Domingo, 28 Mayo, 2017

El cólico nefrítico, doloroso como un parto

Es la tercera patología urológica más frecuente tras las infecciones urinarias y el cáncer. Hasta entre un 10% y un 15% de la población podría padecerlas. Es más común en varones, en una proporción de 3 a 1, y en la raza blanca, particularmente en individuos asiáticos e hindúes



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Según explica a Infosalus el doctor Luis Resel, especialista en litiasis, endourología y suelo pélvico del Hospital Universitario Clínico San Carlos de la Comunidad de Madrid, las piedras renales consisten en la sedimentación de determinadas sustancias que constituyen un núcleo que posteriormente cristaliza formando “Contra las piedras renales, más agua y más ejercicio” cálculos.

Las piedras renales pueden estar compuestas por oxalato y fosfato cálcico, presentes en un 85% de los casos, ácido úrico, estruvita, cistina o xantina. Sus causas son también múltiples, a los factores genéticos se unen los ambientales, dietéticos, alteraciones metabólicas y renales. Un bajo consumo de agua, la vida sedentaria o alteraciones metabólicas que afectan al calcio, el fosfato o el citrato sientan las bases para el desarrollo de las piedras renales.

En su origen puede existir también un hiperparatiroidismo, que produzca un aumento de la hormona que controla los niveles de calcio, fósforo y vitamina D en la sangre y los huesos. Un recambio óseo elevado, una producción alta de calcio eliminado por la orina o un déficit de vitamina D también podrían ocasionarlas.

Si las piedras no pueden expulsarse de forma natural dan lugar a un cólico renal. “Cuando la litiasis sale del riñón puede quedar atrapada en el uréter, lo que condiciona una obstrucción que dilata al riñón en su esfuerzo de expulsar el cálculo, provocando el dolor típico en la fosa lumbar que se irradia a la fosa inguinal”, señala el doctor Resel.

Los pacientes suelen acudir a urgencias por este intenso dolor pero también pueden detectarse las piedras en una exploración de imagen de rutina o sospecharse ante infecciones de orina repetidas, aclara el especialista.

CÓLICO NEFRÍTICO: UN DOLOR QUE NO SE OLVIDA

Las mujeres que han padecido un cólico dicen que el dolor es peor que el de un parto, el paciente es incapaz de estarse quieto, el dolor es  muy intenso, continuo y no mejora al cambiar de postura. Se da en la zona alta de la espalda y no más cerca de la cadera como suele creerse, irradia hacia la vejiga, puede llegar a ocasionar nauseas y vómitos, aumentar la frecuencia miccional y dar lugar a una orina más oscura.

Estos dolores pueden tener una duración muy variable dependiendo de si se consigue expulsar la piedra o no. Se recomienda el tratamiento mediante antiinflamatorios no esteroideos, que ayudan a reducir la inflamación del urotelio que rodea a la piedra, y alfa-bloqueantes, que relajan la musculatura lisa ureteral. “No se recomienda administrar buscapina ya que es un espasmolítico que dificulta el mecanismo fisiológico de expulsión”, señala Resel.

Según sea el tamaño de la piedra y su ubicación, los especialistas estiman que la expulsión puede resolverse en un menor o mayor tiempo. Casi un 90% de las piedras de oxalato o fosfato cálcico pueden observarse en una placa de abdomen y localizarse más cerca del riñón, uréter o la vejiga, la piedra no puede medir más de 7-8 milímetros para ser expulsada espontáneamente.</p>

En este tiempo se recomienda a los pacientes que cuando orinen lo hagan en un recipiente, al ser estas piedras tan pequeñas (casi como un grano de pimienta) la expulsión puede pasar desapercibida. Recuperar la piedra permite no sólo tener certeza de la expulsión sino tener además la posibilidad de analizarla y conocer su composición para hacer los ajustes correspondientes en la dieta.</p>

En el caso de piedras de ácido úrico, presentes en un 8% al 10% de los casos y radiotransparentes (no se detectan con radiografía sino con ecografía y el TAC), lo esencial para su disolución es elevar el pH ácido de la orina de 5,5 a uno básico superior a 7,5 mediante citrato potásico, bicarbonato sódico o fitatos, aunque si existe hipertensión hay que tener cuidado con las sales.

“Si el dolor no se calma con la terapia habitual, existe fiebre o se ha producido una obstrucción que produce una infección renal es necesario realizar un cateterismo mediante colocación de doble jota en el quirófano de Urgencias; si se produce una insuficiencia renal derivada del cólico o bien si existe una alteración anatómica, hay que cateterizar también”, explica el doctor Resel.

Si el paciente no ha expulsado la piedra tras un mes con tratamiento farmacológico adecuado se recomienda tratar mediante litotricia extracorpórea mediante ondas de choque (LEOC) o cirugía.

EXTRAER CON INTERVENCIÓN LAS PIEDRAS RENALES

Dependiendo de la altura a la que se sitúa la piedra y su tamaño el doctor Resel apunta que existen diversas opciones:

Ureterorrenoscopia: se realiza si la piedra está localizada en la mitad inferior del uréter, aunque la tecnología disponible también permite abordar las piedras en la primera mitad del uréter e incluso dentro del riñón. Consiste en insertar un instrumento rígido dentro del uréter a través de la uretra para extraer directamente la piedra con una pinza o bien fragmentarla con láser con el mismo objetivo.

Litroticia extracorpórea con ondas de choque: se recomienda especialmente para las piedras localizadas en el riñón y primera mitad del uréter aunque también puede resolver litiasis mas dístales. Dado que los ultrasonidos sólo se pueden transmitir a través del agua, el electrodo se sitúa en un compartimento estanco que se llena de líquido y que se coloca en contacto directo con la piel del paciente. Es el tratamiento de primera elección en las litiasis menores de 2 centímetros.

Cirugía percutánea: se realiza cuando las piedras son de más de 2 centímetros. La técnica consiste en acceder al interior del riñón a través de la piel mediante un instrumental que fragmenta la piedra con litotricia ‘in situ’ y la extrae con pinzas o cestillas. En la mayoría de países se realiza con el paciente boca abajo, sólo en un 20% del mundo se realiza con el paciente boca arriba, una posición desarrollada por los doctores J.G. Valdivia y G. Ibarluzea, urólogos de reconocido prestigio en España.

La técnica permite la eliminación las litiasis a través de la uretra y de la piel, un abordaje muy útil cuando existen piedras en distintas localizaciones y que mejora la atención anestésica. Debido a su complejidad sólo se puede realizar en centros de referencia que cuentan con un Servicio de Radiología Vascular Intervencionista.

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