante, lleva un diario que te ayude a reflexionar… Además, las técnicas de relajación pueden ser muy útiles.
  4. Párate un momento y respira profundamente: intenta que tu estómago se mueva más que tu pecho y mientras tomas la respiración, cuenta lentamente hasta 10.
  5. El ejercicio físico y el deporte también son una buena forma de quitarte el estrésporque al practicarlo liberas endorfinas, lo que te provoca placer.
  6. Dedícale algo más de tiempo a lo que te gusta: ir a pasear al campo, leer, ver una película…
  7. Y como en todo, es imprescindible llevar una dieta saludable y dormir lo suficiente.
  8. No consumas alcohol, drogas o mucho café, para no sobreestimular al sistema nervioso.
  9. No tomes decisiones cuando estás en medio de un episodio estresante, porque te arrepentirás o no tendrán el efecto esperado.
  10. Deja de lado el pesimismo, piensa que todos sufrimos estrés en algún momento.
  11. Trata de hacer primero lo importante y después lo urgente, sea en tu trabajo o en tu casa.
  12. Rodéate de personas que te hagan bien y que no “echen leña al fuego” o “coloquen sal en la herida”.
  13. Tómate vacaciones.
  14. Recuerda que la perfección no existe. Mejor dedicarnos a lo que podemos y sabemos hacer, para poder sentirnos orgullosos al respecto.

 

La importancia de las emociones en las organizaciones de futuro. Emoción colectiva

 

En este siglo uno de los grandes retos, es conseguir en nuestras organizaciones, una emoción colectiva que implique pasión, generosidad, ilusión , confianza y altruismo. Todavía nos queda dar el gran paso y empezar a pensar en términos de economía del bien común para que nuestras organizaciones y en definitiva nuestra sociedad sea sostenible y evolucione.

 

Y hablando de emociones, es necesario trabajar el tema del compromiso. El 33 por ciento de los empleados están comprometidos con su trabajo. ¿Qué significa para una empresa tener a la mayoría de sus empleados desconectados? Normalmente, los equipos se desmoronarán a medida que los trabajadores descontentos difunden su inconformidad. Si nadie toma medidas, eso puede llevar a un rendimiento deficiente y una alta tasa de desgaste. Una forma efectiva de volver a encarrilar a los empleados es alentar y compensar una mejor colaboración, actitudes y productividad.

 

Considerar lo que motiva a la gente del equipo es básico. Y descubrir las motivaciones principales de los miembros del equipo no es la única forma de garantizar que la cultura de su empresa sea atractiva. Hace falta generar participación y reconocer lo que aporta cada uno al resultado final. Por tanto, compartir el propósito del trabajo ayudas avanzar. Y es que con demasiada frecuencia, los profesionales no entienden por qué su trabajo es importante. Conectar los puntos de las tareas diarias a los objetivos de la organización hará que el trabajo sea más significativo, lo que contribuye en gran medida a involucrar a los trabajadores. Otra forma de reforzar el compromiso de los trabajadores es darles a los miembros del equipo la oportunidad de aprender nuevas habilidades. Si la gente esté motivada y alineada con la misión de su organización, puede sentarse y observar cómo su equipo hace cosas increíbles.

 

“El peligro no está en que apuntamos demasiado alto y fallamos, sino que apuntamos demasiado bajo y acertamos”,  (Miguel Ángel)

 


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