Sábado, 18 Agosto, 2018

            

Dos ejemplos del (acertado y erróneo) uso de las redes sociales

David Barral, durante un partido esta temporada | Foto: Antonio L. Juárez
Rubén Cañizares | @Ruben_Canizares


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El punto del pasado sábado fue un duro golpe (otro más) en el ánimo del hincha rojiblanco, hundido tras este inicio de temporada desolador que señala de manera transparente el camino hacia Segunda, aunque solo se lleven disputadas nueve jornadas. Tras el doloroso 7-1 encajado en el Vicente Calderón, Lucas Alcaraz tenía una oportunidad de oro para estrenarse en Los Cármenes logrando la primera victoria del Granada en lo que va de curso. Pero el equipo fue, de nuevo, un conjunto sin alma. Empate y gracias, porque en el minuto 93 el Sporting perdonó un claro remate a bocajarro para haberse llevado el triunfo de tierras nazaríes.

Así que con tres tristes puntos en la clasificación y con cero victorias en el casillero, el Granada ya ve la la permanencia a cinco de distancia y el sábado se mide al Barcelona en el Camp Nou. El panorama es deprimente, pero lo que nunca se puede hacer es arrojar la toalla. Los andaluces han vivido al filo del precipicio durante estas cinco temporadas que acumula en Primera. Cierto es que nunca antes se había asomado al vacío tan pronto y tan peligrosamente como ahora, pero quién sabe qué puede pasar de aquí a mayo. Por eso me gustó mucho el tuit de Alcaraz del domingo, una vez reposado el disgusto contra el Sporting. Darse por vencido, por muy complicada que sea la situación, no entra en el guión.

«Sabemos que es imposible devolveros todo lo que nos dais pero trabajaremos con todas nuestras fuerzas para conseguir el objetivo. GRACIAS!!!», escribía el técnico granadino en la red social, a la vez que acompañaba su reflexión con dos fotos de la afición rojiblanca. Su mensaje contrasta con el que ha hecho público Barral este lunes: «Aunque juego menos que el tercer portero de Óliver y Benji no pierdo la sonrisa». El entrenador prioriza el colectivo y se acuerda de la afición que sufre y llora con su amado equipo. El delantero, ajeno al desazón de la parroquia, se dedica a tomarse a guasa su suplencia. Para nada sorprende que sea carne de banquillo a tenor de lo que le preocupa que el Granada sea colista. Dos ejemplos claros del (acertado y erróneo) uso de las redes sociales.

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