Martes, 11 de Diciembre de 2018

            

El difícil ‘aquí paz y después gloria’

Sebastián Perez durante la campaña previa al Congreso provincial del PP | Foto: E.P./Contigo Hay Partido
Ramón Ramos


image_print

No habrá ‘gran final’ en el congreso del PP granadino. Doblar el pulso al aparato de un partido, cualquiera que sea, es tarea complicada y Juan García Montero consumió los tiempos de una prolongada fase precongresual a la espera de una llamada que no se produjo. A la vista del indisimulado intervencionismo que el presidente regional del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, mantuvo y mantiene en otras provincias, sorprende la actitud impasible con la que la dirigencia andaluza de los populares ha contemplado sin intervenir ante la inevitabilidad de dos candidaturas en Granada.

Los analistas expertos en ‘popularólogía’ enmarcan la batalla abierta por Juan García Montero en el intento del aspirante por obligar a la dirección regional a bajar a la arena de Granada para forzar un acuerdo de integración, un reparto que marcase el territorio de la presidencia y la Diputación para Sebastián Pérez y resituase en la escena municipal al hombre que ha gestionado la cultura municipal en los últimos trece años.

Pero si ese era el devenir de acontecimientos imaginado por García Montero, los tiempos se han consumido y Moreno Bonilla, tan activo para imponer su autoridad en Córdoba y Jaén, marginando candidatos a la reelección e intervencionista en Sevilla ‘manu militari’ al decretar la suspensión de votaciones, solo apareció por Granada para pasearse entre cofrades con Sebastián Pérez a su lado. Sin que faltasen tampoco las declaraciones de apoyo más o menos veladas o explícitas al candidato a la reelección. ¡Algo tendrá Sebastián cuando lo bendicen desde las alturas!

Sebastián Pérez, así, será presidente del PP granadino por otros cuatro años, lo que completará un ciclo de diecisiete almanaques al frente del partido que representa a la derecha en la provincia. Una victoria arrolladora en la primera vuelta de este sistema que las normas internas del PP establecen convierten el congreso del 20 de mayo en un trámite por lo que respecta a la presidencia provincial, por más que esas mismas normas obliguen a ir a una votación en la que los compromisarios solo tendrán ante sí la opción de un solo candidato o el voto en blanco.

Descartada la sorpresa en la cita de mayo, el 70 por ciento de respaldo obtenido este lunes por Sebastián Pérez invita a reflexionar sobre la dificultad de enfrentar a campo abierto la opción oficialista del ‘aparato’ que en todos los partidos maneja resortes imposibles para el resto de aspirantes. Y, sin embargo, los mil avales reunidos por la candidatura de Juan García Montero y el porcentaje alcanzado en la votación son magnitudes a tener en cuenta.

Las batallas internas, por más que estén reglamentadas en los estatutos de los partidos, suelen abrir unas heridas difíciles de restañar. Cuando las diferencias no son ideológicas y el peso del debate se decanta hacia lo personal, sin apenas percibirse se va elevando el tono y aparecen alusiones que apuntan directas a donde duele con la precisión de quien conoce de cerca las debilidades del contrario. Olvidarlas después para proclamar el ‘aquí paz y después gloria’ lleva un tiempo que a veces retarda o no llega.

Y puede que estemos en un caso así que solo podría traer perjuicios para el propio PP. García Montero es un activo del Partido Popular de Granada. Bastaría comparar las agudas tensiones que el PP mantuvo con el mundo cultural granadino durante el mandato municipal de Díaz Berbel con la prolongada etapa de García Montero cuando los populares recuperaron la planta noble de la Plaza del Carmen: reconocimiento para una gestión que el partido no puede tirar por la borda trece años después.

A Pérez lo avalan los números: en la cita electoral del 20-D, en 2015, la diferencia en votos con el PSOE se había reducido a la mínima. Tres meses después vivió la convulsión de la ‘operación nazarí’ y el bagaje negativo de entregar tres cabezas a cambio de nada en el intento vano de salvar la alcaldía. Pero en junio de 2016 la diferencia con el PSOE, su competidor electoral en la provincia, se había ampliado a 20.000. Como dice el renovado presidente provincial, “a los entrenadores no los echan cuando van ganando”. Bien. Pero, por las mismas, la gestión de García Montero en el Ayuntamiento es patrimonio del PP. Mal harían el partido y sus dirigentes si dilapidan el buen hacer y la ambición -en el mejor sentido de la palabra- de un político todavía joven y contrastado.


Comments

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.