Lunes, 10 de Diciembre de 2018

            

‘El condenado por desconfiado’, de Tirso Molina, llega a Granada

La puesta en escena conmemora los primeros 25 años de existencia de la compañía teatral Mira de Amescua

Imagen del cartel de la obra | Foto: Gabinete
Gabinete


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La compañía teatral Mira de Amescua interpretará en Granada la obra “El condenado por desconfiado”, de Tirso de Molina. Lo hará en el Teatro Isabel la Católica, situado en la calle Acera del Casino, sin número, el domingo 7 de enero de 2018 a las 19:00 horas.

La puesta en escena conmemora los primeros 25 años de existencia de esta compañía de teatro accitana, cuya intención siempre ha sido escenificar autos sacramentales y obras del siglo de oro español, y al mismo tiempo servirá como acto de Hermanamiento entre dicha compañía y el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada.

Ambas entidades colaborarán para la difusión de los autos sacramentales, un género teatral que, según afirman en una nota de prensa, “ha superado prohibiciones, censuras y olvidos a lo largo de casi cuatro siglos, demostrando su perenne vitalidad y su universalidad”. En este sentido, el Centro Artístico de Granada, tal y como apunta en dicha nota, “quiere continuar una primera iniciativa que ya tuvo en 1927 para la recuperación de los Autos Sacramentales, tras tres siglos de prohibición en España”.

Los autos sacramentales nacieron como representaciones dramáticas de carácter alegórico, referentes al misterio de la Eucaristía que tenían su escenificación fundamental en la festividad del Corpus, y frecuentemente en los atrios y portadas de las iglesias. Más adelante, el género del auto sacramental adquiere, según explican, en manos de Calderón “la perfección definitiva, y sus obras han sido las más escenificadas,aunque tampoco han faltado los de Lope de Vega y más esporádicamente los de otros autores”. “Los autos eran diferentes cada año, encargados a los poetas más famosos, representados por los mejores actores y con el mayor lujo posible de atuendos y escenificación” explican, y añaden que “fueron prohibidos en 1765 por no adaptarse a las exigencias doctrinales de la Iglesia Católica y por ser supuestamente contrarios a las buenas costumbres”. Hoy sin embargo, apuntan que se consideran “auténticas joyas literarias, que Alberti, Miguel Hernández o Torrente Ballester han utilizado, incluso desacralizando el género, pues incitan a la reflexión, a la crítica y al debate”. “En definitiva, por su tensión dramática y su implicación filosófica, es teatro en estado puro”, sentencian.


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